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domingo 06 de mayo de 2018

R-Ladie, la organización que llegó a Mendoza para acercar la tecnología a las mujeres

La iniciativa tiene su referente local en una futura doctora en ingeniería. La idea es incluir a minorías en el manejo de este lenguaje de programación en contextos cómodos y amigables

Crear una atmósfera saludable, un ambiente amigable en donde todos puedan sentirse cómodos y seguros es, en parte, uno de los objetivos de la comunidad R-Ladies, una iniciativa de programadoras a nivel mundial que busca la inclusión de la diversidad de género en ambientes como los de programación, que en su mayoría han sido siempre copados por los hombres. Este proyecto global ya tiene su pata en Mendoza de la mano de una futura doctora en ingeniería.

R es un lenguaje de programación gratuito y libre, usado sobre todo para análisis de datos estadísticos. Como lo explican oficialmente, "la misión de R-Ladies es lograr una representación proporcional, alentando, inspirando y capacitando a personas de géneros que actualmente están subrepresentadas en la comunidad de R".

"El enfoque principal de R-Ladies es apoyar a las personas de géneros minoritarios, entusiastas de R, para lograr su potencial de programación, construyendo una red global colaborativa de líderes, mentores, aprendices y desarrolladores de R para facilitar el progreso individual y colectivo en todo el mundo", explican como una de las misiones de la organización.

Ana Laura Diedrichs (32), ingeniera en Sistemas de la Información egresada de la Universidad Tecnológica Nacional y becaria doctoral del Conicet, es quien trajo a Mendoza esta iniciativa global y quien estuvo al frente de los encuentros en los que las minorías les dijeron sí a las tecnologías.

–¿Cómo surgió la idea de traer R-Ladies a Mendoza?
–Hace tiempo venía plantéandome el tema de todas estas iniciativas de género porque dentro de lo que es la comunidad tecnológica siempre hay menos participación de la mujer, o pasa que no se animan a participar.

–¿Qué es R?
–Es un lenguaje de programación abierto y es muy utilizado en el ámbito científico y de la estadística, y yo lo venía utilizando. Empecé a averiguar qué había y me di cuenta de que existía R-Ladies a nivel global y que es algo que está bastante organizado. En base a eso, arranqué e hice una encuesta para ver a quién le interesaba y me respondieron como 50 personas que estaban usando R.

–¿Cuál es el objetivo de R-Ladies?
–Busca la inclusión de la mujer y también de los géneros menos representados. La idea es que las charlas que se den en los encuentros sean dictadas por algunos de estos géneros minoritarios. Eso no quita que los hombres puedan participar. Lo que se busca es que no se llegue a un lugar y sean 20 hombres y 2 mujeres. Las normas de conducta que se impulsan son para tener un ambiente seguro, libre de acoso, de violencia y para fomentar y empoderar a la mujer.

–¿Cómo fueron los primeros encuentros?
–R-Ladies hace reuniones informales, libres y gratuitas. La sorpresa mía cuando arranqué fue que varias personas me dijeron que no se animaban a dar charlas, que no se sentían que sabían suficiente y eran personas que tenían doctorados o maestrías, y eso fue algo que me llamó mucho la atención. Eran chicas las que no se animaban.

–Hay que romper una barrera...
–Sí, y es algo que cuesta. Yo no soy psicóloga ni socióloga y fue algo que me llamó bastante la atención. Pero si durante el año estas personas se animan a dar una charla, aunque sea, una ya puede decir que el espacio funcionó. Lo que veo es que del lado de la mujer por ahí cuesta reconocerse sus méritos.

–¿Te parece que ahora hay más lugar y más mujeres interesadas en la tecnología?
–Yo doy clases en ingeniería electrónica y ahí antes nunca había una mujer o como mucho una por año. Y este año tuve la sorpresa de que en un segundo año, o sea que hace poco que ingresaron, vi a seis chicas y me pareció muy interesante.

–¿Qué creés que falta para que se acerquen aún más las chicas?
–Me parece que falta superar cuestiones de estereotipos. Por ejemplo cuando era chica y me quise cambiar a una escuela técnica, me dijeron que eso era para hombres. Todavía hay gente que los tiene. Pero sobre todo el tema de los ambientes, que sean más amigables y amenos y que se cumplan ciertos códigos de conducta en los que todavía creo que fallamos.

–¿Eso ha cambiado en la universidad?
–Va a cambiar con el tiempo, soy optimista con eso. Ahora se corrige más, quizás antes se dejaba pasar un comentario machista y ahora no. En la facultad estaría bueno que se haga una secretaría o un lugar en el que se puedan denunciar situaciones. Si no tenés dónde denunciarlo no existe la situación. Entonces no cuento el caso y nunca pasó. Si no tomamos estadísticas no existe. Yo sí tuve situaciones cuando cursé en las que me sentí discriminada por ser mujer. Me tocó el caso de un profesor que en un grupo en el que éramos dos chicas nos dijo que nos faltaba un hombre para terminar el trabajo.
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