Esa notable baja, según la explicación oficial, se dio en un año. Pero en los 39 hogares de la DINAF y en otras asociaciones aún quedan 400 niños.

La Casa Cuna pasó de albergar 65 chicos a 5 por la restitución familiar o la adopción

Por UNO

Por Analía [email protected]

La cantidad de chicos internados en hogares de la Dirección de Niñez, Adolescencia y Familia (DINAF) y de las asociaciones que trabajan en conjunto con el Estado se redujo el 40% en el último año. La Casa Cuna, que hasta hace unos meses era el único macrohogar de Mendoza, pasó de tener 90 niños en octubre de 2009, 65 en febrero de 2010 y en abril último a sólo cinco pequeños.

Si bien el gobernador Celso Jaque dijo en su discurso del 1 de mayo que en el inicio de su gestión había 90 pequeños en esa institución, lo cierto es que ese número es el que se registró en octubre de 2009. Según cifras oficiales de la DINAF, hasta esa fecha en la Casa Cuna había por año un promedio cercano a los 75 niños.

En esa institución, la abrupta caída del número de infantes y adolescentes institucionalizados está atada, según funcionarios del Ministerio de Desarrollo Humano, a la puesta en marcha de nuevas modalidades que apuntan a disminuir las internaciones crónicas y a reevaluar las situaciones de origen de los chicos, todas vinculadas con la implementación de la ley 26.051 que da protección a niños y adolescentes.

Otra ventaja que da la norma es la reducción de los tiempos para trabajar en la restitución de los chicos (ver aparte).

“El eje es el derecho de los niños a vivir en familia, ya sea biológica o externa. Esto fue absolutamente novedoso en una dirección en donde históricamente había primado la desvinculación de los chicos de sus núcleos de vida”, según explicó a Diario UNO Verónica Bertolotti, titular del área de Restitución de Derechos, de la DINAF.

En esa línea, la subsecretaria de Familia, Nidia Martini, apuntó: “La cantidad se redujo en función de priorizar que el ambiente más sano para la crianza de un chico es un ámbito familiar y no una institución”.

Para ambas funcionarias, el quiebre en el funcionamiento de las políticas de infancia locales se dio hace un año, cuando comenzó la implementación de las cuatro modalidades para encarar los casos de niños con derechos vulnerados.

Desde abril del año pasado, la DINAF aplica cuatro tipos de programas para restituir a los chicos a un ámbito familiar. La primera consiste en dar un apoyo a la familia biológica, que implica una ayuda económica que va de los $200 a los $400, y también seguimiento profesional.

En la segunda modalidad se prioriza el apoyo a una familia vincular, que puede ser un tío, un vecino o cualquier allegado que colabore para que el niño recupere la identidad que le correspondía y mantenga los vinculos barriales y familiares.

La tercera de las herramientas implementadas por la DINAF para aplicar la ley 26.061 apunta a la figura del acompañante familiar, que es el que garantiza la vigencia de los vínculos familiares. En este caso puede ser un vecino, un maestro o un pastor.

La última modalidad es la que antes se denominaba familia cuidadora y es la última opción, cuando se han agotado todos los pasos y la restitución a la familia biológica es imposible.

Se supone que priorizar la vida familiar por sobre la institucional es lo que ha hecho que “en Mendoza, al menos la primera infancia, que va hasta los siete años, haya dejado de crecer en hogares estatales y vuelva a espacios familiares”, tal como sostuvo Bertolotti.