Por G. F. Bazán y F. [email protected]
La Bonarda cada vez adquiere más protagonismo en la vidriera de la vitivinicultura argentina. El debate sobre si debe acompañar a la Malbec está instalado desde hace un tiempo con opiniones diversas.
Pero para aclarar mejor algunos datos sobre esta variedad, el Observatorio Vitivinícola Argentino publicó esta semana un informe completo donde refleja una radiografía de la realidad, tanto de su superficie cultivada como de la producción de uvas y el consumo de vinos en los mercados interno y externo.
El informe, titulado “Mitos y verdades del Bonarda”, estudia la evolución durante los últimos años desde 2004 hasta el año pasado y la presenta como “la segunda variedad tinta en cantidad de quintales cosechados en 2012” y aclara que la variedad debería ser llamarse Corbeau.
En el mismo se aclara que según un estudio liderado por el ampelógrafo del INTA Alberto Alcalde, sería prudente, por pruebas de ADN, llamar a esta variedad con la denominación de la uva francesa Corbeau, conocida como Douce noir. Incluso en la zona de Cuyo se la conocía como Barbera-Bonarda.
El origen de las confusiones en la denominación está centrado en su origen, ya que hay quienes aseguran que la variedad que se conoce en Argentina llegó desde el piedemonte italiano, que se denomina Bonarda Piemontese o Bonarda d’ Astigniano, hasta que el estudio del especialista Alcalde determinó que la Bonarda encontrada en el país es en realidad la Corbeau francesa, originaria de la Savoya.
La Bonarda es la segunda variedad, después de la Malbec, con mayor superficie implantada en Mendoza y la tercera detrás de la Malbec y Syrah en el país.
De racimos medianos y bien llenos, las bayas son de color intenso, negro-azuladas, esferoides, con pulpa blanda; sin embargo, su vino no suele mostrar una coloración demasiado intensa.
El resultado de sus vinos también es un tema en el que no hay homogeneidad en las opiniones, aunque cada vez son más los enólogos que defienden su altísima calidad.
Según el estudio durante los últimos años, el pico máximo de consumo en el mercado interno se realizó en el 2008, con un total de casi 36 millones y medio de litros, cayendo el 2012 con un total de 22.481.391 de litros.
En cuanto a la superficie implantada del 2004 al 2012, la evolución de las hectáreas implantadas tuvo una leve variación. Actualmente la superficie cultivada con Bonarda es de 18.743 hectáreas. Aunque en el mismo período la evolución en la elaboración de vinos de la cepa tuvo una disminución del 17%.
En tanto el consumidor tuvo un incremento excepcional del 900% en el mismo período, ya que pasó de 26.00 hectolitros en 2004 a 266.00 hectolitros el año pasado.
En cuanto a las exportaciones, los principales mercados de destino son Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Noruega, Suecia, Alemania y en América Latina, Brasil, Perú, México y Paraguay, que creció notablemente durante el 2012.



