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Una pareja jujeña vino a Mendoza para parir su hijo en una casa y sin asistencia hospitalaria. Galería de imágenes: contaron a UNO la experiencia del nacimiento de Camilo.

En fotos: un parto en casa

Por Enrique Pfaab

Se fue acomodando de acuerdo a como su cuerpo se lo indicada: sentada, en cuclillas, acostada. En el último momento Ignacio se colocó semi erguido en la cama matrimonial y ella se apoyó sobre él, como si su marido fuera un respaldo cómodo y protector. Así, sin necesidad de que Natalia pujara y sin contracción, el bebé salió casi sin esfuerzo. Lo abrazó y lo dejó contra su pecho. Camilo lloró suavemente 7 minutos después, todavía sujeto a su madre por el cordón umbilical, del que recién se desprendió cinco horas después.

Ignacio Mayorga (35) es del partido bonaerense de San Isidro. Natalia Álvarez (32) es de Godoy Cruz. Se casaron en Estados Unidos. Se fueron a vivir a China. Ahora residen en Tilcara y vinieron a San Martín a parir su primer hijo en una cabaña de Mendoza, con la simple y única ayuda de una partera. “Se invierte más tiempo y esfuerzo en planear las vacaciones o en comprar un auto o un celular que en pensar cómo se quiere dar a luz a un hijo y prepararse para su nacimiento”, dicen.

Los dos son ingenieros agrónomos y su profesión los ha llevado por el mundo, profundizado sus conocimientos en economía agraria, agroecología y agricultura familiar.

En octubre de 2010, cuando ya la pareja estaba viviendo en la provincia de Jujuy, realizaron un viaje hacia Mendoza para visitar a la familia de Natalia. “Fuimos un día al emprendimiento El Peregrino, en Tunuyán, y allí los encontramos con Azucena, hija de los dueños, que nos mostró un video de un parto orgásmico. Era un totalmente diferente a lo que conocíamos. Se mostraba cómo era un parto natural y uno médico. Fue muy impactante”, cuenta Ignacio. Todavía Natalia no estaba embarazada. No estaban buscando un primer hijo pero si esperaban que eso ocurriera. A los 8 meses de ver esas imágenes finalmente Natalia quedó encinta. “Llegó en el momento justo, cuando finalmente sentíamos que estábamos en el momento y el lugar indicados. Incluso cada uno supo cual fue el momento de la concepción”, dice la novel mamá.

Comenzaron a averiguar y después a planear todo. Estaban decididos. “Mi bisabuelo era médico rural y jamás lo llamaban para un parto normal. Solo aparecía en escena si había alguna complicación. El parto es un acto natural”, asegura Ignacio.

Primero pensaron en que el nacimiento fuera en Tilcara. “Allí no encontramos parteras que se animasen ofrecer asistir un parto en casa. No por que no puedan hacerlo, sino porque hay sectores que no se ve con buenos ojos el retorno de estas prácticas y ellas son las que quedan en la mira”.

Entonces eligieron Mendoza. Fueron varias cosas que jugaron a favor de esta decisión: Era importante para mujer embarazada estar en un entorno conocido y aquí conocían a Jésica Carreño quien es obstetra militante de los partos humanizados. Después optaron por alquilar una cabaña en Alto Verde, ubicada dentro de una tranquila finca junto a la ruta 50. Desde este lugar se estaba a 15 minutos del primer hospital, cerca de otras vías rápidas y esto posibilitaba llegar en muy poco tiempo a cualquier centro de salud si es que el parto tenía alguna complicación.

Natalia realizó todos los controles de embarazo tradicionales. Análisis y ecografías. Su fecha probable de parto fue establecida para el 2 de abril.

En enero se reunieron con Marina Lembo, la partera que los asistiría. Es porteña y en enero concretaron dos consultas, de 4 horas cada una, con ella. “Tiene mucha experiencia. Nuestro bebé fue el nacimiento 201 que ella asistió con esta modalidad”.

El 11 de marzo la pareja se instaló el la cabaña de Alto Verde. Limpiaron y desinfectaron a fondo el lugar, la aclimataron a su gusto y compraron todo lo necesario para esperar al bebé.

El 29 de marzo llegó la partera y se alojó en otra cabaña, ubicada a escasos 50 metros de la de ellos.

La Luna como testigo

La noche del viernes 6 había luna llena. Todo parecía estar listo y así fue. A las 3.30 del sábado 7 Natalia rompió bolsa. La partera la controló. Estaba todo bien. A las 5 comenzó el trabajo de parto.

Natalia recuerda. “En cierta forma una goza todo el proceso del parto y el dolor ayuda a este proceso. Es un dolor saludable. No hay que reprimirlo con calmantes o anestesia. Además que la madre tenga libertad de movimientos permite que ella maneje ese dolor y adopte la postura en la que mejor se sienta”.

Camilo nació a las 10.05. Primero asomó su cabecita y después, sin desgarro, sin contracción y puja, nació sin quejas ni llanto. “En un momento me dejé ir y el bebé salió”, dice Natalia.

Inmediatamente la partera se lo dio a la madre, que lo apoyó sobre su pecho. No le cortaron el cordón umbilical. A las 11, 50 recién salió la placenta y recién separaron al bebé de ella a las 5 horas del nacimiento. “El cordón, mientras que late, sigue bombeando sangre desde la placenta hasta el bebé”, explican.

Bastante tiempo después el bebé fue pesado (2,680 kg) y medido. Ya había establecido el contacto inmediato e indispensable con su madre, “un momento que marcará su psiquis y que será importante en su vida”.

Es que para Ignacio y Natalia “para que cambiar este mundo hay que cambiar la forma en que llegamos a él. Si de entrada se es maltratado, ese maltrato tiene un efecto en el resto de la vida. Nosotros queremos que nuestro hijo sea una persona plena. Este tipo de nacimientos, sin alteración del orden natural, facilita el desarrollo integral. Vivimos esto no como un trámite, sino como una celebración por la llegada de un hijo”.

Pañales de tela y pedacitos de placenta

El postparto es trascendental para este tipo de práctica. La partera se quedó con la pareja y el bebé los siguientes 7 días. Allí los aconsejó y especialmente despejó algunas de sus dudas. Entre tanto el bebé perdió solo 60 gramos hasta que se acostumbró a mamar e inmediatamente los recuperó y los supero. “Está ganando unos 50 gramos por día”, dice el padre.

Entre tanto la madre hace una dieta de licuados, jugos y vegetales con un agregado especial. A los jugos le agregamos un pequeño pedacito de la placenta, que hemos guardado en la heladera porque tiene hormonas, ayuda al sistema inmunológico y tiene muchos nutrientes. La placenta no se descompone rápidamente. Se conserva un mes en la heladera en perfectas condiciones”.

Además eligieron utilizar pañales de tela, como antaño. “No queremos montañas de pañales descartables. Los pañales de tela son muchísimo mejores que los de antes. Hay que animarse a tomar lo bueno de lo viejo y mejorarlo”.

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