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Una testigo del terror que se vivió en la dictadura militar

Marcelo Schmitt

schmitt.mareclo@diariouno.net.ar

La historia de Alicia Morales (60), sanrafaelina de nacimiento, es una más de las 30.000 experiencias que se vivieron durante la dictadura militar que usurpó al poder el 24 de marzo de 1976 tras derrocar al gobierno que encabezaba María Estela Martínez de Perón.

Madre de dos niños, Mauricio y Natalia, Alicia cayó presa el 12 de junio de 1976. Y el 26 de mayo de 1978, unas semanas antes del inicio del Mundial de fútbol, hicieron desaparecer a su esposo, Juan José Galamba.

La pareja, que se casó en San Rafael el 15 de marzo de 1974, tenía un negocio en su casa de Rodríguez 74, en la capital de la provincia, y estudiaban en la UTN y la UNCuyo.

El ingreso a la universidad y un pasado vinculado con el peronismo (su padre fue un militar que simpatizaba con el general Perón y al que lo degradaron en la Revolución Libertadora) hizo que Alicia se acercará a la Juventud Peronista, donde conoció a Juan José.

Este “pecado de militancia” le costó la vida a Juan José y el encierro por 4 años, en la cárcel de Devoto, en Buenos Aires, a Alicia. Esta circunstancia destrozó su matrimonio y, según la entrevistada, “masacró nuestro proyecto y el de toda una generación que apostaba a la igualdad de derechos entre las personas”.

El día que comenzó el dolor

El 12 de junio de 1976 es un día que Alicia y sus dos pequeños nunca olvidarán. Esa fecha fue el inicio de un camino negro, lleno de dolor que le costó la vida de su marido y 4 años de cárcel en Villa Devoto.

Esa fecha en un gigantesco operativo policial y militar se llevaron a Alicia y a los niños, a quienes después de unos días se los devolvieron a los padres de la madre.

Fue derivada al D2, donde quedó detenida hasta noviembre de ese año cuando un Consejo de Guerra, a pesar de que la Justicia federal la sobreseyó, determinó su prisión efectiva en Buenos Aires.

Allí, junto con otros miles de presos políticos, purgó una condena de 4 años encerrada en calabozos donde compartió el tiempo y los castigos con otros condenados por la misma causa: militar en una agrupación política.

Fue visitada por sus padres e hijos, pero recién el 30 de agosto de 1980 conoció la verdad del destino de su marido, a quien las fuerzas de seguridad “chuparon” semanas antes del inicio del Mundial.

Al respecto, Alicia relató que “durante mi estadía en el D2 fui golpeada pero nunca me torturaron con picana eléctrica” y agregó que “supe la verdad sobre Juan cuando salí de Devoto, porque mis padres no se animaban a hablar del tema para que yo no sufriera más vejaciones”.

El miedo continuó, “era el denominador común de esa época, la gente no se animaba a hablar y a denunciar lo que sucedía”.

Los militares y los civiles que apostaron a este sistema de represión “instalaron un esquema basado en el terror y la desaparición de la identidad para instaurar un modelo económico social muy distinto al que se desarrollaba en el país”.

Con el correr de los años, Alicia intentó reconstruir la historia de Juan José y se enteró, por amigos en común y vecinos, que cuando regresaba a su casa el 12 de junio de 1976 observó el operativo y huyó.

Nunca se imaginó que su esposa iba a ser detenida y durante dos años, hasta su detención, vivió en la clandestinidad, señaló Alicia.

Trabajó en una cantera, hizo ladrillos, sobrevivió como pudo con la impotencia a cuestas de no poder ver a sus hijos para no exponerlos.

“Nos buscaban a los dos –dijo Morales–, por eso José evitó un nuevo contacto con sus hijos, sólo les dejó una carta que recuperé 20 años después”.

En esa misiva, Galamba les pidió a los chicos perdón por no poder verlos y les deseó paz para sus vidas y un futuro en el cual no hubiera hambre y miseria.

Heridas abiertas

Alicia no pudo rehacer su vida amorosa, dedicó su tiempo a trabajar, cuidar de sus hijos, estudiar y militar en organismos de derechos humanos, donde después de muchos años encontró justicia para su marido.

Sin embargo, con los genocidas en la cárcel no alcanza, dijo, y les pidió “romper con el pacto de silencio que hicieron para saber qué pasó con los restos de todos los desaparecidos”.

Hasta enterrarlos, la herida seguirá abierta y esta etapa negra de la historia no se podrá cerrar, sentenció emocionada.

A 7 genocidas los condenaron a perpetua

El Tribunal Oral Federal Nº1 de la Ciudad de Mendoza sentenció a prisión perpetua con inhabilitación absoluta a 7 de los 10 imputados por delitos de lesa humanidad, en el tercer juicio que se hizo en la provincia. Esta pena la recibieron Juan Oyarzábal, Aldo Bruno, Paulino Furió, Armando Fernández, Alcides Francisca, Armando Miranda y Juan Garibotte, a quienes se los encontró culpables de homicidios triplemente calificados (realizados con alevosía porque sus víctimas estaban en estado de indefensión, por concurso de dos o más personas y para asegurar la impunidad). Además fueron condenados por privación abusiva de la libertad agravada por uso de violencia, imposición de torturas, asociación ilícita y robo simple y agravado.

También se condenó a Dardo Migno a 14 años de prisión por privación ilegítima de la libertad con alevosía por uso de la violencia y amenazas e imposición de tormentos; a Ramón Puebla a 18 años de prisión por delitos similares, y a 5 años de prisión a Fernando Morellatto,

Entre los sentenciados se encuentra el ex jefe de la Policía de Mendoza Aldo Bruno, quien según Alicia Morales fue uno de los responsables de la desaparición de su esposo, Juan José Galamba

Durante el juicio que se inició el año pasado, Bruno desconoció la acusación y negó saber qué pasó con Galamba y sus amigos.

Juan fue secuestrado en una casa ubicada en Villa Nueva, donde se escondía tras el procedimiento donde se llevaron a Alicia.

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Alicia con el retrato de su esposo desaparecido
Alicia con el retrato de su esposo desaparecido
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