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jueves 01 de marzo de 2018

A partir de los 8 millones de dólares sos feliz, según Harvard

"El dinero no da la felicidad" es uno de los clichés más universales que existen, pero ¿qué dice la ciencia al respecto?

Estudios anteriores mostraron que la sensación general de felicidad aumenta con los ingresos hasta más o menos los 75.000 dólares anuales. Después se estabiliza, lo que sugiere que los ricos no son necesariamente más felices. En realidad, estas investigaciones se suelen centrar en las personas que viven por debajo del umbral de pobreza, y recogen pocos datos sobre los que más ganan.

Para salir de dudas, un equipo de investigadores de Harvard Business School, la escuela de negocios de Harvard, decidió encuestar a 4000 millonarios. Los participantes, que tenían un patrimonio de entre 1,5 y 15 millones de dólares, tuvieron que evaluar su satisfacción general con la vida respondiendo a la afirmación "tras considerar todos los aspectos, estoy satisfecho con mi vida".

Lo hicieron mediante una escala de 7 puntos en la que 1 significaba "totalmente de acuerdo" y 7 "totalmente en desacuerdo". Además, se les pidió que indicaran la fuente de su riqueza para saber si era heredada o el resultado de su trabajo.

Los resultados del estudio son llamativos. En general, la aguja de la felicidad no se mueve hasta los 8 millones de dólares. Es decir, los millonarios de bajo rango (con un patrimonio de entre 1,5 y 7,9 millones de dólares) no son más felices por tener más dinero, pero los más ricos (con un patrimonio de entre 8 y 14,9 millones de dólares) sí se muestran más satisfechos con su vida. Asimismo, los encuestados que tienen un patrimonio superior a 15 millones de dólares se declararon marginalmente más felices que todos los anteriores.

Hay algo más. En términos de fuente de riqueza, los encuestados que generaron su propio dinero obtuvieron mayores puntuaciones de felicidad, lo que sugiere que existe un beneficio psicológico al construir tu propio patrimonio que no obtienes si este te cae del cielo.

En otras palabras, no tienes por qué sentir envidia cuando veas a un hijo de rico presumir de coches y yates en Instagram.

Fuente: Psychology Today
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