Por Marcela Furlano
De 72 chicos (de 0 a 4 años) fallecidos en el 2010, 31 murieron por atragantamiento, 17 ahogados y 13 por causas relacionadas al tránsito. La falta de supervisión de un adulto puede ser fatal.
Anoten los padres: el atragantamiento es la principal causa de muerte de niños menores de 4 años en Mendoza

Los accidentes son la primera causa de muerte en niños de 0 a 4 años en nuestra provincia, el país y los países desarrollados. Con lo cual erróneamente puede pensarse que la fatalidad o el destino marcan estas estadísticas, pero lo triste de estas muertes es que son casi 100% evitables.
Los últimos números en nuestra provincia son del año 2010 (datos aportados por el Programa de Prevención de Accidentes de la provincia y el Departamento de Bioestadística del Ministerio de Salud), donde se consigna que 72 niños cuyas edades oscilaban entre los 0 y 4 años fallecieron a causa de accidentes. De los 72 pequeños, 31 murieron por atragantamiento –también incluye casos de broncoaspiración (ver recuadro aparte)–, 17 por ahogamiento (asfixia por inmersión) y 13 en accidentes viales. Tres causas absolutamente prevenibles.
Ese segundo fatal
Darle un caramelo a un chico menor de 4 años parece inofensivo (ver recuadro sobre las causas de atragantamiento), y lo mismo sucede con dejarlos “un minutito” solos en la bañadera o la pileta cuando suena el teléfono.
La doctora Élida Vanella, jefa de terapia intensiva del hospital Notti, recuerda que “la mayoría de las víctimas por ahogamiento en piletas familiares fueron vistas dentro de la casa minutos antes del accidente y la mayoría no tenía rejas rodeando la pileta o no funcionaba la traba para cerrarla. También es común que se ahoguen en piletitas inflables. Por lo tanto siempre que exista un niño en la pileta debe haber un adulto responsable cuidándolo, ya que un descuido de un solo minuto puede ser fatal” (ver recomendaciones aparte). En las zonas rurales, los niños también mueren por ahogamiento, pero en estos casos al caer a acequias o cauces de riego.
El médico de guardia del hospital pediátrico Humberto Notti Raúl Chinigioli habla de la negligencia de los adultos en muchos accidentes de tránsito. “Por un lado está el mal manejo, algo de lo cual Mendoza no es la excepción, basta con ir a la zona de alta montaña y ver que pasan autos en doble línea amarilla como si nada. El problema de estos conductores es que creen que por delante sólo tienen el porvenir, y cuando lo que se pone por delante es un niño, la vida les cambia para siempre, no sólo si fallece, que es lo peor de afrontar, sino que muchas veces puede tener lesiones de por vida”. Y agrega: “La guardia está llena de personas que creyeron que las tragedias siempre les pasan a los demás, que a ellos nunca les iba a pasar. Ese exceso de confianza o negligencia es la causa de muchos accidentes, no sólo viales, sino por intoxicaciones por ingesta de productos que están al alcance de los chicos (por ejemplo lavandina en envases de gaseosa) o quemaduras porque el niño derrama agua hirviendo de una olla ubicada en una de las hornallas anteriores de la cocina.
Lesiones, no accidentes
A tal punto ha llegado esta situación que los pediatras (testigos en las guardias de la tragedia que vive una familia cuando un niño muere en un accidente), atentos a ese factor de previsibilidad, han cambiado la manera de referirse a estos episodios. Tanto es así que la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) cambió el nombre de la Subcomisión de Prevención de Accidentes por Subcomisión de Prevención de Lesiones, aclarando que no se trata sólo de una cuestión semántica.
Ingrid Waisman, presidente de dicha subcomisión, afirma que “la palabra accidente significa ‘lesiones provocadas sin intencionalidad que ocasionan daños a las personas y que ocurren en forma brusca o imprevista’” con lo cual otorga un matiz de inevitabilidad a estos episodios, cuando en realidad se sabe que la mayoría de ellos son evitables.
Afirma la doctora Waisman que “organismos internacionales de prestigio han dejado de utilizar el término ‘accidente’ para referirse a las lesiones no intencionales”, considerando que el uso preciso del lenguaje “apoya la comprensión de la real significación de los eventos. Las lesiones de todo tipo: en el hogar, en la escuela, en el tránsito, se pueden prevenir”, dato fundamental si se recuerda que en la Argentina durante 2010 fallecieron 10.376 personas por lesiones no intencionales, de las que una cuarta parte eran niños y adolescentes.
