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Tiene 48 años y hace 20 años cambió el trabajo de la cosecha por el de cuidador de autos. Es uno de los que hoy se manifestó en contra de la idea del intendente Víctor Fayad de sacarlos de la calle.

Miguel Ángel, cuidacoches de la Arístides: "Los comerciantes no van a querer que me vaya"

Miguel Ángel Britos tiene 48 años y desde hace 20 trabaja como cuidacoches informal en laArístides. Es de San MartÍn, de la localidad de California, pero vive en Godoy Cruz. "No creo que

los comerciantes quieran que me vaya", aseguro respecto a la idea del intendente Víctor Fayad dereubicar a estos trabajadores en algun plan oficial para que dejen de vigilar autos en la calle.
Durante muchos años trabajó en la cosecha junto a su familia y sus 9 hermanos.Pero lasextremas condiciones de pobreza, un padre ausente y una familia numerosa obligaron a Miguel Ángel adejar su pueblo natal para buscar mejor suerte en el Gran Mendoza. "No se ganaba bien en la cosecha, así que me vine para acá. Hace 20 años que estoy en la Arístides y vivo de eso. Soy solo, vivo con un amigo al que le ayudo a pagar el gas y losimpuestos, no me alcanza para pagar un alquiler", contó a diariouno.com.ar Todos los días Britos deja su pequeña casa del barrio Los Barrancos de Godoy Cruz para ir ala Arístides. Sus compañeros lo señalan como uno de los más antiguos y varios de ellos le agradecenhaberlos iniciado en esta actividad. Trabaja de lunes a sábados y recauda, con la colaboración dela gente, entre 30 y 40 pesos por día. No está casado ni tiene hijos, por lo que los cerca de milpesos que "levanta" al mes le alcanzan para tener un plato de comida y ayudar con los gastos de lacasa. Miguel Ángel es, a simple vista, un hombre sencillo, de pocas palabras y con cierta tristezaen sus ojos. A diferencia de sus colegas, no levanta la voz, no se exalta ni descarga bronca contralos micrófonos de la prensa. Miguel Ángel solo quiere seguir trabajando como lo viene haciendodesde hace 20 años. "Sé que los locales de la cuadra no van a estar de acuerdo con que me vaya, hace muchos años que estoy ahí, me conocen y confían en mi", dice un hombre de pocas palabras. Tiene casi 50 años, no fue a la escuela y su vida la pasó entre la cosecha y cuidar autos. Sufuturo es para él ahora es incierto. "Si me sacan esto me quedo sin nada, no se consigue laburo".

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