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Un tema que aún está calentito

Por Manuel de PazColumnista de UNO

En la mañana siguiente a la última repetición de la Fiesta de la Vendimia, el Gobierno (sea del signo que fuere) debería presentar a la ciudadanía un primer detalle acerca de cómo fue invertida la plata de los contribuyentes en la principal celebración popular de los mendocinos.

Desde hace varios años, los gobiernos se vienen haciendo los sotas y el periodismo tiene que hacer malabares para obtener esa información, que es pública pero que sin embargo es brindada a cuentagotas y a medias. O directamente soterrada (en este último caso, por defección periodística).

¿Para qué querés ese dato?Encima, la prensa tiene que pasar por el cedazo de funcionarios de tercer o cuarto nivel que hacen todo lo posible por desalentar el legítimo interés de la prensa en llevar esos datos a sus lectores, oyentes o televidentes.

Como ya se dicho en estas columnas, la razón principal para que esto ocurra hay que buscarla en el decaimiento que hay en la civilidad a la hora de pedir explicaciones sobre el destino que se le da a su plata, es decir, la que cada uno de nosotros paga por impuestos, tasas o servicios.

¿Yo qué?Los ciudadanos parecen haber perdido la noción de que ellos son los mandantes, pero que por una cuestión práctica la ley manda delegar la administración de la cosa pública en manos de los mandatarios, esto es, los políticos elegidos por el voto popular.

La Constitución ordena (no sugiere ni recomienda, ordena) la difusión de los actos de gobierno y de todo lo relativo al uso de los dineros públicos.

Este concepto debería recitarse como una letanía en los colegios secundarios y ser además un tema obligado de las ONG que defienden los derechos civiles.

No me hagás reírQuien sea gobierno está obligado a transparentar su accionar. Ésa es una de las esencias de la democracia.

Esencia que lenta pero implacablemente muchas administraciones vienen dinamitando.

La función de contrapoder que cumple la prensa no es un invento de ninguna “corpo”, sino algo que forma parte del ideario republicano y liberal de todas las constituciones democráticas del mundo desde hace más de dos siglos.

Aún está tibioVolvamos a la Fiesta y aprovechemos que el tema está aún calentito.

Así como decimos que al otro día de haber terminado la Vendimia tendríamos que estar rindiendo cuentas a la ciudadanía de lo gastado, también, ese “día siguiente” tendríamos que iniciar los preparativos para la Vendimia del otro año.

En una interesante entrevista a Carlos Marcelo Sicilia, que se puede leer en la edición de hoy de Diario UNO (ver Escenario), ese “animal de radio” dice que una de las falencias que observa hoy en su profesión es la falta de profesionalismo, de cultura. Ése no sólo es un problema de la radio, la TV o los diarios. Es un problema que se extiende como una plaga a las más diversas actividades.

La onda murciélagoFalta de profesionalismo en una fiesta de nivel internacional como la Vendimia es, por ejemplo, la forma en que se programaron las repeticiones.

Parecería que fue a la que te criaste, a las apuradas, sin horarios bien preestablecidos. A fines de enero aún no se cerraban los contratos con la mayoría de los artistas, una tarea que debería estar pactada seis meses antes.

¿No te gustan los “nocheros”?Como resultado, por ejemplo, Los Nocheros salieron a actuar casi a las tres de la mañana y terminaron a las cuatro y media.

¿Se puede hacer eso en un teatro griego que está en medio de los cerros, con un número musical que atrae a familias con niños, donde las temperaturas nocturnas suelen bajar notablemente, y donde a las cinco de la mañana ya es muy difícil encontrar un taxi o un micro?

¿Se puede cambiar el horario de presentación de un artista unas horas antes del show?

En la segunda repetición, los que tenían entradas compradas para escuchar a Fito Páez se enteraron de que el show del rosarino no sería después del espectáculo vendimial, como ha ocurrido siempre, sino antes de Vendimia mágica de piedra y vino, poco después de las 21.30, con lo cual muchos no alcanzaron a llegar para verlo.

Tiene nombreEso, insisto, se llama desprecio por el profesionalismo.

La Fiesta de la Vendimia, por la envergadura que ha adquirido y la repercusión internacional que posee, debería ser un mecanismo de relojería.

Y eso se logra con mucho tiempo de preparación, además de con rigor profesional y talento.

Esperame dos horitas

Vayamos, si no, al Carrusel, que este año empezó con casi dos horas de atraso. ¿No es eso maltrato al público?

Preguntémonos también si es necesario contratar a 1.000 bailarines y actores cuando en otros años se han hecho fiestas magníficas con la mitad de personas. ¿Y todas las posibilidades que hoy da la técnica para poblar un escenario tan grande como el del Frank Romero Day?

La última preguntaAdemás, ¿qué es eso de que, terminada la puesta en escena, los artistas se demoran el tiempo que quieren en el escenario saludándose unos a otros y felicitándose por lo realizado.

En el mundo del espectáculo, el que felicita es el espectador con su aplauso.

Está probado que una de las cosas que más emociona al público es cómo se despiden los artistas al terminar la representación. Eso también es algo que debe medirse al milímetro. Nadie debe estar un minuto de más en el escenario, porque entonces se rompe la magia. La despedida de actores y bailarines debe estar pensada para dejar con gusto a poco. Con ganas de querer ver más en la otra Vendimia.

Acá no sólo los artistas se niegan a dejar el escenario, sino que además lo copan como espectadores privilegiados cuando entran las estrellas.