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El presunto asesino de Matías Quiroga tenía conducta ejemplar y concepto muy bueno en la cárcel provincial antes de fugarse, a mediados de enero, aprovechando un beneficio carcelario que había obtenido al pasar exitosamente todas las etapas que corresponden al régimen progresivo de la pena. Cuando solicitó acceder al sistema de salidas transitorias, su legajo carcelario, que reflejaba su comportamiento dentro de la cárcel, acreditaba que llevaba más de dos años sin sanciones.
Ése era el perfil del Tanga Gómez, el hombre más buscado de la provincia tras el sangriento atraco al blindado en un Carrefour de Godoy Cruz, tras el cual Quiroga fue una impensada víctima mortal porque tuvo el infortunio de cruzarse con los delincuentes en fuga, quienes le dieron un disparo mortal para robarle el automóvil de la madre.
Según testimonios que deberán ser corroborados en la investigación, testigos señalaron al más alto de los asaltantes encapuchados como el autor del crimen, cuya huella dactilar apareció en el interior de uno de los vehículos que se usaron para el golpe, lo que permitió identificarlo gracias al sistema informático policial.
La identificación permitió saber que se había fugado de la cárcel a mediados de enero al no regresar de una de las salidas transitorias que ya habían sido habilitadas por el juez de Ejecución Penal Eduardo Mathus. Debía purgar una condena unificada por la Sexta Cámara del Crimen hasta 2021 por homicidio, intento de homicidio, robo y evasión.
El beneficio que le había otorgado el magistrado de la cárcel, quien se encarga de administrar las condenas, cumplía prácticamente con todos los requisitos exigibles por la ley: el devenido presunto homicida de Quiroga ya había cumplido la mitad de su condena, su legajo carcelario reflejaba una conducta ejemplar con 10 (la nota más alta) y 8 de concepto (calificación cuyo máximo también es 10), trabajaba y estudiaba, y llevaba más de 24 meses sin sanción alguna.
Era, sin lugar a dudas, un preso recuperado tras diez años de estadía en prisión, salvo por una mancha que casi lo deja sin las salidas transitorias: el dictamen desfavorable del Organismo Técnico Criminológico de la cárcel.
Los psicólogos de este equipo, cuyos informes son cruciales pero no vinculantes para acceder a beneficios y libertades condicionales (las que solamente otorgan los jueces de Ejecución Penal), le informaron al magistrado Mathus que no debía concederle las salidas transitorias.
Los obstáculos fueron, al parecer, las características negativas de su personalidad. El test psicológico le salió tan mal, que todo lo bueno que había logrado en la cárcel no le alcanzaba para ser confiable ni liberado.
Pero el reo nunca se enteró de este detalle porque el juez de Ejecución, atento a todo el impecable proceso de recuperación que había mostrado, finalmente objetó el dictamen del organismo –la ley lo habilita a hacerlo– y le otorgó el régimen de salidas transitorias al ahora prófugo de la Justicia.
El Tanga Gómez aprovechó y cumplió ese beneficio al pie de la letra, al menos las primeras veces, saliendo de la granja lavallina y regresando a ésta a la hora estipulada, ya que las primeras tres salidas se hacen en compañía de un agente del Servicio Penitenciario. En esas oportunidades no trató de deshacerse del guardia que lo acompañó ni escapársele y volvió puntualmente.
Fue cuando tuvo la oportunidad de la salida transitoria en soledad y sin vigilancia –a partir del cuarto egreso– que el presunto homicida de Matías tomó la decisión de no regresar al penal, de lanzarse a la fuga y a la clandestinidad, a pesar de que sólo le faltaban poco más de dos años para acceder a la libertad condicional.
Habiendo estado diez años preso y con la libertad condicional al alcance de la mano, el reo prefirió la fuga y, así, apareció donde las autoridades de la cárcel menos se lo esperaban: en un sangriento atraco y señalado como el que gatilló el tiro que acabó con la vida de Quiroga.

