ver más

Según el Tiro Federal el año pasado se inscribieron 28 damas en el curso de instrucción de manejo de armas. La tendencia se refleja en las armerías. Requisitos para tenerlas.

En el 2011 se duplicó la cantidad de mujeres que se iniciaron en la práctica de tiro

Por  Rosana Villegasrvillegas@diariouno.net.ar

La decisión está tomada. A ella le entraron a robar ya dos veces y para peor ahora su marido comenzó a viajar mucho por su trabajo, por lo que debe pasar varias noches sola con sus hijos. La situación parece no darle otra opción que comprar un arma para defenderse y empezar a usarla. Esta encrucijada parece repetirse cada vez más en Mendoza. Eso sería lo que explica que en el 2011 se haya duplicado el número de féminas que llegaron hasta el tiro federal a realizar el curso de instrucción para el manejo de armas.

Habiendo resuelto primero el miedo de tener que tomar un arma en sus manos y saber que si adquiere una será para usarla en defensa de su familia, esas decididas mujeres llegan por estos días hasta una armería para asesorarse sobre cuál modelo sería más apropiado para su manejo.

“La mayoría de las mujeres llegan diciendo que buscan un arma para defenderse, que no quieren matar a nadie. Se les nota que están un tanto asustadas todavía pero que ya han pasado por esa situación de inseguridad que les da más miedo aún. Yo creo que lo que las decide es defender a sus hijos, en ese sentido esa mujer se convierte en una leona a la que sólo le importan sus crías”, comienza diciendo Aldo Chesi, dueño de la armería El Tirolés, que con su vasta experiencia en tiro es el encargado de asesorar a esas féminas principiantes, que cada vez son más.

Más allá de los distintos modelos, calibres e incluso de los costos, elegir un arma es un tema muy personal. Es por eso que para colaborar con esa decisión Chesi, quien es instructor de tiro matriculado, lleva a esas posibles portadoras de un arma a su polígono para que puedan probar distintos modelos y elegir a conciencia cuál les resulta más fácil de manejar.

Cuando se llega a ese subsuelo uno se encuentra con un ambiente en el que se respira pólvora. Es un sitio que podría describirse como un culto al buen manejo de las armas, empapelado con fotos de competencias, recortes de diarios antiguos y diplomas que Chesi fue atesorando en su prolongada carrera de tiro, que incluyó torneos mundiales. Todos esos trofeos y recortes obligan a la principiante a ser consciente de lo que significa portar un arma de fuego y ejecutarla.

Allí sorprende un enorme tubo de varios metros de profundidad en donde la inexperta probará su puntería y corroborará también todos los sentimientos que le provoca el hecho de disparar. Para tal caso el instructor coloca una lámina en un dispositivo que introduce al tubo y se aleja a unos 12 metros del lugar de disparo. Luego él y la tiradora se colocan los auriculares para proteger los oídos del estridente sonido de la detonación y recomienda cómo tomar el revólver o la pistola para apuntar a esa lámina e indica la forma en que se debe jalar del gatillo.

“Uno puede aconsejarles una pistola austríaca o una de fabricación argentina de calibres 9 milímetros o 380, pero quizás a la hora de disparar ella se siente más segura con un calibre 22. A todas les digo que tienen que ponerse en situación, porque hay que saber que en el momento en que uno puede enfrentarse a un delincuente armado lo fundamental es tener velocidad de desenfunde y decisión de tiro. Para alguien que no tiene demasiada experiencia es más conveniente una pistola, que tiene un cargador más grande que el revólver y brinda la chance de hacer unos disparos intimidatorios y que te queden proyectiles para usarlos si el ladrón no se espanta antes. El revólver obliga a tener que recargar y ese tiempo puede ser fatal para quien es agredido”, remarcó el comerciante, quien siempre recomienda a sus compradores la necesidad de hacer el curso de manejo de armas en el Tiro Federal con instructores matriculados.

En este sentido, las leyes argentinas obligan a quien vaya a adquirir un arma a realizarse análisis físicos y psíquicos, que son fundamentales para otorgarle al comprador la autorización para la tenencia o portación de un arma.

Van desde estudiantes hasta docentes jubiladas De acuerdo con los registros del Tiro Federal durante el 2011 fueron 28 las mujeres que realizaron el curso de instrucción de manejo de armas, justo el doble de las féminas que lo hicieron durante el 2010.

“La verdad es que en el último año se han inscripto mujeres de todas las edades. Desde una chica que acaba de cumplir los 21 años, edad mínima exigida por el RENAR (Registro Nacional de Armas) hasta una docente jubilada de 60 años que vive sola y quiere aprender a usar un arma para protegerse. Sea quien sea a todas les recalcamos que el manejo de armas es muy complicado y que es fundamental usarla a conciencia, sabiendo que para eso hay que estar apto física y psíquicamente”, cuenta el instructor Miguel Navarta (74), quien lleva más de 50 años trabajando en el manejo de las armas.

Su criterio y su experiencia, en conjunto con la de su compañero en brindar los cursos en el Tiro Federal, son los que determinan cuándo una mujer está apta para manipular un arma.

El curso que brindan –tiene un costo de $400 el básico y $800 el de portación de armas para las empresas de seguridad– puede durar desde un mes hasta los dos meses y medio, dependiendo del avance y de la cantidad de clases que pueda tomar el alumno por semana. De tenerse una disponibilidad horaria amplia se pueden tomar hasta 3 clases semanales.

Para realizarlo es necesario tener 21 años y haber pasado los análisis de aptitud física y psíquica que se le realiza a la compradora a la hora de adquirir el arma. Además se exige la cédula de legítimo usuario otorgada por el RENAR.

De no tener un arma propia, el Tiro Federal le proporciona una en calidad de préstamo para ser usada sólo en el polígono.

Además de brindar los conocimientos básicos del manejo del arma y las municiones, en el polígono también se hace hincapié en lo que significa la legítima defensa. Se debe tener la plena conciencia del medio que se emplea, esto es saber que si alguien es insultado no tiene derecho de usar el arma, y que quien quiere defenderse no puede ser el provocador. Tiene que estar claro que el que se defiende no puede iniciar la agresión. Para manejar un arma hay que tener el aplomo y la cabeza fría para no excederse en ese uso.

“Acá vino una chica a la que le habían matado al padre en un asalto y le recomendé que pensara bien el hecho de tener un arma en su casa y usarla, porque en su caso parecía que lo que buscaba era venganza y en ese sentido preferí que se tomara un tiempo para tomar distancia de lo que le había pasado antes de darle el curso de instrucción”, recordó Navarta, dueño de un aplomo que salta a la vista.

 

MÁS LEÍDAS