Se pueden evitar y se evitar
Si bien el número de fallecimientos de menores de 5 años en la provincia no ha sufrido un incremento significativo, evitar una sola muerte de estos chicos hace la diferencia.
De allí que resulten alentadoras las experiencias realizadas en los municipios de La Paz y General Alvear. El primero, por ejemplo, tuvo 8 fallecimientos en el '98, 6 en 2000 y ninguno en 2010. En el extremo opuesto están Guaymallén, Las Heras y Maipú, cada uno con 10 fallecimientos en 2010.
General Alvear también redujo la mortalidad, de 12 en el '99 a 2 en 2010. La doctora Gladys Fernández de Magistocchi, jefa del Programa de Prevención de Accidentes, considera que estos logros se debieron a la capacitación de muchos agentes en primeros auxilios, ya que la causa principal de esas muertes era la obstrucción de la vía aérea.
Estos ejemplos prueban la eficacia de los trabajos preventivos que se han hecho desde el mencionado programa junto con los centros de salud, el hospital Notti y la Fundación Prevenir Mendoza, que han dictado numerosos cursos de primeros auxilios, fundamentales a la hora de reducir este problema.
El compromiso del personal sanitario y docente (a través de cursos de capacitación) es esencial, pero también deben estar presentes los padres o los adultos que están a cargo del cuidado del niño aportando vigilancia permanente, porque, como dicen los pediatras, “un segundo de descuido puede resultar fatal”.
Cómo evitar que los chicos se atraganten
El atragantamiento fue en el 2010 la principal causa de muerte en niños menores de 4 años en nuestra provincia, que incluye casos de broncoaspiración (paso accidental de alimentos sólidos o líquidos a las vías respiratorias, lo que puede causar asfixia). Esto, sumado a que los niños más pequeños conocen los objetos porque los tocan y se los llevan a la boca, hace que se deban tener en cuenta las siguientes recomendaciones.
El bebéSostenerlo semisentado cuando se lo alimenta en brazos, para evitar que tome mucho aire.
Asegurarse de que eructe periódicamente para que libere el aire que queda atrapado en el estómago y no salga la leche ingerida.
Mantener al niño semisentado cuando termina de tomar el biberón.
Al acostarlo (boca arriba) en la cuna no debe haber juguetes, cobijas o almohadas en exceso, para evitar accidentes.
Si el bebé está enfermo, revisarlo con mayor frecuencia, sobre todo después de la alimentación o de que tome algún medicamento.
Niños hasta 5 años
Evitar que jueguen con objetos pequeños, de 5 centímetros o más chicos (botones, bolitas, pilas pequeñas, juguetes con piecitas desarmables).
No premiar a los niños pequeños con monedas.
Evitar darles caramelos, maníes y golosinas duras a los niños pequeños (hasta los 4 años).
Evitar que jueguen con bolsas de nailon.
No permitir que se pongan globos en la boca.
No permitir que corran o salten con comida en la boca.
No provocar su risa o su llanto con comida en la boca (no es momento de hacer bromas o enojarse con ellos). Enseñarles a no hablar o reír con comida en la boca.
No darles alimentos pequeños y duros (semillas).
Quitar las semillas de las frutas que ingieren antes de ofrecérselas.
Andador: sin ventajas y riesgoso
El doctor Raúl Chinigioli afirma que muchas veces a la guardia llegan niños con serias lesiones porque se han caído del andador.
En primer lugar el doctor Chinigioli afirma que el andador no presenta ventajas a la hora de favorecer el aprendizaje de un niño para caminar, ya que con los miembros inferiores hace un movimiento más que de marcha, como si “remara”, con lo cual cuando los padres lo sacan del andador le cuesta mucho más pararse y caminar, porque tiene que “desaprender” el modo de andar que había adquirido.
Sostiene el pediatra que además con el andador el bebé no pasa la etapa del gateo, en la cual con los movimientos propios de esta actividad el niño fortalece su columna.
Caídas
Pero lo más peligroso del andador es el riesgo que tienen los pequeños de sufrir una caída, que a simple vista un adulto puede minimizar pero que puede ser severa. “El problema es que con el andador el bebé adquiere mucha velocidad y con cualquier desnivel o obstáculo, cae e impacta de cabeza”, afirma el doctor Chinigioli y agrega que en los chicos mayores hay otro tipo de caída que también puede provocar lesiones serias: caerse desde la cucheta alta.
Lo que sucede es que cuando se produce la caída de la cama los chicos están dormidos, entonces el impacto es fuerte porque ni siquiera tienen el reflejo de proteger el rostro con las manos. El modo de solucionarlo es sencillo: la cucheta de arriba sí o sí tiene que tener baranda.