Las amplias playas de Maitencillo permiten que los mendocinos que vacacionen allí tengan más intimidad que en Reñaca. El lugar es perfecto para desenchufarse de la vorágine que impone la rutina diaria.
Muchos prefieren cambiar una jornada de bronceado por una mañana de surf. Otros hacen kayak o andan en bicicleta y los más audaces se animan al parapentes.
Muchas mujeres eligieron elegantes sombreros para cubrirse del sol. Las más jovencitas diminutas tangas y muy pocos hombres se atrevieron a lucir una zunga.
Producción periodística: Gema Gallardo



