Fue la revelación más impactante del primer testigo del juicio por crímenes de lesa humanidad que se realiza en Mendoza. Estuvo preso en un centro clandestino de la Policía. También hubo un niño de 4 años.

“En el D2 violaban mujeres unas 10 y hasta 20 veces por día”, dijo un ex detenido de los militares

Por UNO

"El dolor de la tortura, de la picana eléctrica en los genitales, de los golpes tarde o tempranopasa, pero el terror como forma de tortura va por otro lado, porque hace que se sienta que pueden

hacer lo que sea con uno. Ese método del terror existió en el D2: se trató de la violación serial".

Fernando Rule, detenido en febrero de 1976 (antes del golpe militar) y preso 17 días en el

D2, que funcionaba en el Palacio Policial, asombró al auditorio con su relato como testigo en la

quinta jornada del juicio por crímenes de lesa humanidad, este jueves (el juicio continúa el

próximo martes).

"Las violaciones a las mujeres eran permanentes, todos los días, 10 y hasta 20 veces por día.

Había violaciones cada 20 minutos. Podíamos escucharlas. El único modo de hacerlo es que todos

violaran, porque la cantidad de efectivos del D2 era limitada", precisó.

Contó que "a veces los policías tomaban un descanso y en el D2 también trabajaban mujeres. En

una ocasión escuché que una de ellas le dijo a un policía: '¿Qué me tocás el culo? Si tenés tantas

ganas, sacátelas con una presa'. Mas tarde hubo una nueva ronda de violaciones".

Entonces brindó su experiencia personal: "Yo escuché (siempre tuvo los ojos vendados) cómo

violaban a pocos metros a mi mujer. Después me acercaron a ella y me dejaron tocarla. Estaba

colgada, desnuda. Me sacaron y siguieron con los abusos ".

La mujer de Rule en esos días era Silvia Ontivero. A ambos los secuestraron en la casa donde

vivían. La detención brindó otra revelación: no sólo se los llevaron a ambos sino también al hijo

de Silvia, de 4 años, quién –según el propio Rule– estuvo casi una semana alojado en las

instalaciones del D2 (no en los calabozos) a pesar de su corta edad.

El niño era Alejo Hunau, quien de grande fue periodista y en 2005 fue asesinado en un crimen

pasional.

Rule reveló que los policías del D2 interrogaron a Alejo a pesar de sus 4 años con el fin de

obtener información para interrogarlo a él y que lo hacían de forma paralela.

"Me interrogaban, pero yo no contestaba. Entonces se iban unos minutos, volvían y me decían, '

mirá que el pibe dice...' y así una y otra vez con cada pregunta".

A los pocos días Alejo fue retirado por su padre. Rule siguió allí hasta el 26 de febrero,

día en que fue enviado a la cárcel de donde salió en 1982.

El torturador y dos comisarios

No fue la única revelación que el primer testigo del juicio realizó. Detalló los métodos de

tormentos que aplicaban e identificó a su interrogador en la mesa de torturas: "Fue Fernando de

Rosas, instructor de Aeronáutica y a cargo de la información de inteligencia".

Y quebró el silencio cuando identificó a dos policías del D2. A Carlos Rico, ex subsecretario

de Seguridad de Jaque: "Rico estuvo en el D2 porque él firmó mi traslado a la cárcel". Luego le

mostraron un expediente con las fotos de los uniformados que revistaban en el D2. Allí identificó

al comisario Carlos Escobar.

Por esto, los abogados de la querella pidieron anoche que se abra una causa contra Rico,

Escobar, De Rosas, el comisario Gostelli y el juez Luis Miret.

Rule dio fe, además, de la muerte de un militante detenido allí, Miguel Ángel Gil, quién

murió en sus brazos enfermo y deshidratado. "Desde que llegué lo escuché delirar todo el tiempo, él

creía que hablaba con su madre por teléfono".

Y prosiguió: "Pedimos que nos dejaran darle agua. Costó, pero aceptaron. Lo llevamos y tomó

agua con desesperación animal. En ese momento cayó al piso y murió".

Torturas y picana

Rule detalló las torturas, que nunca se borrarán de su vida, en su paso por el D2.

"Además de violar sistemáticamente a las mujeres, no nos dejaban dormir. Para eso cada 20

minutos abrían la celdas (eran individuales) y nos golpeaban entre tres o cuatro carceleros".

"El otro método era la comida y el agua", señaló Rule. "Nos daban una cucharada de arroz al

día. No había platos, era lo que cabía en las manos y casi nada de agua. En pocos días estábamos

deshidratados, lo que provocaba delirios: a mí me ocurrió que un día aluciné que la celda se

inundaba de manteca y dulce de leche".

"La picana eléctrica estaba dos pisos más arriba. A mí me dieron una sesión de tres o cuatro

horas, pero me causó un paro cardíaco. El médico me sacó y les dijo: "Este se va, no le des más

máquina".