A partir de los datos de la Encuesta Nacional de Hábitos de Lectura, un sondeo por la calle reveló que se lee mucho más que años atrás, según sostienen libreros, bibliotecarios y docentes.

En Mendoza existe un marcado interés por la compra de libros y también por la lectura

Por UNO

Por Javier [email protected]

Los resultados de la Encuesta Nacional de Hábitos de Lectura (ENHL) revelaron un dato muy alentador: en Argentina, el 90% de la población lee actualmente en forma habitual. En Mendoza, lejos de saber exactamente cómo se comportaría este análisis, ya que el estudio aún no aporta cifras regionales, haciendo un sondeo entre bibliotecarios, libreros y docentes, la sensación coincide en que existe un marcado interés por la lectura, pero particularmente de libros.

La encuesta da status de lector a toda persona que declare leer libros, diarios, revistas, textos digitales u otros materiales. Esta categoría por lo tanto es amplia e incluye distintos soportes y formatos. En el caso de la lectura de libros, es significativo el total nacional ya que llega al 70%. En la provincia pronto sabremos cuál es este porcentaje, pero los comercios entrevistados aseguran que las librerías han incremento sus ventas en los últimos años, indicando una posible coincidencia estadística.

La palabra de los libreros

“No sé si se lee más, pero que vendemos más, eso te lo aseguro”, aventuró a decir un empleado de la famosa empresa ubicada en el Shopping. Para Diego Corradi (34), quien trabaja en un local de la calle San Juan de Capital, “es mucho lo que ha cambiado en hábitos de lectura en los últimos seis años. Se le viene dando firme a la literatura. Ha crecido el caudal de gente que entra al negocio a consultar y el que también se acerca a comprar”.

El librero también explicó: “Los adolescentes consumen mucho más de lo que comúnmente se piensa entre los adultos. Creo que desde la escuela existe un muy buen fomento de la lectura, que está generando toda esta situación. Cada vez les exigen a los chicos más lecturas de obras y análisis complementarios. A esta situación hay que agregarle una tendencia que viene repitiéndose, la de la venta masiva de grandes sagas que han conquistado a un enorme grupo de jóvenes lectores”.

En esta misma línea de pensamiento opinó María del Pilar Santos (53), dueña de la librería García Santos, en la avenida San Martín a la altura de Alem. “No debemos olvidar que el hábito de lectura se fomenta. Las escuelas han cambiado al respecto. Considero que actualmente, y desde hace algunos años, hay campañas específicas dentro de los colegios que incitan este tipo de experiencias. La lectura de un tiempo a esta parte se ha masificado he incrementado”, expresó.

“La gente no titubea en comprar libros de autoayuda, ensayos políticos ni literatura. Es evidente que algo cambió en la población para que se diera esta circunstancia. Creo que todo tiene que ver no sólo con la educación, sino también con el nivel adquisitivo medio. Los libros no son baratos y sus precios siguen el mismo ritmo de la inflación, pero así y todo la gente se da el gusto, alentada por el comentario de la crítica y los medios, que son los grandes propagadores del consumo”, agregó.

La mirada desde la biblioteca

María Morandini (50) trabaja en la sala de lectura de la biblioteca pública General San Martín y desde su experiencia dice que, durante los últimos cinco años, el caudal de gente que visita ese edifico se triplicó. “Mucha gente mayor se acerca a leer los diarios y los adolescentes vienen a buscar muchos de los libros que les piden en la escuela. También hay un conjunto de chicos que leen, por inquietud propia, textos ligados a las modas impulsadas por el cine. Leen Harry Potter y Las crónicas de Narnia, y se interesan mucho por los libros de aventura”, explicó.

“Los padres y los abuelos son los propulsores de este cambio, ya que traen a sus niños para alejarlos de la tecnología, los juegos y la computadora”, aclaró María. “Asisten a la biblioteca más o menos 200 personas por día. Este dato no es menor si tenemos en cuenta que la biblioteca tiene alrededor de 15.000 socios que estudian e investigan con el material del espacio público, que además organiza mensualmente talleres de lectura, entre otras cosas. Hay muchas actividades, conjugadas entre las bibliotecas y las escuelas, que generan esta red de incentivos”.

La voz de una docente

“Las bibliotecas escolares y populares y los profesores, maestros y docentes tienen un papel muy interesante e importante en la promoción de la lectura, ya sea de obras de consulta o de ficción, porque continuamente ofrecen temas de conocimiento y entretenimiento fuera de lo pautado por los medios, las modas y el consumo. Siempre, el esfuerzo está en hacer crecer e incentivar a los chicos para que de adultos continúen con esta experiencia y hábito, que ensanchan el horizonte de sentido y el mundo. Al respecto pienso que es posible que este esfuerzo esté dando sus frutos”, expresó Diana Iriarte, profesora de Literatura.

“Pero el debate no está en determinar la cantidad de lo que se lee. Lo importante no es meramente cuánto se lee, sino la calidad de lo que se lee, la capacidad para cuestionarlo y elegir, de formar un criterio propio. Me parece importante hacer esta distinción porque, como instrumento cotidiano, seguramente podríamos detectar un aumento de lectores (en las redes informáticas, por ejemplo, o en los zócalos de TV), pero naturalmente eso no es ninguna garantía de cultura, de juicio crítico o de comprensión del mundo”, detalló.