Mariano Pistonempistone@diariouno.net.ar
El señor de los "bondi"

Sergio Pensalfine, dueño de El Cacique, se ha consolidado como el hombre fuerte en el transporte público de pasajeros. El sustento de esta afirmación hay que buscarlo en la composición de los grupos de micros: el sistema urbano está formado por diez, cuatro de los cuales están en manos del empresario. Precavido, afirma que no pretende abusar de esta posición dominante, sino que ante todo pone el foco en brindar un mejor servicio al pasajero. A su vez, defiende el sistema de pago por kilómetro recorrido (afirma que es compatible con el nacional SUBE) y la composición actual de los subsidios, aunque igual dice que se prepara ante posibles “turbulencias”.
Pensalfine (43) ingresó en la empresa familiar en 1988, cuando su padre poseía 30 unidades. Hoy, su creciente empresa suma 194 vehículos distribuidos en tres grupos: 7 (línea 90 y 120), 8 (línea 100) y 9 (línea 160 y 150). Además, a través de una sociedad de inversión, adquirió recientemente el 70% de Transportes El Plumerillo, controlando así el Grupo 6 (líneas 60 y 130).“Apuesto a esta actividad, en las malas y en las buenas”, se apresura a afirmar y agrega: “Si en este negocio no tenés volumen, no resulta atractivo”.
Eso lo tiene bien claro y en esa línea intentó quedarse también con el Grupo 2 (otrora estatal y actualmente en manos de la firma Valentín Luis Stocco e Hijos). “No pienso comprar todas las firmas del sector”, se apresura a comentar, aunque luego dejó en claro su intención de seguir creciendo. “Me estoy preparando. Cuando esté listo daré el salto hacia afuera –de la provincia–”, lanzó.
–Más allá de la incertidumbre por la posible implementación en Mendoza del sistema nacional SUBE, usted sigue invirtiendo en la actividad.–Es la actividad que yo desarrollo y me gusta. Es lo que sé hacer. Apuesto, como lo he hecho siempre, en los malos momentos y en los buenos también. La compra del Grupo 6 no deja de ser una apuesta más. El transporte es un mercado, como cualquier otro sector de la economía, y los que somos actores en este mercado tratamos de tomar posiciones a los efectos de preservar nuestra tarea y nuestro negocio. Los movimientos responden a eso.
–Es el empresario más importante del sector. ¿Cómo asume esa posición?–Ser el más importante no siempre implica ser el mejor y uno de los lemas que tenemos en la empresa es que buscamos ser los mejores, independientemente de si luego te toca o no ser el más grande de la actividad. Tener porción del mercado significa un posicionamiento estratégico, pero no significa ser el mejor, y yo lo que busco como empresario es eso último, aunque a veces no acierte o no me salga. Por eso no sólo apostamos a la parte comercial del transporte, a la parte lucrativa, sino también a desarrollar otro tipo de ideas. En esa línea, apostamos a la actividad social empresarial. Por ejemplo, este año tenemos muchas ganas de acercarnos a las uniones vecinales para apoyar emprendimientos sociales. Para nuestra empresa, la responsabilidad social empresarial es muy importante y hace ya cuatro años que trabajamos en ello. Pienso profundizar estos programas.
–¿Tener una posición dominante le genera rispideces con colegas y, a su vez, le permite mayor poder de negociación con el Gobierno?–Pienso que con mis colegas tengo una buena relación. Actualmente, estoy en AUTAM (asociación que agrupa a los empresarios del sector) circunstancialmente y creo que estoy porque ellos quieren que esté. Basta con que me digan que no quieren que siga para que me vaya. Por otro lado, yo no hago uso de una posición dominante, mi posición es estratégica pues me dedico a esta actividad.
–¿Está pensando en seguir invirtiendo en el sector a nivel local o apuesta a expandirse a otras provincias?–Tuve una experiencia en la ciudad de San Luis, luego el gobierno decidió quedarse con el transporte. Fue la única experiencia fuera de Mendoza que he tenido. Mi actividad está concentrada en la provincia. Igual, no estoy pensando en comprar todas las empresas locales, ni tengo esa capacidad económica, ni está en mi cabeza tampoco. A veces las cosas se van dando, no necesariamente se deben planear. Es decir, si mañana hay una licitación y ninguno de los oferentes es mi colega y veo que hay invasión en el mercado por parte de gente de afuera, tomaré una decisión en la medida que la legislación me lo permita. Si me decís si voy a seguir invirtiendo en transporte, hoy te digo que es el negocio de toda mi vida. No tengo otra actividad que no sea esta y es lo que me gusta hacer. Y sí, si el mercado lo permite y las condiciones no son agobiantes, seguro siga en esto y quiera seguir creciendo.
–¿Y hacia afuera?–Yo prefiero pisar sobre seguro. Cuando gerencialmente esté preparado para eso, quizás lo haga, hoy me estoy preparando, todas estas inversiones que se ven, como por ejemplo en la terminal del Grupo 8, van en ese camino. He trabajado para poder crecer, no se crece simplemente por tener la ambición de hacerlo. Para crecer hay que prepararse, saber dónde está el límite de cada uno y dónde está el límite gerencial. Porque no soy sólo yo en la empresa, hay un equipo que escucha y sigue mis lineamientos. Si eso no existiera, yo no podría progresar.
–¿Cómo cree que lo afectará la implementación del sistema SUBE?–Creo que no es necesario cambiar nada en Mendoza pues el sistema actual es compatible con el que se quiere instrumentar. Lo único que tiene que hacer la provincia es adecuarse a la estructura de la tarjeta SUBE. Es decir, se necesita primero entender cómo va a venir el dinero, cómo le va a llegar a la gente para pagar parte del precio del boleto y luego reacomodar las normas a esa realidad.
–Más allá de la poca claridad, ¿cómo cree que lo afectará el cambio en el sistema actual de subsidios?–A El Cacique le es indistinto si el subsidio viene a la empresa o no, porque siempre interpreté que por más que las firmas recibiéramos el dinero, igual se estaba subsidiando la demanda. Hay un aspecto formal en el medio: quién recibe el dinero. Pero como en mi caso toda la plata fue invertida en la actividad, me es indistinto. Igual, si el dinero se lo van a dar a la gente, la tarifa se tiene que sincerar. Porque el sistema puro SUBE involucra una tarifa diferente de la actual. Ante todo, el problema del transporte no es con qué política de recaudación se trabaja, sino que reconozcan los costos operativos normales y previstos en el contrato. Las cosas se caen cuando esos costos no se reconocen. Mientras sean reconocidos, cualquier sistema es bueno.