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domingo 22 de octubre de 2017

"Hay que insistir en la aprobación de una ley de la danza"

Federico Castro. Es actor, bailarín y coreógrafo. Hizo gimnasia artística, tomó clases en el Colón y hoy dirige su propia compañía. Aquí reflexiona sobre su medio vital: el arte.

"El arte es una nueva mirada de una realidad o de un suceso. Todo lo atraviesa: la política, la economía, la educación, la vida misma", afirma Federico Castro, actor, bailarín, coreógrafo, jurado de los Premios UNO Escenario 2017 en el rubro danza.

Acaso por su naturaleza multifacética, Federico elige prescindir de las clasificaciones rigurosas al hablar de sí mismo: "No me gusta definirme demasiado. No soy de la danza, no soy del teatro, creo que con mi bagaje soy alguien que produce un hecho artístico".

Casi como quien mira rápidamente en su interior y recorre sus senderos, Federico Castro cierra los ojos. Y cuenta: "Lo recuerdo muy bien: mi primer acercamiento al arte fue a los cinco años, a través de las artes plásticas. Mi madre me llevó a un taller donde había titiriteros y hacíamos de todo".

Poco después, "en los comienzos de la crisis de la presidencia de Alfonsín", su familia se mudó a Mar del Plata. En La Feliz vivió hasta los 11 años, comenzó a tomar clases en el teatro Colón, se acercó a la gimnasia artística y a la danza en un club de barrio.

De regreso en Mendoza, escuchó el llamado del teatro. Y transitó las tablas, de manos de Marcela Montero, el Flaco Suárez, Norman Briski, Arístides Vargas.

–Pero un día volviste a la danza...
–Sí, recién a los 18. Egresé de Bellas Artes y eso me otorgó una visión bellísima de la vida a través del arte. A los 28 ingresé al ballet de la Universidad Nacional de Cuyo (UNCuyo), en donde ya cumplí una década.

–¿Quiénes fueron tus maestros o los pilares?
–En este sentido, me considero muy afortunado porque mi carrera estuvo rodeada de personas talentosas y generosas; de excelentes y grandes maestros como Vilma Rúpolo, Marcela Montero, el Flaco Suárez, Norman Briski, Arístides Vargas, el bailarín y coreógrafo español David Zambrano, con quien estuve tomando clases recientemente, entre otros tantos. Todos ellos fueron mi soporte y apoyo para crecer y continuar; al igual que mi familia.

–¿Te considerás más bailarín que actor? ¿O ambas cosas?
–Es gracioso: para los del mundo del teatro soy más de la danza. Y viceversa. Particularmente no me gustan esos conceptos. No soy de la danza, no soy del teatro. Creo que con todo mi bagaje soy alguien que produce un hecho artístico. Disfruto absolutamente de todo. En El Galpón Espacio Cultural, donde trabajo, es así: tenés de todo, y una cosa se cruza con otra.

–¿Cómo ves la educación artística en Mendoza?
–Hay que comprender que con el arte se puede enseñar, por eso defiendo la educación por el arte. No sólo para los artistas, sino para todos, para sociabilizar. Pero eso no sucede. A través del arte o la danza se pueden enseñar muchas cosas: matemáticas, lengua, física; lo que quieras. El Estado debe sostenerlo, no sacar el arte de los colegios. Por ejemplo, tenemos el museo Fader cerrado, eso no se explica. Las manifestaciones artísticas son antropológicas y eso no lo están teniendo en cuenta. En nuestro caso particular hay que insistir en la aprobación de una ley de la danza, eso no se puede olvidar.

–¿Y qué es más importante en la danza: el talento o la técnica?
–Ninguna de las dos cosas. Lo más importante es el trabajo, la constancia, la capacitación; cultivar el oficio.

–¿Tenés proyectos para este último tramo del año?
–En noviembre estreno Hembra, un trabajo que dirijo, con asistencia de dirección, con Rocío Gabrielli e interpretado por la compañía Tres Puntos, que integran Daniela Colomer, Sara Spoliansky, Romina Iniesta y Natacha Gabrielli. El 11 y 12 serán las funciones, en El Galpón Espacio Cultural. Y en diciembre, con Dante Quevedo y Favio Serenisky, presentamos Ma Ri Cón, el 9 de ese mes, también en El Galpón.

Ser jurado de los Premio UNO Escenario
"Creo que los premios son motivadores; así como los subsidios, apoyos y reconocimientos de empresas, como en este caso. De esta manera defendemos y estimulamos el arte. Por si aún no se comprende, el arte es felicidad y la felicidad genera salud. Me da mucha alegría que en Mendoza se produzca tanto; celebro la producción local de grandes y nuevos maestros. Si hay un 'pero', ese es que, a la hora de crear, hay que ser menos metódicos y más osados".

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