Por Cecilia Osorio, enviada especial a Chile
ZAPALLAR- En los alrededores no hay música. La arena blanca y el mar “Bravo”, que paradójicamente se muestra calmo como si fuera una laguna -así por la forma que toma de la bahía-, parece sacado de contexto en una zona costera donde el agua encierra ciertos peligros por su fiereza. Bosques, principalmente de eucalipto, esconden las paquetas residencias con estilo europeo que miran la postal desde los cerros –La Cruz y El Boldo-, y personajes de la “high society” chilena, pero también extranjeros (entre ellos mendocinos), disfrutan de una tarde paradisíaca a orillas del océano, que les entrega de sí una imagen que no se repite en otro paraje costero de este país. Sólo dos hoteles y un bus de recorrido interno “para residentes” completan la opulenta aventura.
Zapallar es el más exclusivo de los balnearios de la V Región. Y toda su oferta está pensada para los habitués de la zona. “No es un lugar turístico, sino diseñado para los residentes”, señala Julio Palacios, encargado de “El Chiringuito”, un lujoso restó frente al Pacífico donde no se come por menos de $160 por persona (si se elige de bebida un vino chileno, la cuenta casi se duplica). El hombre añade que entre “los residentes”, hay personajes millonarios y políticos, aunque se resiste a dar nombres. El propio presidente Sebastián Piñera tiene una morada en este sector, un poco más allá de la laguna, en el balneario de Cachagua.
Los precios son la mayor demostración de la diferencia que implica para el visitante alojarse allí, en lugar de hacerlo en otro paisaje costero, como Viña del Mar: para alquilar una casa de porte mediano (son pocas y se accede por medio de corredores inmobiliarios) se debe pensar en $1.800 diarios. El fin de semana en un hotel una habitación doble cuesta $1.330 por noche y si el bolsillo permite volar algo más alto, una matrimonial con vista al mar asciende a $1.450, también diarios.
En la playa todo se adapta a la buena vida de los visitantes: ahí para nadie es raro pagar una lata de Coca Cola de medio litro a $10, un vasito de jugo natural a $25, un helado por $15 o tomar una clase de buceo por $400.
“Lo que nos gusta de este lugar es que la tranquilidad es permanente”, dice Catherina, una mujer que toma sol detrás de una capelina blanca, propietaria de una casa en uno de los cerros. No da su apellido para preservarse, costumbre que comparte con el resto de sus pares: Zapallar está hecho para quienes buscan discreción.
No sólo para elegidos
Para graficarse un poco más del balneario, que pertenece a la Comuna de Zapallar, de la provincia de Petorca –a 60 kilómetros de Viña y Valparaíso-, es similar al Cariló de la Costa argentina.
Y, pese a la exclusividad del lugar, también los turistas de a pie pueden disfrutar de la postal, pasando allí el día. Hay micros que desde Viña del Mar ofrecen un traslado directo a esta playa, aunque el viaje se traduce a algo más de dos horas.
El recorrido lleva al paseante por un sin número de pueblos, que sorprenden con un contraste inevitable: después de atravesar Concón, la popular Quinteros, la zona de refinerías y de paisajes interrumpidos de Las Ventanas y el agrícola Puchuncabí, el veraneante se sumerge en un entorno vegetado, donde las dunas de arenas dan la sensación de virginidad geográfica, que lo confinan, después de atravesar el bosque, a un paraíso marítimo abrazado por montañas.
Botes, hoteles vip y cabalgatas para exclusivos
En Zapallar, las propuestas, como la geografia, no son extensas. La idea es pasar unos días de relax, con lo justo para sentirse bien. Hay clases de buceo, paseos en bote y kayak También cabalgatas y training si el visitante prefiere la tierra firme. Isla Seca es el hotel más tradicional y con mayor trayectoria de la zona. El alojamiento “boutique” permite encerrarse aún más en el suntuoso mundillo: sólo 42 habitaciones, una piscina a temperatura ambiente, el agua de la canilla ozonizada, un restorán con cocina de autor de categoría “7 tenedores”, terraza y jardines, conquistan a los adeptos del buen vivir y la sofisticación.
“Existe un sendero que conduce a los huéspedes desde el hotel hasta la rambla que bordea al mar y desemboca en la playa”, explica la encargada del hospedaje, quien resalta que los visitantes son, en su mayoría, europeos. Ya en la arena, puede verse la bahía y el mar, señalizado con boyas para que los veraneantes que disfrutan de la exclusividad del lugar, también se sientan seguros en el agua.
"Hay una vida mejor, pero es más cara"
Gastronomía
Menú a base de pescado (típico de la región): desde $140.
Bebida: $20.
Vino: desde $140.
Alojamiento:
Casa para cuatro personas: $1.800 diarios.
Habitación de hotel doble (por noche): desde $1.330. Con vista al mar, de $1.450 a $1.640. Hay “Premium” por más de $2.000.
Actividades:
$80 paseo en bote para 10 personas.
$50 un cayak para dos personas.
$400 la clase inicial de buceo donde se puede apreciar de la fauna marítima del océano.
En la playa:
$10 el estacionamiento, por hora. El límite son cinco horas.
$10 una Coca Cola de 550 centímetro cúbicos.
$15 un helado.
$20 una sombrilla.



