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"Nunca pensé que ibas a volver a abrazarme": de una nieta a su abuela

Anabel González Ocáterli le dedicó un sentido texto a su abuela y cosechó elogios en las redes sociales. Dónde consultar otros escritos de la autora

Estás conmigo.

Hace unos días, para mi cumpleaños, Marita llegó con una bolsa grande de papel madera. Adentro, algo que destapó la nostalgia como quien abre una gaseosa batida.

¿Lo hiciste vos? Me sentí honrada al imaginar cuánto le tomaría a mi tía hacer un suéter con lana tan finita. Debía haber empezado varios meses antes de mi cumple.

No es cualquier suéter. Es liviano pero abrigado, de un color que me encanta y justo del tamaño que estoy usando ahora. Oversize, le dicen.

Pero hay algo más.

No, no lo hice yo, me dijo Marita con una sonrisa gigante y los ojos húmedos.

¿Quién?

Lo terminé recién. Estaba casi listo, en una bolsa con lana entre las cosas de la abuela Elodia –se le cortó un poco la voz–. Le faltaba un poco de una manga y unirlo, nada más.

Solo pude llorar. Llorar y tratar de encontrar el olor de mi abuela en el suéter.

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Un día como hoy, hace 21 años murió Elodia.

Yo iba al secundario. A la salida del colegio adoraba tomarme el micro hasta su casa silenciosa. Pasé ahí fines de semana y quincenas de verano, leyendo de todo y escribiendo poemas a la hora de la siesta.

Elodia me enseñó a coser, a cocinar y a perdonar (su historia es más larga e intrincada que un pulóver a dos agujas).

Esa mujer, enferma de cáncer desde hacía décadas, tejía una prenda tras otra.

–Cuando viene la "quetejedi" le digo que espere, que tengo tarea por terminar.

Elodia engañó a la muerte todo lo que pudo. A sus nietes (23 y siguió sumando) e hijes (6) nos dio clases de fortaleza, hasta último momento.

Había pedido dejar el cuerpo físico en su propia cama.

Llevaba semanas en coma, con sondas, morfina y una familia despidiéndose (de ella) y reconciliándose (entre ellxs) en el living de su casa.

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Un día se despertó y parecía que había mejorado. Preguntó por vos, Anabel, dijo mi mamá, se acordaba de que era tu cumpleaños.

Cuando fui estaba otra vez "dormidita".

Abuela María Elodia Santiago. Nunca pensé que ibas a volver a abrazarme calentito, suave y largo.

Gracias por estar conmigo.

Anabel González Ocáterli es poeta, periodista y copywriter. Tiene una gran cantidad de hermosos textos que pueden ser consultados en su blog anaocaterli.com

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