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VIÑA DEL MAR– Transitando por las calles cercanas a la costa de Reñaca, un mediodía como cualquiera, el olor a aceite friéndose después de varias horas y la congestión de personas en algunos sectores de la calle apuran una conclusión: los mendocinos, sobre todo los más jóvenes, no quieren invertir mucho dinero ni tiempo para cubrir su almuerzo. Por eso es que abunda el consumo de comida chatarra en la hora más soleada del día, aunque también al regreso del boliche, aunque ésa es otra postal de las vacaciones.
La “dieta basura” –llamada así por su gran contenido de grasas– genera ventas en los pequeños locales que –uno detrás del otro en la avenida Borgoño, transitando por Bellavista– se llenan de mendocinos que diariamente degustan las minutas de parados.
Hasta aproximadamente 1.000 empanadas fritas rellenas con distintos tipos de mariscos y queso , típicas de las vacaciones en Chile, son demandadas en cada uno de los tres locales más concurridos que se dedican a elaborarlas, según contaron sus propios dueños.
Si uno, en cambio, se detiene en la venta de panchos completos (los clásicos con mayonesa y palta o “palta mayo”), la cuenta indica que son 1.500 los que se comen por día los mendocinos y otros turistas que llegan, por ejemplo, hasta el Obelisco Completo, el local de comidas rápidas en el que no es raro encontrar una larga fila de veraneantes esperando por su ración. Las razones, según los consumidores, son éstas: “Tardás menos y gastás poco”.
“Con $11 podés estar listo para ir directo a la playa (que queda enfrente de esos locales)”, comenta, mientras saborea una empanada de loco, Nacho Nasif, quien –pese a la cuenta que saca por el consumo de una unidad– tiene otras tres esperándolo para ser degustadas (se gasta en total $44, más $15 de la Coca Cola de 1,5 litros, para él y sus amigos).
Atentos a este ejemplo, si la persona que pasa sus vacaciones en esta ciudad balnearia agudiza la vista y el olfato, podrá encontrar menús también típicos, algo menos calóricos y que no representan una diferencia de precios abismal con respecto a las opciones exprés.
Al lado de donde los mendocinos suelen hacer una larga fila para esperar su comida, un restorán de mediana categoría exhibe un cartel con la siguiente propuesta: por $39 consomé de mariscos, una ensalada surtida y una reineta –pescado de las costas del Pacífico– o un filet de pollo a la plancha, a lo que por último se le añadía una porción de arroz, puré o papas fritas. En el mismo espacio ofrecían acompañarlo por una bebida de $8, lo cual, si se suma, supera sólo en unos pocos pesos a la opción elegida por los ansiosos de tirarse en la arena en la peor hora del sol.
“Creo que el problema es que todos quieren disparar a la playa, porque si buscás, encontrás comida buena y barata. Comí salmón con agregados y ensalada por $35 en Concón. Acá nos ofrecen un menú de $29, sin bebida, que consta de pollo asado con ensalada y primer plato”, señaló Nené de Baistrochi, una sanjuanina que junto a un grupo de amigas buscaba un lugar en donde almorzar.
“No retocamos los valores de la comida desde diciembre”, aclaró Pedro López, del local 7x7, que vende empanadas fritas, si bien otros comercios sí especulan con la ola de veraneantes y remarcan el valor de los productos que ofrecen a comienzos de temporada. Para sumar al terror de los cálculos de la dieta hipercalórica basta mencionar que, según contó López, se utiliza una paila de seis litros de aceite por día para la cocción de las masas rellenas.
Hay un detalle que influye en la decisión de comprarlas: su elaboración no demora más de tres minutos, que es lo que tardará el cliente en llevarla siempre que la suerte esté de su lado y no haya aglomeración al momento en que decide almorzar.
Estadía de consumo graso
McDonald’s y Burguer King se suman indistintamente a la lista de preferencias de los adolescentes (sobre todo al regreso de la ronda nocturna), pero también de las familias. Almorzar allí una Big Mac cuesta $11 y un combo, de $27 a $34, lo cual es casi igual al precio mendocino. “No siempre, pero día por medio comemos una hamburguesa, sobre todo porque nos levantamos tarde y queremos irnos a la playa. Si no hacemos esto, optamos por fideos y arroz”, contó Ignacio Giménez mientras consumía algo en McDonald’s.



