Por Carina Pérez
El Notti tiene 8 salas para operar pero ocupa activamente 3, en el Central de 16 hay 12 habilitadas y en el Lagomaggiore su usan 5 de 8 existentes. El Gobierno no planea habilitar los quirófanos cerrados, sino que pretende estirar el horario de activid
El 40% de los quirófanos de los hospitales grandes no funciona por falta de personal y otros recursos
Cerca de la mitad de los quirófanos de los tres hospitales de mayor complejidad de la provincia, el Notti, el Central y el Lagomaggiore, no están funcionado por falta personal, aparatos –como mesas de anestesia– y, a veces, de insumos.
Aun así, con esa capacidad instalada ociosa son operadas en esos centros asistenciales alrededor de 20 personas por día. El problema es que esa cantidad no alcanza para reducir a niveles aceptables la espera quirúrgica programada. Así, aplicar un plan de recuperación de cirugías retrasadas por el paro y –en un sentido más amplio– concretar la reforma prometida por el gobernador Francisco Pérez podría no ser tan sencillo.
En el caso del hospital pediátrico, cuenta estructuralmente con ocho quirófanos. Pero, al ser consultadas, las autoridades de ese centro asistencial sólo refieren siete porque el octavo es exclusivamente para cirugía cardiovascular. De estos “siete” sólo usan de manera cotidiana tres, incluyendo al de guardia, no solamente por falta de insumos, sino también por otros factores, como la organización horaria del personal, el cual trabaja de 7 a 14. El resto del día, toda esa enorme estructura hospitalaria permanece cerrada.
El Central fue construido con 16 quirófanos, pero sólo 12 están habilitados con todas las exigencias para realizar una operación segura. Esta docena es la que realmente es contada por la dirección al momento de programar pacientes, contratar personal y comprar elementos. Está repartida de la siguiente forma: nueve para cirugía general que requiere internación y tres para cirugía ambulatoria. Ahora, en la práctica, siete quirófanos son los funcionales para todo el hospital, uno queda para la guardia y el restante no puede usarse porque no hay personal que lo utilice durante la semana.
En cuanto a los insumos, no son un elemento que haga la diferencia entre operar o no a un paciente, según algunos jefes de servicio consultados por este diario, porque la programación de una cirugía exige antes el pedido del material. Lo que más pesa es la falta de horas de anestesia y de camas para internar a más personas.
El Lagomaggiore tiene ocho quirófanos, de los cuales funcionan cinco: tres para cirugía programada, uno para la guardia general y el otro para maternidad.
Los demás no son puestos en funcionamiento “no por falta de insumos, ya que eso por ahora no es un problema para nosotros, sino porque falta recurso humano; en particular, anestesiólogos. Pero no pasa solo acá, sino en toda la provincia y el país”, reconoció un alto directivo de ese hospital, quien pidió reserva de un nombre ya que desde el Gobierno central les pidieron silencio a todos los responsables de estos tres hospitales hasta que se termine el conflicto con los gremios.
En cuanto al material quirúrgico, el funcionario detalló que “los neurocirujanos siempre traían su propia caja quirúrgica y ya iniciamos los tramites para comprarla para el hospital. Y sobre la pobre cantidad de cirugías generales, no se da por falta de insumos, sino de personal”.
Toda esta situación fue denunciada por ATE y AMPROS en el ámbito de la paritaria a principios de mayo. Desde entonces, el ministro de Salud, Carlos Díaz Russo, y su equipo han guardado silencio al respecto, aunque reconocen cada una de las palabras del documento registrado por el expediente 14.627/A/8 de la Subsecretaría de Trabajo.
El Gobierno admite que la situación más crítica la tienen esos tres hospitales, pero no es exclusiva de ellos, ya que esto mismo ocurre en menor medida en los otros 20 hospitales de Mendoza. Y calculan que, promediando el total de quirófanos instalados, un 20% no es utilizado.
¿Reforma?
La idea del ministro, que hizo propia el gobernador Francisco Pérez, no es abrir más quirófanos para evitar las listas de espera quirúrgica –porque eso implicaría más presupuesto para aparatos, anestesistas, cirujanos, enfermeros, personal de limpieza, camilleros, hotelería y medicamentos–, sino hacer que ese 50% de la capacidad instalada en uso sea aprovechada durante más horas al día.
Algunos calculan que trabajar hasta las 18, es decir, cuatro horas más por día, sería suficiente para terminar con este problema. Otros llevan ese cálculo hasta las 20.
Para llevarlo a la práctica será necesario discutir varios aspectos, como la extensión de la jornada.
Despilfarro de dinero
Al Gobierno de la Provincia no le queda otro camino que hacer más eficiente la cantidad de quirófanos abiertos, no sólo porque habilitar más salas de operaciones significaría más plata, sino también porque –desde la paritaria de 2011– muchos contratos grupales, de locación y prestaciones de los profesionales que integran esos servicios hospitalarios fueron blanqueados al sueldo, incluidos los anestesistas.
Pero eso no se tradujo en más cantidad de horas de trabajo como pretendía el gobierno de Celso Jaque, sino que todo continuó de la misma forma.
Prueba de eso es la falta de personal y horas de trabajo que aducen los directores de los hospitales para justificar por qué sólo usan la mitad de los quirófanos.
En las actas paritarias firmadas entre febrero y mediados de 2011 se blanquean estos montos según el plan establecido por el entonces ministro de Salud, Juan Carlos Behler, con el objeto de que los profesionales trabajaran también por las tardes.
Pero sólo se avanzó en este aspecto con el acuerdo de los gremios ATE y AMPROS, dejando de lado la reorganización de los servicios para achicar las listas de espera.
Ésta es la lucha real que emprende el Ministerio de Salud desde ahora: convencer a los médicos de cambiar su jornada laboral para atender a más pacientes.
La demanda real de las cirugías
Nunca ha sido fácil de explicar por un directivo de cualquier hospital público por qué una persona debe esperar internada varias semanas o meses para ser operada.
La respuesta rápida es que, de no internarla, se queda sin cama, que sería ocupada por una urgencia. “Si puede esperar, lo hago esperar, y si empeora, lo paso a urgencia”, suelen decir.
Es cierto que si no esperan internados pierden el turno a manos de otros pacientes, por la falta de camas, pero también es verdad que mientras tanto gastan mucho dinero en hotelería. Además, cada vez que amagan con operarlo viene un análisis prequirúrgico.
También incide que los quirófanos para las cirugías generales no funcionan todos los días para las mismas especialidades. Por ejemplo, las vesículas se operan los martes, por lo cual si ese día cayó una huelga, hasta la otra semana no se opera. Por eso es urgente definir una cantidad real de pacientes en espera y saber si pueden estar en su casa o si tienen mutuales. Para eso, Salud realiza dos tareas: depurar la lista y verificar el menú de servicios para redistribuir pacientes.


