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Cornejo y una nueva ruptura

Por Sergio Bruni

Abogado y ex legislador

por la UCR

Con la palabra comunicamos ideas, proyectos, aspiraciones. Desde la política debemos trabajar para generar nuevos escenarios, nuevos caminos que nos posibiliten obtener mejores resultados como sociedad. Con la palabra debemos procurar transmitir nuestro pensamiento acerca de dónde queremos llevar a nuestra gente, con qué recursos, de qué manera, definitivamente plantearle a la UCR como alternativa de poder en Mendoza para renovamos la esperanza, a partir del cambio democrático.

Nada de eso sucedió, sólo el silencio y, como corolario, un nuevo quiebre.

La psicología social tiene estudiada la significación tanto de las actitudes como de los silencios. En ese marco podemos inscribir la máxima popular que manifiesta que a las personas hay que conocerlas por sus acciones más que por sus palabras…

Si seguimos en la dirección de la especulación mencionada y analizamos la actividad del presidente de la UCR Mendoza, podemos afirmar que lo conoceremos más por sus silencios y por sus acciones, que por sus definiciones políticas, las cuales se caracterizan por un sesgo de negatividad.

Ahora bien. ¿Cuál es el sentido del silencio y las acciones de Cornejo? Creemos que tienen una única dirección: “La oposición boba e irresponsable”. Oposición a la reforma constitucional; el rechazo a la apertura de los partidos políticos a la sociedad, negándose a apoyar la reforma electoral, a las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias; impugnación al voto joven, en síntesis el rechazo a un profundo cambio en las instituciones del Estado.

La actitud que le merece mayor reproche es su falta de propuestas que impulsen el desarrollo de Mendoza en términos generales. Presupuesto básico de una oposición bien entendida, esto es, aquella que se piensa como alternativa cierta de poder.

Pero por el contrario, ¿cuál ha sido su propuesta?

Un radicalismo negociador –en las sombras, nunca a la luz del día– que le permite al gobernador seguir endeudando a la provincia para aumentar la planta de personal y pagar gastos corrientes, claro está a cambio de cargos y variopintas prebendas que Cornejo ha repartido entre los punteros del partido, distorsionando en el peor sentido, lo que históricamente ha sido la UCR.

Un radicalismo claudicante que nada dice sobre la falta de gestión en seguridad, permitiéndole al Gobierno desfigurar la política de Estado, que configuró una reforma liminar para modernizar y profesionalizar la lucha contra el delito.

Un radicalismo inexpresivo que nada manifiesta sobre la crisis del sistema de salud, con hospitales públicos abarrotados y de interminables listas de cirugías programadas y muchas veces incumplidas, y una OSEP con funcionarios de altos ingresos, pero que antagónicamente presta cada día servicios más escasos y de menor calidad.

Una UCR que nada dice, tampoco, sobre el sistema de educación, que destierra el concepto de calidad e incorpora un relato falaz de “escuela inclusiva” que no es tal ya que sólo esconde el aumento de la repitencia y la deserción.

Una UCR que sugestivamente calla los millones de pesos desmesurados que le ha costado a la Provincia un Metrotranvía sin mayor significación en el transporte público, y aún no termina la doble vía a Tunuyán.

No comprendo esta lógica.

Por un lado, silencios... Que dejan hacer a un Gobierno que, con gestión deficitaria, castiga a los mendocinos, y por el otro a partir de acciones negativas para desconocer dirigentes del radicalismo con prestigio y respaldo popular como Fayad, Iglesias y tantos otros en toda la provincia.

Sin lugar a vacilaciones, Cornejo es autor principal del cuadro político deficiente y poco claro, del quebranto como deuda para con los mendocinos como partido de alternativa de gobierno, y del quebranto en la unidad de la UCR.

Sin embargo, no puedo desconocer la responsabilidad de un puñado de dirigentes de mi partido, que por complacencia, consentimiento, o temor, han sido cómplices de las acciones los silencios y de esta ruptura de la UCR.

Esos silencios corresponden a la falta de respuestas, porque no pueden explicar su adhesión incondicional al kirchnerismo y luego intempestivamente su alejamiento, e inmediato pase a la oposición feroz, que pareciera, fue más por despecho que por convicción. Como autor de ésta opinión debo decir, nobleza obliga, que sin adscribir al kirchnerismo, ni renunciar a la UCR, reconocí como positivo el rumbo, en términos generales que tomaba el país. Sin embargo también valoro la decisión de Roberto Iglesias de mantenerse incólume sosteniendo una posición principista liderando la expresión oficial de la UCR. Hoy parece que esa postura de Iglesias, aferrada a sus convicciones más profundas, le ha valido ser excluido del partido.

Otro sería el presente, si se hubiera reconocido sinceramente el error de entregar a cualquier costo a la UCR a los intereses externos de otra fuerza política, si se hubiera elegido un camino de contención de todos los sectores, si se hubiera apostado por construir un radicalismo grande y no pequeñito como el actual.

En suma, de haberle puesto coto a la insensatez, hoy evitarían llevar al radicalismo de Mendoza a la ruptura como partido y a su degradación como expresión política.

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