Las personalidades del 2010 elegidas por Diario UNO representan logros admirados por el mundo, pero también trabajo para la propia comunidad. Y un conmovedor ejemplo de amor por un hijo. Video.

Los mendocinos del año

Por UNO

En principio podría resultar difícil de creer que sea en Mendoza donde habitan, o de donde surgen,algunas de las mejores expresiones de una actividad cualquiera. El mundo es ancho y amplio, y

siempre lo mejor –según suele dictar nuestra falta de confianza– deberá venir de afuera. Pues no es

así.

Y una manera sencilla y ya tradicional de comprobarlo es la imagen con la que Diario UNO

retrata, año tras año, a las personalidades más reconocidas de Mendoza.

Nunca es ocioso preguntarse qué significa ser las personas más importantes de cada año.

¿Representa que se destacaron por popularidad? ¿Que lo hicieron mediante logros individuales? ¿Que

se inscribieron en la historia? ¿Que fueron miradas por los ojos del planeta? ¿Que volcaron su

saber hacia dentro de las fronteras de su propia tierra? Pues hay que decir que, precisamente, esta

imagen y estas páginas reúnen a un grupo de habitantes de nuestra tierra que permiten responder

afirmativamente todas esas preguntas.

Por ejemplo, tenemos entre los mendocinos del año a campeones mundiales de box. Cada uno en

su peso, Yésica Marcos, Juan Carlos Reveco y Jonathan Barros llegaron a la cima de la consideración

mundial en una disciplina que tiene a Mendoza como una cantera envidiable de deportistas.

Se trata de un deporte popular, como decíamos, y con antecedentes ya notables (el de Nicolino

Locche es el más representativo). Pero este año ha permitido notar que hay mucho más que

expresiones deportivas para imponerse entre lo más destacado, más allá de las fronteras

provinciales.

Y un caso claro es el de Graciana Galiana y Gerardo Castorino. En octubre, ambos estudiantes

obtuvieron los puestos primero y segundo, respectivamente, en la XIX Olimpíada Nacional de

Estudiantes de Medicina de las Universidades Nacionales, superando a compañeros de Córdoba,

Rosario, Tucumán, La Rioja y Comahue.

Un caso análogo, pero en el que median largos años de experiencia con los anteriores, es el

del doctor Cristóbal Parra, verdadera eminencia, quien en este 2010 fue declarado Maestro de la

Dermatología Argentina. O, más claramente aún, el caso de Jorge Ricardo Ponte, arquitecto becado

nada menos que por la prestigiosa Fundación John Simon Guggenheim, de Nueva York. Ponte, cuyo

apellido parece una reverencia a su profesión, se unió así al selecto grupo de ganadores de esa

beca, entre los que están Octavio Paz, Noam Chomsky, Robert De Niro, Al Pacino, Vladimir Nabokov y

Juan Rulfo, entre otros. Para demostrar su grandeza, el arquitecto usará los 40.000 dólares de la

beca para viajar por diversos países de América y explorar los rastros de culturas indígenas antes

de la llegada de los españoles.

Pero no sólo refleja nuestra fotografía de portada a los mendocinos que dieron que hablar

fuera de Mendoza, sino a aquellos que hicieron y siguen haciendo mucho "puertas adentro". El arte,

en este sentido, ha hecho mucho. Porque, mientras entre nuestras personalidades figuran Cristian

Soloa (representó a Mendoza en el Festival de la Canción de Viña del Mar) y Gaspar Gómez

(realizador cuya película Road July viajó en nombre de nuestra provincia al Festival de Mar del

Plata), hubo un artista cuya grandeza se volcó hacia la comunidad local: Ernesto Suárez. Él abrió,

por fin, su sala propia en Mendoza y además reunió por primera vez en una sola obra (Tartufo) a los

actores más destacados de Mendoza.

Trabajar para los propios mendocinos, en su tierra y con grandes proyectos, es un hecho que

se refleja tanto en los políticos elegidos como en el odontólogo Diego Ferrari o el cardiocirujano

Claudio Burgos, y también en un productor como Gabriel Canci, quien desde el pleno centro de la

ciudad es capaz de producir un desfile de modas de nivel internacional.

El final merece quizá que nos detengamos en lo que hizo una simple familia mendocina: la de

los Pacheco. Ellos adoptaron a Rosalindha, una niña haitiana que estuvo a punto de ser arrebatada

por el terremoto que padeció su país de origen, primero, y por la burocracia, después. Es un

esfuerzo casi heroico y pulsado por el amor a un hijo. ¿Hay acaso un ejemplo más notable de lo que

puede enorgullecernos como mendocinos?