En las multicolores tiendas de alimentación que rodean el centro comercial Bugis Junction de Singapur, uno puede encontrar chocolates llegados de todas partes del mundo, caramelos a base de durian, esa fruta que enloquece a locales y espanta a turistas, aderezos para sopas... pero lo que no hallará en ninguna estantería son chicles. Y es que el país prohibió la goma de mascar (la importación, fabricación y venta) en 1992. ¿Por qué? El argumento fue el nulo civismo de los consumidores: algunos los usaban para boicotear el sistema de transporte pegándolos en las puertas automáticas de los trenes, impidiendo su cierre.El coste de despegarlos era elevado, lo que llevó a las autoridades al extremo. Solo pueden consumirlos aquellos que cuenten con una orden médica.
Una lista con algunas de las cosas más insólitas a la hora de restringir acciones
Las prohibiciones más raras en el mundo
