Basta sentarse un rato en cualquier café céntrico del Gran Mendoza para ver una costumbre cada vezmás repetida: hablar por teléfono y manejar un vehículo a la vez. "Todos usan el telefono mientras
intentan dominar el volante", señaló el titular de Seguridad Vial, Oscar Hómola.
Luego analizó las cifras de sanciones por esta falta que, hay que recordarlo, estáconsiderada como grave y se castiga con una multa de $1.550. "Las 1.790 actas labradas hasta el 29de octubre son pocas si se comparan con lo que realmente uno ve en las calles. Pero no es fácilsorprender al conductor y que éste reconozca su accionar", subrayó. Nadie reconoce que manipula su teléfono móvil cuando es sorprendido por un agente de tránsitoprovincial. "Esto no sucede con otras infracciones como no llevar el cinturón de seguridad, pasarun semáforo en rojo o el exceso de velocidad. Es notable la cantidad de descargos que presentan lossancionados por operar su celular mientras están al mando de un auto. Por cada multa hay,prácticamente, un descargo", resumió Hómola. Cualquiera sabe que los teléfonos registran todo tipo de datos relativos a las llamadas.Entre ellas el tiempo durante el cual se estuvo usando. Esto sería suficiente para comprobar siexistió la comunicación cuando el agente vial lo señaló. Sin embargo, es imposible que un policía acceda al teléfono. "No puede secuestrarlo y deberíatener la orden de un juez para hacerlo", dijo el titular de Seguridad Vial. Por lo tanto resultafácil para el conductor negar la falta que cometió. "O bien, en el descargo, presenta un testigoque asegure que la falta no existió y termina logrando al menos una rebaja en el importe de lasanción", agregó Hómola.


