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La mujer de 92 años enfrenta ahora la posibilidad de alcanzar lo que no pudo ante la desaparición de su hija Lila Beatriz De Marinis: justicia.

Cuenta su historia Isabel, madre del dolor que presencia el juicio a represores en Mendoza

“Cuando estaba en casa tenía miedo de lastimarse, todo le dolía.  Cuando era chiquita era muy mimosa... y todo lo que le tocó sufrir en la vida”, así recordó María Isabel a su hija en el que están imputados 10 militares retirados y ex policías de la provincia.

Muy emocionada, María Isabel, de 92 años, contó a diariouno.com.ar que buscó a su hija por todos lados, pero que los militares se burlaban de ella.
“Íbamos con mi esposo y decían ‘esta señora viene a buscar a su hija que quién sabe dónde se habrá ido a bailar’ y entonces yo lo miré y le dije ‘a mi hija la han secuestrado, no se ha ido a bailar a ningún lado’ y el tipo se puso colorado, le dio vergüenza, ese era un militar”, relató la mujer. “Se dirigió a la gente que estaba ahí y dijo ‘esta señora viene a buscar a su hija como si nosotros supiéramos dónde se van las hijas’ y yo me paré enfrente llorando y le dije ¡usted se está burlando de mí! No sé de dónde me salía el coraje y el tipo también se puso colorado, rabioso, no me contestó más nada”, sostuvo. Recordó que en su incansable búsqueda tuvo contacto con el coronel Tamer Yapur, uno de los acusados, quién le dijo que quizá se la habían llevado a Córdoba, pero en realidad no tenían ningún dato certero. A pesar de todas las personas con las que habló, los datos que siguió y las conversaciones que tuvo, desde ese 4 de junio de 1976 nunca más supo nada de su hija, nadie la vio, nadie la conoció, nadie supo dónde estuvo ni dónde ni cómo la mataron. “Es como si la hubieran borrado de la tierra, como si no hubiera existido”. “El día que la secuestraron hablaron por teléfono de parte de ella diciendo que no nos olvidáramos de darle las vacunas al nene, ese fue el único contacto indirecto”, agregó la mujer de una apariencia muy débil, pero muy fuerte en su persistente lucha por conseguir justicia. “Por conversaciones que tuve parece que la mataron rápidamente. Ojalá haya sido así pobre hija mía”, lamentó al borde del llanto. “Esperemos que llegue la justicia, todavía falta que llegue la sentencia, pero va a pasar un largo rato. He tratado de ser fuerte y llegar hasta acá, tengo 92 años, no me quedan muchos más por vivir, pero creo que me voy a ir con la satisfacción que se haya hecho justicia”. A nécdotas sobre sus otros hijos María Isabel contó que uno de sus hijos tuvo que hacer el servicio militar y fue trasladado el 31 de mayo, cuatro días antes de la detención de su hermana, a la Patagonia. Si bien el muchacho no sabía lo que había pasado, algo presentía. "Yo le mandaba cartas en las que no le contaba nada de lo que estaba pasando y le llegaban abiertas, o se burlaban de él por cómo le escribía", contó su madre y agregó "además cuando iba a buscar algún libro lo acusaban de zurdito. Lo querían hacer pisar el palito". Su otro hijo varón, Gustavo De Marinis, tamién tuvo que hacer el servicio militar y había sido trasladado a Uspallata. "Nosotros íbamos siempre a verlo porque estábamos cerca, pero un día fuimos y no lo encontraban por ningún lado y yo me puse a llorar y dije me llevaron a otro hijo. En realidad estaba escondido tomando mate", recordó con risas.

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