Lo que en algún momento era impensado hoy es una realidad. Las plazas, esos grandes espacios al aire libre para todos, donde juegan los pibes del barrio, las mamás llevan a sus hijos y las parejas se dan cariño están comenzando a ser lugares enrejados.
Tienen rejas o cierre perimetral. Cuentan con guardia de seguridad, en algunos casos con garita y todo.
Espacios públicos enrejados o cómo hacerle frente al vandalismo
Ante el vandalismo y la inseguridad, al parecer, no queda otra. Uno de los primeros casos fue el de la plaza Libertador, más conocida como Biritos, en Godoy Cruz, a una cuadra de calle San Martín.
Sus rejas son bastante gruesas y durante el día los portones, no menos gruesos, están abiertos. Pero en horas nocturnas los accesos se cierran y con un guardia que queda a cargo. Nada de placeros.
Es que después de reparar numerosas veces el mobiliario del paseo público, fue la única manera que encontraron las autoridades para evitar que el lugar quedara a merced de los vándalos que rompen todo de manera inexplicable o que se convierta en un fumadero de marihuana.
Otro espacio que debió apelar a este mismo recurso fue El paseo de los Artesanos, en Guaymallén, por los mismos motivos. Pero aún así sufren roturas y robos.
Incluso en el Parque Metropolitano de Maipú el municipio tuvo que instalar dos barreras que lo hacen asemejarse, sólo asemejarse, a la entrada de un country y, de esta manera, cerrar el parque por las noches para evitar daños, delitos y suicidios.
Cierta vez pude conversar con el intendente de Maipú, Alejandro Bermejo, sobre el tema y fue muy contundente: “Hay gente que rompe todo, juegos, baños, cartelería y hasta los picos de riego por aspersión, sólo por hacer daño, ni siquiera para robárselos” dijo.
Lo llamativo es que en el Metropolitano los daños también se hacen de día.
En octubre del año pasado se instalaron aparatos en dos pistas de salud que tiene el parque. En menos de una semana la mitad estaba roto.
Y la calesita integradora de la plaza departamental no llega a estar más de un día en funcionamiento sin que alguien la rompa.
En Ciudad, dos plazas ubicadas en el Parque O’ Higgins, cerca del acuario municipal, se mantienen impecables. Regalan una de las mejores postales de domingos soleados con los juegos llenos de chicos y los padres tranquilos tomando mate o conversando.
Claro, esto sería imposible si no estuvieran enrejadas, decisión que tomó el intendente Víctor Fayad desde el vamos. Y no porque sea más inteligente que otros, sino porque sabe cuáles serían los resultados en esa zona si durante la noche quedara abierta al público.
Ahora bien, ¿Qué es lo que hace que mucha, pero mucha gente, destruya lo que es de todos y brinda un servicio a la comunidad?
¿Lo hacen por diversión, por instinto, por bronca, por impunidad, por las ganas de hacer daño, por ignorancia, porque están intoxicados?
Si hay algún psicólogo; docente; antropólogo; especialista en seguridad, funcionario de paseos públicos o “un conjunto interdisciplinario de profesionales” (como les encanta decir a los polìticos) que entienda el problema, por favor que me lo explique. Porque yo no lo entiendo.
El autor es periodista, jefe de Noticias en UNO Digital.En Twitter: @gzlponce


