Treinta años después de la guerra, Mario Puente volvió a las Malvinas, pero ya no con un fusil, sino para participar en la maratón internacional “Correr por una razón”, el 18 de marzo, y así homenajear a los compañeros caídos. Lo hizo desafiando el frío y ráfagas de 70 kilómetros por hora que por momentos impedían su avance en la dura carrera, la que pudo completar como se había propuesto, ya que no es deportista.
En el trayecto de la competencia observó campos con las armas abandonadas de las tropas argentinas y campos minados con sus carteles de peligro. Revivió antiguos recuerdos de guerra, duros, que también evocan sentimientos, como la hermandad y el cariño por los camaradas de trincheras que surgieron en la adversidad de la guerra.
Viajó acompañado de su primo Norberto Aguirre, actual intendente de la localidad misionera de El Dorado y veterano de Malvinas, quien le aportó la compañía y el apoyo psicológico necesario en ese retorno a las islas, cuya realidad es muy diferente a 1982.
Mario dijo que ese pueblo perdido en el medio del mar se ha convertido en una ciudad de alto nivel económico, con habitantes que poseen un buen poder adquisitivo logrado gracias a la pesca y el turismo, principales fuentes de recursos, a los que próximamente se les sumaría el petróleo; y también hay personas muy ordenadas en su vida privada y pública, responsables y respetuosas de las normas y muy trabajadores. Todo pese al clima adverso de las islas.
“Ves las puertas de las casas abiertas, cerrar la puerta del hotel con llave es una ofensa, he dejado documentación y dinero y no me faltó nada. Entrás a un supermercado con un bolso y no te lo sacan”, resumió Puente, quien dijo que las familias que presenciaron la carrera ofrecieron sus palabras de aliento.
Explicó que los isleños no están exentos de problemas, como la obesidad, porque al ser un clima tan inhóspito pocos practican deportes y además no cuentan con hospitales de mayor complejidad, por lo que tienen que ser derivados a la ciudad chilena de Punta Arenas o a Inglaterra. También sufren la emigración de sus jóvenes a Gran Bretaña luego de la escuela secundaria.
Al ex combatiente le llamó la atención que la mayoría de los taxis son conducidos por mujeres y que los isleños consumen mucho alcohol. No obstante, los pubs cierran a las 19.
“Tienen su propia moneda, una libra esterlina de las islas equivale a casi 2 dólares, más que la libra de Inglaterra, que sale alrededor de 1,5 dólares. Poseen su propio banco y los servicios están regulados por tarjetas con las que comprás, por ejemplo, tanta cantidad de kilowatts de electricidad. Manejan su propia economía”, dijo Puente, quien también se sorprendió de lo sencillo que se visten los isleños, pese al nivel de vida que llevan, que les permite tener buenas viviendas y manejar camionetas 4x4.
Agregó que “hay países europeos que están invirtiendo en las islas, lo que más me duele como argentino y ex combatiente es que aún no tengamos un camino firme y decidido de cómo recuperar Malvinas. Sé que nos va a llevar muchos años, pero tampoco perdamos la oportunidad de hacer negocios con las islas”.
También sintió que hay mucho resentimiento contra la política argentina. Además, dijo que en un diálogo con el gobernador de las islas éste le comentó que aún esperan una propuesta formal de la Cancillería argentina por los vuelos y el tema del cementerio de Darwin. “Él dice que está dispuesto a un acercamiento con Argentina y comprarle productos”, añadió.
Sus días en la guerra
Mario, que nació en Entre Ríos y desde el 2000 reside en San Rafael, era un militar de carrera, fue a la guerra con 18 años mientras cursaba la Escuela de Suboficiales de Infantería de Marina, participó en el desembarco del 2 de abril con el Batallón de Infantería Nº2 y permaneció hasta el final de la guerra. Estuvo destinado en la bahía Willey Reygd y desde el 1 de mayo sufrió permanentes bombardeos, “picasesos” le decían, y el 13 de junio, cerca del fin del conflicto, entró en combate directo con las tropas británicas.
Paradójicamente Mario no sufrió heridas durante la guerra, pero después estuvo cerca de la muerte en su vida de civil cuando trabajando en una cooperativa eléctrica de Entre Ríos recibió una descarga de 13.500 voltios que le quemó gran parte del cuerpo, por lo cual tuvo que ser sometido a 60 operaciones.
Fuente: Unosanrafael.com.ar


