Por Cecilia Amadeo
Las ferias de compraventa se convirtieron en un recurso más para conseguir buena indumentaria por precios más bajos. También se consiguen objetos raros.
Opción cool de la clase media
Cool, vintage, retro... Ahorro, oportunidad, rarezas... Varias son las palabras que definen a las ferias de ropa usada, una tendencia que viene creciendo en los últimos tiempos, en especial cuando los sueldos no acompañan a la inflación y vestirse y llegar a fin de mes se vuelven conceptos incompatibles.
Al menos así lo definen las Locas del Ropero, dos amigas y socias que el fin de semana pasado organizaron una feria tipo americana en la que por $5 se podían comprar desde bijouterie y artesanías hasta abrigos, zapatos, camisas y remeras. A la lista de objetos usados se sumaron artículos regionales, lámparas y objetos de diseño. Es que estos nuevos espacios tienen la capacidad de combinar el tapado de la abuela con un duende de tul hecho por una artesana y costurera.
“La gente busca cosas diferentes o de estilos retro, que no se consiguen en ningún lado. También se buscan cosas de calidad, porque la ropa de antes no es como la de ahora. Y también hay gente que busca precios, que busca ahorrar”, explica Ana Alé, una profesora de plástica dueña de un jardín de infantes que, aprovechando el receso escolar de invierno, dispuso parte de sus instalaciones para realizar la venta.
Una de las mayores atracciones de estas ferias es la ropa intervenida. Manos laboriosas e ingeniosas pintan, bordan, tiñen, cosen o descosen –según la ocasión– ropa y zapatos usados, dándoles un aire nuevo. Así, se consiguen sandalias por $10 o $20, remeras por $5 o $10 y camisolas por $10 o $15, todos con una vuelta de originalidad que sería la envidia de más de un diseñador.
Alé cuenta que Jazmín Navarro, la “interventora” de la ropa, se nutre de ropa regalada, comprada en otras ferias americanas o rebuscada “del baúl de la abuela”.
Otro de los atractivos de estas ferias son las cosas importadas o de marcas raras o vintage, las cuales tienen su público específico, y objetos de diseño, como lámparas, artículos de bazar, cuadros, piezas de telar y esculturas.
Fabiola, una de las asistentes a la feria, dijo a UNO: “Me pareció una buena idea, sobre todo porque en esta temporada no me pude comprar ropa. Fui con expectativa sólo de mirar y me terminé llevando varias prendas; entre otras cosas, una campera casi nueva por $40. En total gasté $100. Creo que en la próxima también voy a vender la ropa que ya no use”.
La mujer deberá esperar hasta la primavera, porque las Locas del Ropero han prometido que el siguiente encuentro será en setiembre y con propuestas para la próxima temporada.