Por Carlos Hernández
El autor de La tragedia educativa –libro aún vigente que levantara una fuerte polvareda a fines de los años 90–, Guillermo Jaim Etcheverry, se hace notar con su pensamiento agudo cada vez que expresa sus ideas, ya sea en entrevistas periodísticas, en artículos o en las conferencias que suele dar en diversos países.
Es que con su estilo ameno y frases filosas –no exentas de ironía–, bucea en lo profundo del sistema educativo, los valores imperantes y los hábitos de comunicación de las nuevas generaciones. Así despertó los aplausos en la exposición sobre el tema “Educar en la Argentina de hoy”, que ofreció el viernes en la Universidad de Mendoza.
El médico especializado en neurobiología y con vasta experiencia en la gestión académica afirmó que existe “una falta de respeto por el esfuerzo” en la educación y criticó la actitud de los padres que toman a la escuela como “una guardería ilustrada”, mientras que el secundario se ha convertido en “una larga preparación del viaje de egresados”.
Jaim Etcheverry se refirió a aspectos críticos del sistema escolar en diálogo con Diario UNO.
–Usted sostiene que la inversión no garantiza calidad en educación… –La relación no es directa. Se necesita más inversión, pero en la calidad influyen muchos factores. Brasil y Chile son ejemplos claros, en los que han invertido con mejores resultados. Argentina ha invertido más que en el 2000 y, sin embargo, está peor. Los factores que influyen no son sólo políticos, sino también sociales.
–La gestión actual, que puede tener continuidad, ¿prioriza la educación?
–Este ha sido un período en el que la inversión aumentó, lo que demuestra interés por el tema, pero debe ser acompañada por otras medidas. La conducción del sistema educativo se ha atomizado mucho.Con la federalización, cada provincia hace un poco lo que quiere y hay grandes diferencias.–¿Hubo cambios desde la “tragedia educativa”?
–Creo que hay un mayor interés por el tema, aunque no veo todavía un movimiento social por mayor demanda de calidad, que los padres empiecen a pedir que a los hijos les enseñen cosas concretas, que aprendan algo.–¿Cómo llegar a los padres con distintas problemáticas sociales?
–Es muy complejo, pero hay que tratar de mostrarles que deben contribuir con la escuela, reconstruir la alianza de padres y maestros para educar al chico. Hoy los padres están aliados con los chicos en contra de la institución escolar.–¿Hay que valorizar al docente?
–Toda esta conversación es inútil si no se vuelve a valorizar la tarea del docente, lo que es central. El salario es una manifestación de ese disvalor y del desprestigio social. Al docente le pagan poco porque interesa poco lo que hace.–Además, la escuela cambió de rol para “contener”…
–La escuela cumplió un papel muy importante en la crisis como el único brazo del Estado que llegó a todos lados, pero no hay que olvidarse que además tiene que educar. Y hay que cambiar esta idea de que si se es pobre no se puede aprender.–¿Debe ser más exigente?
–Sin ninguna duda. La exigencia es una demostración de interés.–¿Dónde es más evidente la crisis, en la primaria o en la secundaria?
–Es más profunda en la secundaria. No se ve bien el sentido, no está muy claro para qué sirve. Es como una larga preparación del viaje de egresados.–¿Cuáles serían las soluciones?
–Es muy difícil. Ahora hay una recreación de la formación técnica muy importante. También hay que poner más énfasis en las enseñanzas básicas. La enseñanza de la lengua es fundamental, las matemáticas son importantes por la capacidad de abstracción que desarrollan. Hacer menos cosas, pero mejor.–¿Cuál es el gran agente de cambio?
–La familia es muy importante en la toma de conciencia de la importancia de los medios, de la educación y del lugar relativo de cada cosa. A la vez, el Estado debe garantizar la libertad de expresión, pero con calidad. Nos preocupamos de la calidad de la salchicha, pero poco de la calidad de los mensajes que se le envían a la gente. Es decir, Argentina sufriría una revolución educativa si todos los que hablan por televisión o por radio manejaran bien la lengua, si escucháramos hablar con frases completas y con riqueza de vocabulario.El pensamiento que cede–¿Se ha modificado la forma de razonar del individuo?
–Se ve que está cambiando porque las nuevas herramientas activan zonas distintas del cerebro. El pensamiento en profundidad va cediendo ante el pensamiento superficial.–¿El uso de las nuevas tecnologías de la comunicación es contraproducente?
–¡Qué sé yo! Hay pros y contras. Han ampliado nuestra capacidad de una manera impensada y, a la vez, han tomado mucho de nuestro tiempo.Sacrificamos profundidad por velocidad y no sé si es beneficioso. Es el precio que estamos pagando, cuesta el tiempo. Me parece un factor central porque somos tiempo. Se rinde culto a la velocidad, la brevedad y la simpleza. No se respeta el tiempo lento vinculado a la lectura. Ahora nos comunicamos con mensajes de 140 caracteres.
–¿El bombardeo informativo atenta contra el conocimiento?
–La información no anula el conocimiento. Lo importante son los filtros que se aplican a la información, que se construyen con la reflexión, con el pensamiento.



