Aquí se registran 8,61 casos cada 100.000 habitantes, mientras que en la Nación la cifra es de 7,85, según datos del 2008. Crece la preocupación por sitios web que incentivan esas prácticas.

Las estadísticas revelaron que Mendoza tiene más suicidios que la media nacional

Por UNO

La historia del joven de Guaymallén que se quitó la vida siguiendo instrucciones del macabro choking game que vio en internet, reveló una realidad más profunda sobre el suicidio. Si

bien las estadísticas locales se mantienen desde hace por lo menos tres años en esos valores,

Mendoza supera a la Nación en tasas de suicidio. En suelo mendocino hay 8,61 casos por cada 100.000

habitantes, mientras que en la Nación hay 7,85 casos por cada 100.000 habitantes, según datos del

2008.

Ese año hubo 149 personas que decidieron terminar con su vida, de las cuales 30 tenían entre

15 y 24 años, tal como ya se ha consignado en otras ediciones de Diario UNO.

"El número total de suicidios se mantiene estable desde hace más o menos tres años, pero lo

preocupante es que en el mismo lapso han aumentado los casos entre los más jóvenes, al mismo tiempo

que descienden los de la tercera edad", explicó Pedro Piemontesi, coordinador del Servicio de

Asistencia Telefónica en Crisis (SATEC), de la Dirección de Salud Mental.

Pero a la hora de hablar sobre las formas de prevención, especialmente vinculadas con los

juegos o sitios de internet que incentivan prácticas suicidas, las autoridades no parecen tener

respuestas.

En la Dirección General de Escuelas (DGE) informaron que por ahora no tienen previsto

instalar un tema tan delicado como el del suicidio en los colegios (ver aparte). En tanto, en la

Dirección de Salud Mental aseguraron que "no es mucho lo que puede hacer el área sanitaria para

controlar este tipo de conductas".

Enfrentar el problema

¿Cuál es la salida entonces? Los especialistas apuntan que "son los adultos quienes deben

acercarse al mundo paralelo en el cual viven los más jóvenes, porque son más vulnerables", tal como

indicó el docente Raúl Tonelli, quien da clases de nuevas tecnologías en la Universidad Tecnológica

Nacional (UTN) y tiene experiencia en educación media.

Mientras, Piemontesi evaluó: "Siempre que se produce un suicidio hay factores predisponentes

y factores desencadenantes, y en los más jóvenes, uno de los factores desencadenantes termina

siendo la presión del grupo, que funciona como un estímulo".

El psicólogo especialista en suicidiología infantil apuntó a la educación como el factor más

importante para revertir el estímulo negativo que pueden significar algunos contenidos de las redes

sociales y la web.

"Lo primordial es apuntar a la comunicación, porque es la salida más importante para saber

qué le pasa a un chico, que pueda hablar de sus preocupaciones, y que sirva para que el chico esté

contenido", afirmó Piemontesi.

De todas maneras, uno de los obstáculos fundamentales para enfrentar el problema tanto en

las escuelas como en la familia es que sigue siendo tabú, afirmó Alberto Navarro, director de Salud

Mental. "Lo que no se habla se potencia", remarcó.

El médico sugirió que son los adultos quienes tienen que "poner más atención a los cambios

de conducta, las modificaciones en las actitudes, el aislamiento extremo y los mensajes que muchas

veces envía una persona que analiza el suicidio como posibilidad".

Acercarse a otra realidad

Uno de los problemas que señalan los adultos es la lejanía que muchas veces tienen con la

realidad de los más jóvenes.

Tonelli opinó: "Ya no estamos ante una brecha generacional, sino ante un abismo, porque los

parámetros que tenemos los más grandes no tienen punto de comparación con los que tienen los

adolescentes".

En ese sentido, el docente esbozó que "el mundo paralelo que han creado los chicos lo han

hecho en absoluta soledad,y, dentro de esa realidad, los adultos no han aportado nada".

Lejos de apostar a la prohibición, Tonelli cree que alentar la libertad de creación y de

pensamiento de los más chicos es la mejor forma de acompañarlos.

"Si hoy prohibimos las redes sociales, como Facebook o Twitter, el problema no va a

desaparecer. Hay que mostrarles a los adolescentes que existe una realidad diferente, pero no

negársela", aseguró el docente.

Y agregó: "Hay que acompañarlos y guiarlos para que entiendan qué está bien y qué está mal,

y cómo pedir ayuda cuando algo los desborda".