Junín. Vendimia Solidaria, programa de la Fundación Grupo América, y la Municipalidad de Junín le entregaron ayer una vivienda a una familia de El Martillo, compuesta por la madre de 35 años y sus hijos de 17 y 7 años. La hermana menor padece discapacidad motora severa desde que nació y ahora tiene casa propia gracias a la donación. La historia tiene varias particularidades, entre ellas que fue construida con ladrillos de plástico recuperado y que es parte de un barrio de una cooperativa integrada por familias rurales de bajos recursos.Los carriles se van tejiendo, empalmando. Angostos, primero una doble línea amarilla que alerta de la estrechez y la imposibilidad de sobrepaso. Después sólo la estrechez, ya ni líneas quedan. Mendoza debe ser la provincia de la Argentina con el entramado más complejo de caminos productivos, que no llevan a pueblos, sino a cultivos.Allí, por esos carrilles y yendo bien lejos se llega a El Martillo, paraje al sudoeste de Medrano. Viñas y más viñas. Y entre ellas, ahora y cómo pidiendo permiso, está brotando un barrio. Son 50 familias que se unieron para hacer un corte de ruta hace un par de años, reclamando por sus necesidades, y que terminaron formando una cooperativa de viviendas: El Vivero se llaman ahora.Allí, sobre una lateral del angosto y despintado carril La Legua (para las formalidades de Vialidad, la Ruta Provincial 61) va brotando un barrio. Griselda Beatriz Páez es la presidente de la cooperativa de viviendas. Le dicen la Bety y es sabido que todas las Betys son bravas. Con su empuje y el de otros 49 formaron la organización "con todos los papeles en regla y a costa de sacrificio". Y en acuerdo con la Comuna, lograron comprar dos hectáreas y media. "Nos salió $450.000. El Municipio puso $200.000 y nosotros, haciendo rifas, bingos y lo que fuera, pusimos el resto".Así, primero tuvieron la tierra. Después se unieron al programa municipal de vivienda social y lograron que se comenzara a construir las casas, mientras ellos inventaban estrategias para financiar la urbanización. "Vamos a tratar de vender uno de los 5 lotes que sobran para poder ir pagando", dice Bety. Ahora ya hay 8 construcciones avanzadas. Y hay una casa, la primera, que ya está concluida y que ayer comenzó a estar habitada.Lourdes Elizabeth Vera tiene 35 años. Vivió siempre allí, en El Martillo, entre viñedos. Entre viñas formó pareja con un contratista, tuvo a su hijo Rodrigo hace 17 años y a su hija Guadalupe hace 7. Entre hileras, Guada nació con una discapacidad motora severa. Entre parrales Lourdes se separó y se quedó sin marido y sin casa. Ahora, desde ayer, ella y sus hijos tienen casa propia. Tienen 56 metros cuadrados cubiertos, nobles y sólidos. "¡Estoy re feliz! Soñaba con que Guadalupe tuviera su casa", dice, mientras recuerda que debió dejar de trabajar cuando nació la pequeña, requiriendo su atención permanente. "Los vecinos del barrio decidieron que la primera casa que se terminara fuera para ella", cuenta.El abueloMercedes Ávila es un señor. No hay errores. Tiene 87 años, una jubilación que parece una victoria y "50 años trabajando en la finca", dice. Es el abuelo de Guadalupe. Recuerda ser puntano de origen y haber llegado a El Martillo hace medio siglo. Tiene los huesos cansados, la piel arrugada, los ojos claros y la mente fresca. Hoy también tiene una sonrisa y algunas lágrimas. "Estoy recontento y agradecido con toda la gente que se preocupó tanto. Es un sueño que se hizo realidad", dice.La realidad es esto: cocina comedor, dos dormitorios, baño completo, calefón solar, luz eléctrica, agua potable. Un patio en el fondo donde crecerán las flores. Cómo un sueño.Daniel Vila: "Queremos ayudar a resolver los problemas"Daniel Vila, como presidente de la Fundación Grupo América, acompañó ayer al intendente local en la entrega de la vivienda. Antes de los discursos, se proyectó un corto que relata la historia de un niño que se impone recolectar botellas de plástico y buscarles utilidad, luchando contra la incomprensión de la mayoría.Vila dijo que "este video me emocionó, porque sirve para representar lo que somos capaces de hacer los mendocinos, que hemos transformado este desierto en un oasis. Todo es perseverar como ese niño, que siguió e insistió hasta conseguir lo que soñaba y logró darle destino a algo que no servía. Esta es la capacidad que nos caracteriza a los mendocinos".Luego destacó la gestión del intendente Abed, que "con perseverancia, ingenio y creatividad es un ejemplo de cómo debemos ser los mendocinos. Cada vez que venimos encontramos a Junín más lindo, más ordenado. Un departamento que crece".Además dijo "agradezco desde Vendimia Solidaria a Mario Abed y a la Municipalidad por haber donado esta vivienda. Nuestro objetivo es llevar una solución a los distintos puntos de Mendoza, acompañando al Estado, y ayudar para resolver los problemas de los mendocinos"."Hacer una Mendoza mejor"El intendente Mario Abed dijo ayer que "llevamos mucho tiempo trabajando juntos y hay tantas personas por agradecer. Quiero empezar por Daniel Vila y Pamela David, por dejarme participar en Vendimia Solidaria. Hace muchos años que lo hago y he visto cómo se comparte, cómo podemos hacer un Mendoza mejor, realizar muchísimos sueños aportando un granito de arena".Además el jefe comunal rescató el acompañamiento del Concejo Deliberante en estos proyectos. "En el Municipio de Junín es todos juntos. Todos tienen sus metas, pero es todos atrás de un mismo objetivo en beneficio del departamento. Y también quiero agradecer a los empleados municipales". Además rescató el programa de Vivienda Social que, con financiación municipal, ha permitido "construir 307 viviendas dignas".Finalmente rescató que, con la vivienda entregada ayer, "ya no tendré que venir una noche de tormenta a traer nailon, sino dejar que pase la tormenta y venir a la mañana siguiente a tomar mate". Con botellas de plásticoLa casa fue construida con ladrillos fabricados con botellas de plástico, que primero fueron molidas y que luego formaron parte de una argamasa compuesta por 70% de plástico y el 30% restante de arena, cemento y agua.Daniel Azcurra es diseñador industrial y fue motor de este tipo de construcción. "Esto es parte del programa Junín Punto Limpio, que comenzó en 2012 y que como primera etapa se dedicó, con un convenio realizado con Coca Cola, a recuperar el plástico y transformarlo en mobiliario y juegos, que se llama Plaza de la Felicidad", explicó.En 2015 Azcurra promovió la idea de construir ladrillos con ese plástico. "Comenzamos a averiguar y, a través del Conicet, logramos que nos transfirieran la tecnología y creamos un ladrillo adecuado a la zona, adaptado a la geografía, el clima y la sismología de la región", agregó.Cada ladrillo, de medidas convencionales, insume un promedio de 28 botellas molidas y es totalmente térmico, aislante, no absorbe humedad ni salitre, es acústico e ignífugo.Fuente: Diario UNO de Mendoza


