Natalia Sosa Abagianos[email protected]
Hace una semana se celebró el Día Mundial del Donante de Sangre y Mendoza participó en los festejos en diferentes puntos de su territorio. Pero esa jornada sirvió para conocer un dato preocupante: apenas unas 200 personas asisten de manera habitual al nuevo Centro Regional de Hemoterapia, de Ciudad.
Si pensamos en la cantidad de habitantes que residen en el Gran Mendoza es una cifra ínfima, que indica, además, que es necesario tomar conciencia sobre la importancia de este acto.
La mayoría se moviliza a donar sangre hacia un hospital o una clínica cuando se le presenta una situación de emergencia, ya sea la de un familiar, un amigo o un conocido. Pero son muy pocos los que lo hacen pensando en la cantidad de pacientes que necesitan este recurso vital para seguir adelante. Tanto es así que es común escuchar los pedidos desesperados de dadores a través de los medios de comunicación. Si existiera un engranaje más aceitado no se llegaría a esta instancia.
Al parecer, la falta de información y de solidaridad siguen librando esta batalla, más allá de los esfuerzos que realizan a diario cientos de personas ignotas para modificar este panorama en todo el país. El mejor ejemplo es el de Ida Severich, una médica jujeña que logró revertir el número de donantes voluntarios de sangre en su provincia - de 0,05% pasó a 38%- gracias a una fuerte campaña que incluyó escuelas, el ámbito donde se deberían concentrar todos los esfuerzos con la educación de nuestros chicos y jóvenes.
A esta cruzada también se han sumado famosos, como el actor Facundo Aranda, quien a pesar de no poder donar por haber padecido cáncer, no se cansa de difundir el mensaje: “Donar sangre salva vidas”. Con esta bandera ha recorrido la Argentina desde la Quiaca hasta la Base Marambio, en la Antártida. Su último desafío fue llevarla a la cima del Everest, la montaña más alta del mundo. Allí debió abandonar la expedición por un edema cerebro-pulmonar, pero los mendocinos Fernando Grajales y Pablo Betancourt cumplieron el objetivo. Además, sumaron el cerro el Lhotse (también en el Himalaya), gracias a la solidaridad de otro mendocino, Luciano Badino, y del neuquino Tomás Ceppi.
Hay muchas razones para dar este pequeño paso y entre ellas se puede mencionar que:•Con una donación se salvan tres vidas.
• La cantidad donada sólo representa el 10% de la sangre que normalmente se posee, porcentaje que no interfiere con el normal funcionamiento del organismo.
• La donación de sangre se puede hacer a cualquier hora del día.
• Cada día 75 personas salvan su vida en España gracias a las transfusiones.
• Los tratamientos de cáncer, la cirugía compleja, los accidentes de tráfico, los trasplantes de órganos, entre otros, serían imposibles sin la donación de sangre.
• La sangre no puede fabricarse.
• Si uno piensa en donar en el momento de una emergencia, ya es tarde porque la sangre debe ser sometida a pruebas y procesos. Por lo tanto, es mejor asistir antes de que aparezca la necesidad.
• En verano, hace más falta, al contrario de lo que se cree, por el aumento de los accidentes y la escasez de donantes en sus residencias habituales.
• Porque mañana, a lo mejor, le puede hacer falta a uno de tus seres queridos.
• Realizan un buen análisis de tu sangre.
• Dan garantías de seguridad para el donante y el receptor.
• Así existe disponibilidad gratuita de los productos sanguíneos y una utilización óptima de la donación.
La promoción de la donación de sangre constituye el lado humano y social de la transfusión. En esta tarea, los diferentes sectores de la sociedad cumplen un rol clave porque actúan como agentes multiplicadores y difusores del mensaje de donar sangre.
Aunque la donación no puede ser motivo de comercio, es un acto de solidaridad y altruismo. La sangre no se compra ni se vende.


