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Una expedición conjunta de la IV Brigada y la Patrulla de Rescate remplazó el símbolo que desapareció en el 2009.

El Aconcagua ya tiene su nueva cruz

Desde el pasado 20, el cerro Aconcagua cuenta con una nueva cruz en su cima. La reposición del símbolo que todos buscan al hacer cumbre, el cual había desaparecido en diciembre del año pasado, estuvo a cargo de una expedición integrada por miembros de la IV Brigada Aérea y la Patrulla de Rescate. La Cruz del Bicentenario –tal como fue bautizada– tiene en su interior diversos objetos y, a modo de cápsula del tiempo, se espera que en 100 años más sea abierta para dar testimonios de nuestra época.Grande fue la sorpresa cuando, en los primeros días de diciembre del 2009, andinistas que llegaron al Techo de América advirtieron que la vieja cruz de aluminio, fabricada en la década del ’50 en los talleres de la IV Brigada Aérea, ya no coronaba la cumbre. No era la primera vez que el símbolo se perdía. Incluso en una oportunidad desapareció por un par de años, hasta que una expedición la encontró. Fue tal el revuelo que se generó, que hasta se formó un grupo en la red social Facebook llamado “Recuperemos la Cruz del Aconcagua”, con 116 miembros pidiendo su reposición.“Pensamos que era una buena manera de celebrar el Bicentenario, pero no alcanzamos a subirla en la temporada pasada, por eso lo concretamos ahora”, explicó el mayor de la Fuerza Aérea Marcelo Alejandro Sánchez, guía de montaña y miembro de la expedición.Así, se inició una tarea en paralelo. Por una parte, el Grupo Técnico de la IV Brigada Área investigó y buscó en sus talleres el material para realizar la cruz: una aleación de metales de restos de aviones IA 24 Calquín, el mismo con que se realizó el símbolo original.Una vez torneada, en su interior se colocó tierra de las islas Malvinas, partes del histórico avión A4C que combatió en aquel conflicto, monedas de uso actual y una carta del arzobispo de Mendoza, José María Arancibia.Paralelamente, se formó el grupo encargado de llevarla a la cumbre y comenzó la puesta en forma para atacar el Coloso, aunque cabe destacar que, por las características propias del entrenamiento de la Fuerza Aérea y de la Patrulla de Rescate, los expedicionarios contaron con cierta ventaja.

Compartir la cruzLa travesía, que comenzó en Confluencia (3.400msnm) el pasado 9, contó con el aval de la Escuela Provincial de Guías de Alta Montaña y Trekking y la colaboración espontánea de decenas de andinistas, porteadores y guías que se acoplaron en el camino. “Cuando nos veían, se acercaban y empezaban a sumarse. Incluso pusieron objetos dentro de la cruz”, relató Sánchez. “A otros les parecía que no tenían derecho a hacerlo, pero les explicamos que esto debía ser de todos. Aquí, el objetivo no era hacer cumbre, sino compartir la cruz con la gente”, agregó la francesa Lysiane Blay, civil y única mujer de la expedición.Finalmente, el 20 a las 15.30, el equipo hizo cumbre junto a otros cuarenta andinistas que se sumaron en la aventura, cargando incluso la cruz unos metros cada uno. “No se puede describir con palabras la emoción que se respiraba. Hacía 17 grados bajo cero, el día estaba hermoso y había una especie de conexión y entendimiento mutuo que hizo que a muchos se les escapara alguna lágrima”, cerró Sánchez.

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La nueva cruz del cerro Aconcagua fue elaborada con restos de aviones IA 24 Calquín, el mismo material con que fuera fabricada la original en la década del ‘50.
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El oficial David Leiva y el Sub. Ayudante Daniel Estevéz en Nido de Cóndores
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A cuestas. El suboficial ayudante Daniel Estévez carga la cruz, en la base de La Canaleta.
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Misión cumplida. Parte de la expedición, luego de hacer cumbre y colocar la cruz. Eran las 15.30 del 20 de diciembre y hacía 17 grados bajo cero.

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