La famosa heladera solidaria que funcionaba en la vereda del instituto de gastronomía Arrayanes (Tiburcio Benegas 748, Quinta Sección), dejó de funcionar debido a los desmanes provocados por la gran demanda que había de alimentos. El proyecto inicial, que no duró un año, era dar de comer a personas en situación de calle, pero de a poco se fueron sumando grupos que no tenían estas características, como cuidacoches (que perciben un dinero por sus servicios) y que además dejaban sucias las veredas, lo que provocó el enojo de los vecinos de la zona. La iniciativa inicial surgió en Tucumán de la mano de tres restoranes que tuvieron la idea de no tirar la comida que sobraba, sino colocarla en un refrigerador al alcance de aquellos que no pueden pagar una porción. Así la propuesta llegó a Mendoza y a 21 provincias más. Paralelamente, el año pasado funcionaba en Buenos Aires, en Plaza de Mayo, un perchero social, propuesta que consistía en dejar ropa que no se utilizaba y donarla para los necesitados."La heladera solidaria dejó de cumplir con el objetivo principal, que era ayudar a un segmento de los ciudadanos. Venía mucha gente y no podíamos controlar quiénes eran, por eso la situación nos superó y como no se cumplía con el fin que queríamos, la retiramos", explicó Kove Mulleady, del departamento de Prácticas Profesionalizantes y Pasantías del instituto Arrayanes.Los directivos de la institución, que forma profesionales en gastronomía, lamentaron tener que retirar el artefacto eléctrico, pero dijeron: "Ya era imposible de sostener porque comenzamos a tener problemas de inseguridad, ya que a veces algunos venían a pedir comida, pero de una forma poco adecuada", explicó la directiva.Básicamente, los que comenzaron a llegar en familia eran cuidacoches y limpiavidrios de la zona, que sacaban bandejas y hasta jugos cada vez que querían. "También había familias enteras, que venían de barrios como La Favorita, nosotros les teníamos preparadas las viandas para que les dieran de comer a sus hijos", comentó Mulleady.ContenciónLos docentes y alumnos de Arrayanes conocían a la gente que vivía en la calle. Además de ofrecerles comida, charlaban y los ayudaban a transitar un poco lo que es no tener una casa y pasar la noche a la intemperie."Lo bueno es que pudimos ayudar y también ver que llegaban camionetas y autos de mendocinos solidarios que dejaban en la heladera comida para ayudarnos ha abastecer la demanda. No pasó lo mismo con los empresarios gastronómicos de la calle Arístides, que nunca se acercaron a darnos una mano", se quejó la docente.Fue determinante para tomar la medida de cerrar la iniciativa las quejas de los vecinos por lo sucio que quedaban la veredas, ya que la gente comía y tiraba los descartables por cualquier lado. "Estábamos desbordados de gente y encima comenzaron los problemas con las personas que viven en la zona, entonces el dueño de Arrayanes, Aldo Ansaldi, decidió cerrar", dijo la directiva.En un comienzo entre 15 y 20 personas concurrían todos los días, en distintos horarios, al instituto de gastronomía a buscar un poco de comida, pero en los últimos meses la gente comenzaba desde temprano a hacer cola hasta las 12, hora en que se colocaban los primeros alimentos. "Actualmente, hay gente que viene y pregunta por la heladera, y hasta se enoja porque no funciona más. Lo bueno es que el proyecto seguirá en Las Heras", adelantó la docente que destacó lo bien que funcionó la iniciativa al comienzo y el dolor que les provocó tener que terminar con la tarea solidaria.Arrayanes está en tratativas con el intendente Daniel Orozco para instalar en el Polimeni una sede de la institución que ofrezca cursos con rápida salida laboral y a la vez, habrá un espacio para la heladera social. Esta vez el Municipio será el encargado de distribuir en forma ordenada los alimentos que se producen en el instituto y que son destinados a dar de comer a quienes más lo necesiten.


