Por Alejandro Gamero
Durante todo febrero la Justicia trasandina está de receso, por lo que el pedido de Interpol sigue postergado. El otrora magistrado mendocino está procesado en un centenar de hechos por delitos de lesa humanidad durante la dictadura militar.
La feria judicial en Chile frenó el pedido de captura del ex juez Otilio Romano
Como Argentina, Chile también tiene una feria judicial que dura un mes pero es en febrero, por lo que hoy por hoy no hay un alma trabajando en la Justicia de ese país. Esto le ha dado un remanso de tranquilidad al destituido ex juez federal mendocino Otilio Romano, cuya captura por delitos de lesa humanidad no será tratada hasta marzo.
Así, Romano pasa sus días en plena calma desde principio de enero, mudado de Santiago a un piso del complejo Euromarina, frente a la playa de Cochoa, a tres cuadras del centro de Reñaca.
Tan tranquilo ha estado que inclusive varios mendocinos del ámbito jurídico se lo han encontrado en la zona o el supermercado haciendo la compras del día.
Todo marcha en esos términos por la feria judicial chilena y otros tecnicismos que le han permitido a Romano seguir en libertad y moverse a su antojo por Chile a pesar de las acusaciones en su contra.
En manos de la CorteAunque desde mediados de diciembre del año pasado el ex camarista mendocino figura con pedido de captura internacional en la pantalla de Interpol, en Chile, esa institución no puede ir y detenerlo aun sabiendo dónde está, hasta que la Corte Suprema de ese país lo ordene.
Así funciona con todos los extranjeros que tienen pedido de captura en la Nación trasandina, cuya devolución al país que lo pide depende de una proceso judicial de extradición que sólo resuelve el máximo tribunal chileno y no los jueces inferiores como en Argentina.
Además, Romano tiene iniciado el trámite de pedido de refugio político que todavía no ha sido resuelto y que le da cierta protección.
Así las cosas, si bien la captura contra el ex hombre fuerte de la Justicia federal mendocina fue librada a fin de año, no podía llevarse a la práctica hasta que la Corte Suprema de Chile interviniera y para que eso sucediera antes debía llegar el pedido de extradición desde Argentina.
Recién el 11 de enero, la Cancillería de Chile recibió esa solicitud, firmada por el juez federal Walter Bento y enviada desde Buenos Aires.
Un día después, la Corte de Chile ya había sorteado al supremo Adalís Oyarzún para atender el caso Romano, quien como primera medida, pidió a la Argentina más antecedentes sobre los hechos por los que se acusa al ex camarista federal antes de evaluar si lo detenía.
Como el juicio de extradición, proceso en el que se decidirá si Chile entrega a Romano a nuestro país, recién se inicia y demorará como mínimo un año, lo que sí podría definirse en breve es el tema de la detención.Todo hacía pensar que entre una cosa y otra antes del 31 de enero el ministro de la Corte chilena resolvería si ejecutaba la orden de captura contra Romano y lo dejaba preso en Chile, o le daba una domiciliaria o le permitía continuar en libertad mientras marcha el juicio de extradición.
Pero nada de eso pasó. Llegó el 31 de enero sin novedades y comenzó la feria judicial chilena. La Corte Suprema de ese país se fue de vacaciones y lo de Romano pasó para marzo.
En contra y a favorLas ventajas y desventajas de Otilio Romano tienen tanto peso y contrapeso que no hay pronóstico fiable.
En su contra ya se sabe: procesado en un centenar de hechos por delitos de lesa humanidad, ya no tiene fueros por su destitución y puede caer preso por el pedido de captura.
La imputación limita además sus chances para lograr un fallo favorable porque Chile se arriesga a incumplir pactos internacionales.
Las ventajas también son de peso. Chile es gobernado hoy por la derecha pinochetista y la Corte Suprema trasandina es presidida por un juez que favoreció a los militares acusados de violar los derechos humanos.
Sin necesidad de que Romano sea pinochetista, este contexto le es funcional. Además, el juicio de extradición duraría un año o más.Aun tiene la carta del refugio político y la bronca latente del caso de Galvarino Apablaza, a quien Chile reclama a la Argentina por un crimen político y nuestro país se lo negó.
Así, en el corto plazo, Romano se juega todo en evitar la detención.