Por Cecilia Osorio
La destitución de Fernando Lugo de la presidencia de Paraguay pateó el tablero sobre el que los jefes y jefas de Estado del Mercosur y sus miembros asociados se sentarían a debatir en estas tierras, los días 28 y 29. Los asuntos comerciales generales del bloque que integran Argentina, Uruguay, Paraguay y Brasil no serán ya temas medulares.
La prioridad es Paraguay: los mandatarios resolverán aquí, si todo marcha como está previsto, si rechazan institucionalmente la decisión del parlamento paraguayo –y a Federico Franco como presidente– y si, en consecuencia, se castigará la remoción de Lugo con la expulsión de su país del Mercado Común del Sur. Las decisiones políticas en este sentido irán acompañadas por la definición de si Argentina retendrá la presidencia pro tempore que debía otorgarle a Fernando Lugo.
Evidentemente, las prioridades son otras y en este cuadro de situación las posibilidades de Mendoza de posicionarse y lograr acuerdos con otras naciones queda desdibujada.
Por eso esta provincia se maneja con cautela. Desde el Gobierno local nadie se anima si quiera a confirmar actividades de la Cumbre. De los presidentes que vendrían a partir del jueves a la tarde tampoco dicen mucho.
El problema paraguayo es el principal, pero no el único. Bolivia, que no es miembro pero sí está asociado y fue invitado como tal a la Cumbre del Mercosur, enfrenta en estas horas un cruce con los policías de bajo rango amotinados por mejoras salariales. Cristina Fernández debe lidiar con un foco de conflicto orquestado por los camioneros que paralizarán las calles un día antes de la reunión.
Pese a que la propia Presidenta argentina habló de: “En Mendoza vamos a tomar las medidas pertinentes”, refiriéndose a la situación de Paraguay y reforzando la necesidad de realizar ahora más que nunca el cónclave, el coordinador de Gabinete local, Eduardo Bauzá, quien tiene diálogo directo con la Cancillería nacional, sólo informó: “Estamos supeditándonos a lo que digan desde la Nación. No sabemos si los mandatarios que supuestamente no vendrían (como Hugo Chávez, de Venezuela), se sumarán dada la coyuntura, o si habrá otras decisiones”.
Sin lugar para lucirse
El paro de camioneros que amenazaba con complicar la logística del encuentro presidencial, la huelga extendida de los empleados judiciales para esta semana y un reclamo antiminero no fueron el mejor escenario previo para la Cumbre en Mendoza, que la recibe después de 20 años, esta vez en el hotel Intercontinental, en Guaymallén.
Antes de la destitución de Lugo, las autoridades mendocinas hablaban de réditos. El gobernador Francisco Pérez le dijo a Diario UNO esta semana que la reunión era “un apoyo histórico para Mendoza”. Sabía que después de que en 2010 la Cumbre le fue arrebatada de las manos a Celso Jaque y se realizó en San Juan, la oportunidad era muy conveniente, aunque no adelantó los acuerdos que trabaría con otras naciones, por ejemplo, para encaminar obras.
“Hay un rédito y es político”, había dicho Bauzá, aunque tras la destitución de Lugo la prioridad regional destiñe cualquier aspiración local.


