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Un repaso por las imágenes más recordadas de Olmedo

La sonrisa rea de Olmedo este año cumpliría 80 años –el dueño de esa marca registrada de la escena nacional nació el 24 de agosto de 1933– si una caída fatal desde el balcón del piso 11 del edificio marplatense Maral 39 no la hubiera mandado directo al arcón de los mitos. Este martes se cumplen 25 años de su muerte.

La vida del Negro ya desde sus comienzos pareció tener cierta impronta de leyenda, en la cual la vocación artística impresionaba derrotar a trompadas a la pobreza.

Alberto creció sin padre, con una madre laburadora llamada Matilde Olmedo que se ocupó de que él asistiera a la primaria nocturna, mientras el entonces chico trabajaba de “cualquier cosa”, con el escenario de un barrio rosarino marginal como telón de fondo.

Una de sus changas iniciales fue ser claque en el teatro La Comedia de su ciudad natal y quizás su temprano amor por los desafíos lo llevó a integrar un grupo de acrobacia y llegar al primer Conjunto de Gimnasia Plástica en el club Newell’s Old Boys y a la Troupe Juvenil Asturiana.

En aquel conjunto español tuvo su primer trabajo fuerte, un baile “apache” en el que aparecía vestido de mujer, junto con su amigo Antonio Ruiz Viñas (Toño). Esta dupla de compinches hizo funciones humorísticas desde el verano de 1951 y a fines del ‘54 Olmedo viajó solo a Buenos Aires con su hambre de triunfar.

Fue en otro grupo, el del elenco del programa La troupe de la TV, donde la capacidad de improvisación del actor –quien años después alcanzó 45 puntos de rating con su programa de televisión– fue aplaudida masivamente por primera vez.

El envío se emitió en 1954 por Canal 7, con dirección de Pancho Guerrero, junto con actores como María Esther Gamas, Noemí Laserre, Tincho Zabala y Rodolfo Crespi.

Aquellos estudios de televisión le enseñaron otro oficio a Olmedo que no abandonó jamás, el de “tira cables”, un trabajo habitualmente secreto que Olmedo dejó a la vista de todos al interactuar con los técnicos en muchos de sus programas.

De todos modos, su personaje del Capitán Piluso (Canal 9) originalmente para chicos, capaz de permanecer vigente por casi 20 años, lo convirtió en un compañero políticamente incorrecto para la audiencia de todas las edades.

Tal como lo describió Fito Páez –también rosarino– en el tema de Piluso, “no hay merienda si no hay capitán”, aquella criatura custodiada por su ingenuo compañero Coquito, encarnado por el actor Humberto Ortiz, autor de los libretos poco respetados por Olmedo, era el premio prometido a todos los chicos.

La capacidad de este artista de jugar con los límites se puso a prueba en mayo de 1976, cuando en plena dictadura militar inauguró su programa El chupete con el anuncio de su “desaparición física”.

Un público pedido de disculpas no fue suficiente, ya que no tuvo trabajo en la tele hasta 1978, pero es en la década del 80 cuando su programa No toca botón, dirigido por Hugo Sofovich, desplegó su capacidad histriónica en una galería de personajes que permanecen vivos en el imaginario.

El manosanta, Rucucu, Rogelio Roldán y el inolvidable sketch Borges y Alvarez, junto con el actor Javier Portales, cuyo apellido verdadero era Alvarez, fueron algunas de sus creaciones, una suerte de manual de perdedores urbanos y con tentadas en cámara.

Observador de las cualidades del argentino de barrio, supo combinar la picaresca de la calle con la mística de la escena y ciertas expresiones de sus personajes como “éramos tan pobres” son desde entonces parte del lenguaje cotidiano nacional.

Entre tiernas e inimputables eran sus criaturas, cuyas hilachas y miserias Olmedo no temía mostrar tanto frente como detrás de cámaras. Sus personajes todavía acompañan a los devotos, según pasan los años y sigue la leyenda.

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