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domingo 19 de noviembre de 2017

"Debería haber más apoyo a la danza"

Tomás Zelaya es diseñador gráfico especializado en indumentaria y vestuario, tatuador y profesor de danza. Este año incursionó por primera vez en los Premios UNO Escenario

"Todo empezó con lo que los padres imponen", dice Tomás Zelaya y ríe con sonoras carcajadas. Es que tenía cinco años cuando sus padres lo anotaron en la Escuela de Danza IDAF, junto con su hermano Facundo. Fue allí donde se recibió de profesor de Danzas Folclóricas Argentina.

"Siempre nos pedían que zapateáramos con un solo pie", recuerda y desliza que "para orgullo familiar" hay videos que acreditan la hazaña. Esta no fue la única de los hermanos Zelaya: durante años ambos forjaron su experiencia escénica en sucesivas ediciones de la Fiesta Nacional de la Vendimia.
Durante su tiempo en el IDAF, Tomás Zelaya realizó presentaciones en Chile, Uruguay, Brasil y distintas provincias de nuestro país; e integró, entre cuerpos de baile el ballet de la Municipalidad de Capital.

Pero aunque la danza es parte de su vida, no es su actual oficio: hoy, este diseñador gráfico especializado en indumentaria y vestuario dirige La Hermandad, su propio estudio de tatuajes. Sobre estos dos ámbitos creativos, y su incursión en los Premios UNO Escenario como jurado de Danza, habla Tomás en esta entrevista.

–¿Actualmente a quién ves bailar y se te eriza la piel?
–A mi hija, Lara. Tiene cinco años y estudia danza con Verónica Alsina, en Espacio Bailado. Ahora ella es el orgullo de la familia; verla me emociona muchísimo. Además es arte por donde la mirés. Como su mamá también baila, la danza es parte de su vida cotidiana.

–¿Te quedó pendiente algún deseo?
–En la danza, poder armar un espectáculo. Realizar toda la producción, aunque sé que lleva mucho tiempo y desgaste. Pero ya llegará el momento adecuado.

–Hoy sos un reconocido tatuador. ¿A quién te gustaría tatuar?
–A una de esas personas ya la tatué: mi mamá. Y la otra será algún día mi hija, Lara. Creo que el solo pensar en eso me emociona.

–¿Cómo sos en tu estudio?
–Tal como soy en la vida: detallista. Diseño hasta el último detalle. El local es así y trabajamos de esa manera con Martín y Verónica. Queremos que la gente viva una gran experiencia desde el momento que ingresa hasta que se retira.

–¿Cómo vez los espectáculos de danza en Mendoza?
–Creo que poco a poco los elencos se están animando a la fusión. Pero aún te das cuenta, porque es muy notorio, quién es bailarín y quién actor. No hay un artista que se caracterice por dominar perfectamente las dos cosas. Se está en la búsqueda.

–¿Qué les falta a los espectáculos?
–Considero que falta mucho en los aspectos estéticos, cuidar el detalle. Falta realizar un trabajo previo muy minucioso: hacer canjes, buscar auspiciantes; ser más perfeccionistas en el cuadro a cuadro. Si bien soy consciente de que se hace lo que se puede con lo que se tiene, creo que debe haber una búsqueda mayor. Por ejemplo, casi no hay planes integrales de comunicación, con sesión de fotos, pautas publicitarias, etcétera.

–¿A qué crees que se debe? ¿A la falta de apoyo, de inversión?
–Creo que ambas cosas. Las producciones de danza invierten poco. Así no se puede montar un espectáculo de primera línea. Hay que jugársela y poner todo; tener una proyección comercial. No podés presentar algo y no tener ni un afiche digno para publicitar.
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