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domingo 12 de noviembre de 2017

Salían de la cárcel y los acribillaron a balazos en una emboscada

Las víctimas salían de la cárcel de Piñero e iban hacia Rosario. Les dispararon desde otro auto más de 20 tiros de grueso calibre.

Tres muchachos llegaron este sábado hasta la cárcel de Piñero, en Santa Fe, a buscar a un amigo que cumplía una condena por robo agravado y que desde hacía cuatro meses gozaba de salidas transitorias los fines de semana. Lo que no sabían es que, a poco de encontrarse con el convicto, sus vidas terminarían bajo balazos asesinos. Brian Alexis Rodríguez, de 24 años; Rodrigo Silva, de 15; y Alejandro G., de 22 años, arribaron al penal del Gran Rosario en un Fiat Palio patente EEI185. Allí levantaron a Javier Gaitán, de 27 años, quien así empezaba sus 36 horas fuera del penal. Contentos, los muchachos circularon por la ruta provincial 14 y luego giraron hacia el este por la A-012 con la intención de llegar a la ruta 21 y entrar a la ciudad por avenida Ayacucho. Pero no llegaron. A sólo dos kilómetros del cruce de la A-012 y la 14 un auto se les puso a la par y encerró al Palio. Después una lluvia de balazos certeros cayó sobre ellos. Fueron disparados por tres armas de distinto calibre y no fueron menos de veinte proyectiles. Gaitán, Rodríguez y Silva murieron en el acto. Alejandro G., a quien apodan "Cordobés", se salvó por poco y terminó internado en el Hospital de Emergencias Clemente Alvarez con un balazo en el cráneo. A última hora de la tarde de ayer nadie había ido hasta el centro asistencial a preguntar por él: "Entró consciente, dijo quién era y cómo se llamaba", aseguró un médico del Heca.

Según trascendió, Gaitán estaba alojado en el pabellón 3 de la Unidad 11 de Piñero y hace cuatro meses que salía los sábados por la tarde. Entonces, siempre sus amigos lo pasaban a buscar. El muchacho cumplía una condena desde hace cuatro años por robo calificado agravado, resistencia a la autoridad y abuso de armas.

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Un llamado anónimo

La policía supo de fatal incidente por una llamada anónima al sistema 911. Fue pasadas las 14 cuando la voz de un hombre alertó a la operadora que un Fiat Palio estaba detenido en la ruta 14 con gente herida en su interior y que se habían escuchado varias detonaciones. El proceso de protocolo de llamadas al 911 queda registrado con número de línea y características y ésto, de seguro, será evaluado como inicio de la investigación.

El aviso anónimo fue derivado a la subcomisaría de Piñero y cuando los uniformados de la localidad llegaron al lugar indicado donde les dijeron que estaba el auto encontraron una escena dantesca: los cuerpos acribillados y un silencio apenas cortado por los quejidos de Alejandro G., sentado en el asiento delantero del acompañante, junto al recién salido en libertad Gaitán.

Ante ello los policías llamaron al Sies y hasta el lugar viajó el móvil Nº47. El médico revisó al herido y diagnosticó un orificio de arma de fuego en cráneo por lo que lo llevaron de urgencia al Heca. Con los otros tres ocupantes ya no había más nada que hacer. Luego arribó la Policía Científica y entonces empezaron los trabajos de planimetría y levantamiento de rastros: dispersas sobre la ruta hallaron más de 17 vainas servidas de calibres 9, 3.80 y 11.25.

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Un sector "sellado"

Mientras la policía hacía su trabajo, el fiscal de Homicidios Dolosos Rafael Coria los observaba con atención después de sellar la ruta A-012 entre las rutas 14 y 21, y mantuvo el tránsito con desvíos por más de dos horas. Allí, el representante del Ministerio Público de la Acusación tomó contacto con los familiares de algunos de los fallecidos y ante la prensa sólo dijo que "en el auto donde viajaban las víctimas no se encontraron armas y no hay ningún indicio de maniobras defensivas. El joven herido está en el Heca y no se pudo tomar contacto con testigos".

La ruta provincial 14 es allí un camino gris rodeado de campos preparados para futuras cosechas. Los testigos sólo podrían ser campesinos trabajando sobre sus tractores, pero en este caso no los hubo. Tampoco hay instaladas cámaras de vigilancia que pudieran registrar el hecho, aunque alguna vez en ese cruce de ruta supo haberlas como también suele haber un móvil de la Policía Vial debido a lo peligroso que resulta el mismo para el tránsito. Pero ayer, a las 14.05, no había nada ni nadie.

En cuanto a las hipótesis que manejaba anoche la Policía de Investigaciones junto al fiscal Coria poco se pudo saber. El silencio que reinaba era el mismo que hace una semana se produjo tras el homicidio de Ramón Domingo Gómez en un hecho similar al ocurrido ayer pero sobre la ruta provincial 21, a la altura de Alvear (ver página 39). Lo único que pudieron hacer los pesquisas en entrometerse en los archivos para ver qué salía de los nombres de las víctimas y así empezar a atar cabos para llegar a los culpables.

Anotaciones históricas

En ese sentido el primer dato que anotaron los pesquisas en sus libretas es que alguien de adentro del penal pudo haber avisado de la salida de Gaitán o que los homicidas hayan hecho un trabajo de inteligencia previo hasta saber que todos los sábados a las 14 salía con el beneficio de la libertad transitoria y siempre era buscado por el mismo auto. Otro dato que engrosa la investigación es quiénes eran los compañeros de pabellón de la víctima y los posibles enemigos internos que se haya podido ganar dentro del penal.

Pero también no dejaron de ver el prontuario del convicto asesinado y así saber que su nombre estuvo mencionado en un resonante crimen ocurrido en pleno centro de la ciudad en octubre de 2009. La madrugada del domingo 12 de ese mes desde una moto vaciaron el cargador de una pistola 9 milímetros contra la fachada del canto-bar El Rey, en Urquiza al 1100. En la puerta del local estaba el hijo del dueña, Matías Fernández Vaudagna, de 18 años, quien murió atravesado por un proyectil.

La investigación del crimen puso los ojos en tres muchachos que estaban en el boliche, que participaron de una trifulca y que fueron echados. Pero cuando se iban lo hicieron con amenazas a los patovicas. Dijeron que iban a volver. Esos tres jóvenes eran Matías A., Cristian L., y Javier Gaitán.

El primero de ellos fue detenido y confesó que no fue el tirador sino quien conducía la moto, y quien ejecutó a Vaudagna fue Cristian L., pero tanto éste como Gaitán jamás se presentaron ante la policía ni fueron hallados. Por entonces el fiscal del caso dijo que se investigaba si se dictaba la orden de captura de ambos. Poco después el hermano de L. se presentó y desligó a su hermano del hecho. Manifestó que Matías A. fue con Gaitán y que la cabeza de su hermano tenía precio.

Fuente: La Capital


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