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lunes 26 de marzo de 2018

El cuerpo encontrado en las aguas de Potrerillos coincide con el de Concepción

Buzos de la Policía de Mendoza dieron con el cuerpo de una mujer dentro de una bolsa.

A pesar de la oscuridad total que no deja ver ni las manos a partir de los 12 metros de profundidad, de la inmensidad del dique, de su hondo lecho que llega hasta los 40 metros, de los 49 días que ya llevaban los restos de Concepción Arregui desaparecidos en las aguas del Potrerillos, los buzos de la Policía de Mendoza hallaron por la tarde el cuerpo de la ciudadana chilena asesinada de un tiro por su marido, Roberto Audano, quien luego confesó el crimen.

Aunque falta la confirmación científica, esto es examen de ADN, huellas dactilares y otro tipo de pruebas que den cuenta fehaciente de que se trata de Concepción Arregui, el cuerpo encontrado en las aguas del embalse Potrerillos coincide con la mujer desaparecida desde el 5 de febrero, día en que la mataron.

Hay claros indicios de que se trata de ella. Los restos fueron rescatados en la zona marcada por el asesino de la mujer, Roberto Audano, quien le indicó hace días a la policía que había tirado el cuerpo al lago señalando la zona de embalse donde había sido.

Además, el cadáver fue encontrado dentro de una bolsa. El homicida confesó que la había metido ya sin vida en una bolsa de dormir y así la había tirado a las aguas del Potrerillos.

La características de la bolsa en la que estaba envuelta, el lugar de búsqueda y el hecho de que se trata de una mujer no dejarían casi dudas a los investigadores de que es Concepción.

El hallazgo es de vital importancia para la investigación penal porque ahora los peritos podrán determinar por los estudios forenses cómo murió y en qué circunstancias.

Es sabido que ya hay un relato al respecto. El del asesino confeso y marido de la víctima, Roberto Audano, quien en detalle explicó cómo la había matado.

Pero aunque Audano haya hablado y se haya autoincriminado, igualmente la fiscalía podrá determinar ahora si es cierto lo revelado por el septuagenario homicida, quien está detenido.

Una duda que siempre intrigó a los investigadores es que Audano haya actuado solo como él mismo declaró ante la fiscalía, cuando confesó el homicidio en sede judicial.
La versión del homicida
Audano reveló ante la Justicia que el 5 de febrero pasado llevó a su esposa, Concepción Arregui, al oculista y que luego de que esta fuera atendida allí le pidió que lo acompañara a ver un terreno en la zona del dique Cipolletti.

Como Arregui se iba a divorciar de Audano y vendería la casa que ambos tenían en Las Compuertas, Luján, la visita de ver el lote era algo coherente, teniendo en cuenta que la mujer volvería a Chile, y Audano se quedaría sin vivienda y estaba buscando un lugar donde asentarse.

Según el relato del detenido, se bajaron, este se quedó unos minutos en silencio viendo el lugar y cuando vio distraída a Concepción sacó un arma y le gatilló un disparo letal.

Luego metió el cuerpo al automóvil en el que se trasladaban. De regreso, con la mujer sin vida en el auto, se detuvo en una gomería de la Rotonda de los Bomberos, en Luján, donde compro cámaras de ruedas de camión, las que se llevó infladas porque las utilizaría luego para deshacerse del cadáver.

De madrugada, Audano enfiló para el dique Potrerillos. Cubierto por la oscuridad de la montaña a esa hora, y según su propio relato, metió el cuerpo de su esposa, Concepción, en una bolsa de dormir, le ató un balde con piedras, lo amarró a las cámaras infladas y lo lanzó al agua, lo que implicó que él también se metiera.

Una vez en el espejo de agua, tajeó las cámaras para que se desinflaran y el peso del balde se las llevó junto con el cuerpo.

Él se dejó unas cámaras infladas de las que se agarró para volver a la orilla y así regresar a su casa.
Pocas horas pasaron cuando los familiares de Concepción, que viven en Chile, empezaron a comunicarse con Audano porque no ubicaban ni podían contactar la mujer.

Este les dijo que ella lo había abandonado, que se había ido de la casa, que él la dejó en la terminal de ómnibus y que no la vio más.

El 10 de febrero, Audano denunció a la Justicia que su esposa estaba desaparecida.

Rápidamente su relato empezó a naufragar por todos lados. La Fiscalía de Homicidios comprobó por Migraciones que la mujer nunca había salido hacia Chile.

También corroboró por los sistemas de seguridad de la terminal que la mujer nunca había pisado ese lugar el 5 de febrero.

En cambio, descubrieron que el GPS del teléfono celular de Audano lo ubicaba en Potrerillos el día del crimen. En un allanamiento, hallaron sangre en el vehículo del matrimonio, lo que selló la suerte del marido de Concepción, quien terminó confesando el asesinato.

Acusación. Tras confesar ser el autor del crimen, Roberto Audano fue imputado de homicidio agravado por el vínculo. El agravante prevé en el Código Penal la pena única de prisión perpetua en caso de condena.
Domiciliaria. Audano tiene 70 años y por lo tanto, según la ley, cuenta con el beneficio de cumplir su arresto e incluso la condena en prisión domiciliaria. Por ahora está en la cárcel.
De por vida. Si el marido de Concepción Arregui es sentenciado a perpetua será literalmente de por vida, ya que este tipo de condena exige un cumplimiento mínimo de 35 años de prisión.
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