Diario Uno San Rafael
Carlos Lloveras adoptó la jardinería y se propuso cuidar una plazoleta como actividad terapéutica para sobrellevar la enfermedad y en simultáneo con su trabajo al frente de PARKMEN San Rafael. 

Para luchar contra el mal de Parkinson recuperó una plaza

Ariel Jalley

jalley.ariel@diariouno.net.ar

A lo largo de la vida las personas crecen sin pensar que algo malo pueda sucederles. Por eso, es un gran golpe que una enfermedad impida hacer quehaceres y actividades diarias, tal como ocurre con las personas que padecen Parkinson, una patología neurodegenerativa, progresiva y terminal que no tiene cura.

En San Rafael existe una delegación de la Asociación PARKMEN (Parkinson Mendoza), cuyo responsable es Carlos Antonio Lloveras, que tuvo los primeros síntomas de este mal en el año 2000.

“El Parkinson –explicó– tiene una progresividad lenta y cada uno elige el camino de vida que quiere o cómo soportar la enfermedad. Siempre pensé que tengo que tratar de vivir una vida normal y convivir con la enfermedad, aceptando su severidad y las complicaciones que acarrea”.

Esta patología requiere la atención de un especialista y a la vez de otros profesionales como kinesiólogos, fonoaudiólogos, psicólogos y terapeutas ocupacionales, entre otros.

Consideró que “en el caso de los terapeutas ocupacionales es muy importante, porque todos tenemos alguna habilidad o hobby, aquello que nos pueda motivar para ocuparnos, que si bien no tendrá la dedicación plena porque tenemos limitaciones, se puede ocupar parte del día a esa tarea”.

Esto viene a colación de que Carlos vive frente a un pequeño espacio verde entre avenida Sarmiento y calle Cabildo que forma una pequeña plazoleta.

“Vi que durante muchos años nunca fue mantenida y empecé de a poco a restaurarla, haciendo todos los días un poco de jardinería. Algunos vecinos me ayudaron, al igual que comerciantes del barrio. Pero fundamentalmente me encontré con la alegría de verla prácticamente culminada, aunque todavía me faltan muchas cosas”, relató con orgullo, además de mencionar que colocó un pequeño mástil en el que flamea una Bandera argentina, donada por una vecina, precisamente en su día, cuando fue realizada la entrevista.

Carlos realizó ese trabajo a modo de terapia y, como ya indicó, para ocupar las horas del día y mejorar su calidad de vida.

Señaló que “uno cuando tiene una enfermedad como el mal de Parkinson, u otra de igual modo invalidante, lo primero que siente cuando se la detectan es depresión, porque se cree incapaz de seguir realizando lo que hacía de forma normal, más si su trabajo es un oficio. Ahí surge el interrogante de por qué no puedo seguir haciendo lo que hacía”.

Entonces “lo primero que uno tiene que reconocer es que si bien no se puede realizar todo, se puede hacer en parte u otras cosas que antes no se tenía en cuenta. En mi caso, siempre me gustó la jardinería, que nunca hice porque trabajaba como administrativo. Pero el haber empezado con la tarea de jardinería de la plaza me ha permitido tomar contacto con la naturaleza, con el canto de los pájaros y otras cosas. Es como descubrir un nuevo mundo”, ejemplificó con su caso la necesidad de buscar una actividad terapéutica para sobrellevar el mal de Parkinson.

Algunas dificultades

Pero mencionó también que al ocuparse en forma personal del pequeño espacio público se ha encontrado con la dificultad de no contar con suministro de agua para regar las plantas y árboles de esa plazoleta.

Ante ello, “he realizado la gestión ante la Municipalidad, pero ante la corta de agua y su escasez no la pueden traer, por eso llevo el agua desde mi casa con un balde, lo que supone un sacrificio para mí porque no estoy en condiciones de hacerlo con facilidad”.

Entre las mejoras que ansía realizarle a la plaza mencionó la instalación de mesas en las que se pueda jugar al ajedrez.

“La idea es que sea un lugar de esparcimiento, que esté limpia y con una buena vista para el lugar”, agregó Lloveras.

El proyecto que impulsa este esforzado hombre es mucho más ambicioso, pero no por eso irrealizable. Propone que a lo largo de la avenida Sarmiento en el costado sur, entre la acequia y el cordón, donde hay un espacio de unos tres metros, se haga un parquizado “que le daría una vista mucho más linda”.

“Incluso he pensado que sería ideal un acuerdo con la escuela de bellas artes (IPA) para instalar en ese lugar estatuas, obras de arte o monumentos”.

Un ejemplo de lucha para tener en cuenta.

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