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domingo 05 de noviembre de 2017

Cómo fue el intento de robo que terminó con el homicidio de un carpintero

Este sábado, un comerciante fue asesinado por dos delincuentes que buscaban una suma que había cobrado la víctima por un trabajo

Juan Carlos Moya (61) nunca imaginó que un comentario dicho al pasar, sobre un trabajo que acababa de cobrar, terminaría acabando con su vida. Ayer el hombre fue asaltado por una dupla de maleantes que apenas ingresó a su casa le reclamó "los $20.000 que cobraste". En el forcejeo, esos ladrones le dieron dos disparos y le provocaron la muerte allí mismo.

El sábado era día de descanso para el carpintero que vivía con su familia en Gutemberg y Victoria de Guaymallén. Por eso cuando cerca de las 16 golpearon a su puerta, quien abrió fue su hijo, un joven de 34 años. En el umbral de su casa estaban dos hombres, uno de ellos de unos 50 años, que preguntaron por Moya diciendo que iban a buscar un presupuesto que el carpintero debía entregarles.

Tal vez por la edad de los supuestos clientes y por la tranquila forma en que se presentaron, su hijo nunca desconfió de la versión que daban y los dejó ingresar.

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Todo cambió cuando cerraron la puerta. En segundos uno de los falsos clientes sacó un arma y obligó al joven a tirarse al piso, mientras su cómplice fue hasta la habitación en donde descansaba Moya.

A los gritos lo despertó exigiéndole la plata que había cobrado el viernes por otro trabajo.
–"No tengo plata", insistió una y otra vez la víctima, pero no le creyeron.
–"Sabemos que cobraste ayer", le refutaron los asaltantes.

En medio de la discusión el carpintero se abalanzó sobre el que empuñaba el arma y allí comenzaron a forcejear. En medio de esa pelea cuerpo a cuerpo, el delincuente efectuó dos disparos que impactaron en el tórax y la ingle del desafortunado carpintero.

Desesperado su hijo también se trenzó a pelear con uno de los asaltantes y logró arrebatarle el arma, lo que hizo que ambos delincuentes salieran corriendo de la casa y detrás de ellos corriera también el hijo de la víctima.

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Según los vecinos, el joven les disparó para detenerlos, pero no lo logró.

Cuando regresó a su casa, el muchacho comprobó que su padre había muerto por los disparos que había recibido.

En el momento alguien llamó a la policía, pero cuando llegaron los efectivos sólo encontraron a la víctima fallecida en su habitación y los casquillos que probaban los disparos que se habían efectuado.

Entre los vecinos hay quienes los vieron correr. Ellos aportaron que ambos asaltantes llevaban puestos guantes, con lo cual se dificultaba un poco más el trabajo de Científica para encontrar huellas en la casa asaltada o en el arma usada.

El hijo les entregó el arma homicida, una pistola 9 milímetros que ahora es peritada para averiguar su procedencia. Se cree que los asesinos se movilizaban en un Ford (no está claro el modelo) blanco.
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