Por Analia Boggia
El PJ, el PD y la UCR encontraron la manera de acomodar a “su gente” en prosecretarías, en donde mezclan tareas administrativas y políticas. Cobran sueldos superiores a los $8.000 y su presencia enoja a los empleados que se ocupan de las cu
Los partidos reciclaron en la Legislatura a los dirigentes que se quedaron sin bancas
Cumplir mandato en una banca no necesariamente significa dejar de trabajar en la Legislatura. El PJ, la UCR y el PD encontraron la manera de acomodar a ex legisladores en las prosecretarías de los bloques de ambas cámaras, espacios en donde mezclan tareas administrativas y políticas, pero con perfil bajo.
El malargüino Raúl Rodríguez, quien dejó de ser diputado en noviembre pasado, es quien maneja la bancada oficialista en la Cámara Baja, mientras que el rivadaviense Héctor Churrero Gómez, quien dejó su lugar en el Senado también a fines de 2011, es quien debe coordinar las actividades del justicialismo en la Cámara Alta. Rodríguez fue intendente de Malargüe hasta 2007, cuando desembarcó en la Legislatura como hombre cercano al entonces gobernador Jaque.
Ahora que ya cumplió su mandato fue cobijado por la presidencia de Diputados, que conduce Jorge Tanús, a pesar de que en las últimas elecciones presentó una lista municipal para pelearle poder al actual jefe comunal, Juan Agulles.
Héctor Gómez cumple funciones políticas dentro del bloque y en relación con el partido y la oposición desde en la Prosecretaría de la bancada del PJ en el Senado.
Pero el radicalismo no se quedó atrás y nombró a Leopoldo Cairone, quien cumplió su mandato como senador a fines de 2009, al frente de la prosecretaría del bloque en la misma cámara que Gómez.
Sin embargo, la UCR no es el único espacio de la oposición que decidió reinventar a uno de sus ex legisladores en alguna asesoría. Roberto Blanco es el prosecretario de la bancada unipersonal del PJ Federal en Diputados, que integra sólo Daniel Cassia.
Pero hasta el PD dejó de lado su discurso de institucionalidad y le dio refugio en la Legislatura a otro “desclasado”. El ex senador Roberto Ajo es el prosecretario del bloque de senadores y además fue uno de los despedidos por Omar Parisi en 2011, después de que aprovechara la ausencia del intendente de Luján para firmar una resolución e intentar adelantar las elecciones en ese municipio. Aquella maniobra, realizada en sintonía con su jefe político, Omar De Marchi, quien quería arrebatarle la intendencia a Parisi, le costó a Ajo el cargo en la Comuna lujanina y terminó desembarcando en la Casa de las Leyes.
Otro de los que se reciclaron fue Ricardo Bermejillo, principal asesor del Eje Peronista en el Senado. El ex legislador, vinculado a la fallida concertación cobista-kirchnerista, es consultor de la bancada que le responde a los Félix.
Si bien ninguno de los ex legisladores nombrados en las prosecretarías incurrió en conductas ilegales, esta especie de “reinvención” es mirada con malos ojos por el resto de los asesores y colaboradores de los diputados y los senadores. Debe ser porque un prosecretario de bloque cobra más de $8.000, después de haber percibido –durante al menos un período de cuatro años– sueldo y dieta como legislador.


