Por Paola Alé
Hace exactamente 19 años, a fines de mayo de 1993, monseñor José María Arancibia llegaba para hacerse cargo de la diócesis de Mendoza. No imaginaba entonces las mutaciones que se vivirían en la sociedad al final de su prédica como obispo. Es que hace un mes, luego de haber cumplido 75 años, Arancibia presentó su renuncia como lo indican las leyes de la curia. La fecha coincide casi con la celebración de sus bodas de plata como obispo. Hoy, mientras espera que el papa Benedicto XVI apruebe su jubilación, dice que quiere seguir trabajando en pos de la Iglesia de la que forma parte. Si bien los cambios sociales han sido vertiginosos y las conquistas de los derechos de las minorías la han dejado un poco desactualizada, para monseñor Arancibia en la Iglesia católica se vive un proceso de apertura. “Hoy, la iglesia quiere ser menos clerical que antes”, afirmó.
Diario UNO lo entrevistó en compañía del obispo auxiliar Sergio Buenanueva, quien si bien no lo sucederá directamente, es su colaborador más cercano en la conducción de la Arquidiócesis provincial.
–¿Cuáles son sus planes ahora que termina su etapa como obispo?Arancibia: –Estoy pensando qué haré cuando el Papa acepte mi renuncia, primero tiene que designar un sucesor. El obispo saliente puede elegir a dónde quiere ir y qué va a hacer. Por lo general, los obispos jubilados ayudan en las parroquias y en las capellanías. Uno se jubila en el cargo, pero nunca como hombre de Dios.
Buenanueva:–Algunos siguen colaborando mucho con la Conferencia Episcopal Argentina.
–¿Cuál es la función de cada uno dentro de la Arquidiócesis de Mendoza?B:–Nos repartimos la presencia en las parroquias, en los colegios y en el contacto con los equipos de trabajo. La diócesis tiene más de 20, los seguimos de común acuerdo. Mendoza es muy grande que requiere una gran presencia ministerial.
A:–Tenemos la ayuda también de otros sacerdotes que son vicarios generales (Daniel Forconesi y Gerardo Aguado). Con ellos formamos un equipo con el que vamos pulsando semanalmente la vida de la diócesis, son mi “gabinete”, nos reunimos dos o tres horas cada semana y preparamos las decisiones.
B:–Además, nos dedicamos a dar clases.A:–En mi caso, este es el primer año que tengo algunas horas de Teología moral. (Arancibia dio clases en el profesorado de Ciencias Sagradas, en el que se estudia para dar catecismo en las escuelas). Pero el oficio de obispo requiere mucho tiempo y esfuerzo, dar clases en un instituto con horarios es muy difícil, tenemos que atender aquí.
–En el contacto con los católicos mendocinos, ¿cómo ven la situación de la Arquidiócesis? ¿Qué es lo que la gente reclama más?A: –Los cristianos sienten su fe cuestionada, atacada. Esta no es una época en la que ser católico sea fácil y tenga el apoyo de todos. De todas maneras, lo que más nos alienta es que hay gente que quiera transmitir su fe, catequistas auxiliares, misioneros, jóvenes compartir su fe con otros. En Mendoza, por ejemplo, hay 160 sacerdotes y religiosos, 56 diáconos, 700 ministros de la Eucaristía –son quienes llevan la Comunión a los enfermos, entre otras actividades– y un ejército de catequistas, matrimonios y animadores.
B: –La preocupación que yo noto, y veo como sana y positiva, es la de los adultos por los jóvenes y los niños, en cuanto a la transmisión de la fe. Y a veces, nos lo dicen como un reclamo.
–Así como los docentes han tenido que modificar su rol en una sociedad más compleja, ¿el rol de los sacerdotes también ha cambiado, se ha hecho más contenedor?A: –En los últimos años, la Iglesia ha hecho una gran tarea para adaptarse a los cambios en la sociedad. Nuestro rol es sostener la fe de la gente en un mundo, donde la familia se siente cambiada, sacudida. En un mundo donde la gente vive hechos de violencia, la Iglesia intenta cortar ese proceso con la seguridad que da Jesús. Contener no es suficiente. Vivir bien y en paz es más que contener.
B: –La sociedad está siendo más plural pero esto también le ayuda a la Iglesia a ubicarse en su misión específica. Para la Iglesia hoy la misión es dar el anuncio de Jesucristo para que se despierte la fe en la población. La fe nos enseña a vivir, este es el gran aporte.
–¿Cuál es la principal función de la Iglesia en la sociedad?A: –Nos preocupa que haya más deshonestidad, violencia, robos, corrupción... En ese proceso de transformaciones nosotros tenemos nuestro papel pastoral y espiritual. Queremos ejercerlo a la altura de las circunstancias. Nuestra principal misión siempre ha sido la misma: transmitir la fe.
B: –La crítica es un servicio que hacemos a la sociedad. En una sociedad plural debe haber una visión crítica y eso es lo que aporta la Iglesia.
–¿Cómo es la relación con el Gobierno?A: –La relación ha sido siempre cordial y de diálogo, aunque no siempre tan frecuente como uno quisiera porque el ritmo de vida es vertiginoso. Nos han consultado en temas educativos, familiares y sociales.
B: –Un gran aporte de la Iglesia es llamar la atención sobre valores morales que están en la base de la convivencia ciudadana. Acá hay un gran trabajo que hacer, la relación de la Iglesia con el Estado y la sociedad no se da sólo por el obispo y el gobernador en ese nivel, se da por los municipios, los barrios, las parroquias...
–En cuanto a las vocaciones, ¿han crecido, se mantienen, han disminuido?B: –Han disminuido de hace 20 años hacia acá. Hoy hay 25 seminaristas y hace 20 años había el doble. En el año, hubo cuatro ordenaciones. El punto es que los seminarios han elevado los niveles de discernimiento vocacional, antes era más fácil ingresar. Hoy se acompaña más a los seminaristas.
–¿El celibato es un punto conflictivo para que más jóvenes se ordenen?A: –Digamos que el celibato es parte fuerte e importante de una vocación. Gracias a Dios han crecido en la Iglesia vocaciones que no requieren celibato, como los diáconos, catequistas, profesores de religión, voluntarios para atender enfermos, ministros de la Eucaristía. La Iglesia hoy quiere ser menos clerical que antes. En eso se basa su proceso de cambio.

