Diario Uno San Rafael
Miguel Soler, fundador de Corazón y Voluntad, no hace distinción entre sus descendientes biológicos y los niños que pasaron por el hogar. Un homenaje para los padres en su día especial. 

El padre de los “500 chicos”

Ariel Jalley

jalley.ariel@diariouno.net.ar

El doctor Miguel Soler es una persona hiperactiva y muy ocupada, o al menos requerida. Por su modo de expresarse se puede inferir que es un hombre muy apreciado.

El neurólogo infantil junto con su esposa, María Luisa Di Chiara, emprendieron un sueño hace 30 años, cuando se casaron, pensando que algún día adoptarían otros niños. “Porque es fundamental tener una familia, un papá y una mamá. Por eso nos planteamos después de tener hijos cómo queríamos que fuera el lugar donde fueran ellos en caso de qué nos sucediera algo. Y lo que uno quiere es que quienes los reciban sean como verdaderos padres”.

Con esa premisa comenzaron con el proyecto de la obra Corazón y Voluntad, cuya sede se ubica en calle Ortubia a metros de Rawson.

Cuando se lo consulta sobre cuántos hijos tiene con su esposa, el doctor Soler dice que unos quinientos. Es que, a pesar de haber procreado hijos biológicos, esa sería la cantidad de chicos que pasaron por el hogar, y no le gusta hacer distinciones sobre unos y otros, ya que para el matrimonio todos son sus hijos.

El hogar funcionó como tal hasta el año pasado, aunque sigue realizando su tarea de contención con un grupo de profesionales que los acompañan.

Pero en el necesario enfoque sobre cómo debe ser un padre, el doctor explica que para haber podido encarar el proyecto de Corazón y Voluntad, es preciso “entender y hacer entender el valor de las personas que integran una familia, eso como base del amor necesario para conformarla; tenemos que aprender a educar a nuestros hijos en el afecto”.

“También es fundamental sentirse interiormente como el padre espiritual de los chicos que no son propios, independiente de que alguna vez hayan reaccionado mal. En esos casos son muy importantes los gestos. Los chicos son muy sensibles a los gestos. Sobre todo hay que tener mucha paciencia”.

Es algo que aplicaron desde el principio con sus propios hijos y los “espirituales”, como los definen. Estos preceptos fueron aplicados bajo los principios de una educación y formación religiosa cristiana.

Actualmente contiguo al ex hogar se erige el colegio Santa Teresita, al que concurren chicos de todas las edades que conocen la labor que llevó adelante el doctor Soler y se lo hacen saber con respeto cada vez que los visita.

En vísperas del Día del Padre, cuando fue realizada esta nota, Miguel Soler ya se encontraba con varias demostraciones de cariño y afecto, con algunos regalos, pero el mayor deseo para él es que sus hijos, “todos, este domingo se sientan queridos”.

Porque si de gestos hablamos, es el mejor deseo de un padre.

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Acompañado. El doctor Miguel Soler rodeado por un grupo de alumnos que concurren al colegio Santa Teresita.
Acompañado. El doctor Miguel Soler rodeado por un grupo de alumnos que concurren al colegio Santa Teresita.
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