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Un menú de clase

Carina Pérezperez.carina@diariouno.net.ar

A los 14 años, Matías Alcaraz tiene una rutina diaria similar a cualquier adulto, en cuanto a la disponibilidad de tiempo: muy temprano parte hacia los talleres de la escuela técnica, que lo obligarán a comer fuera de casa, luego cursa las materias teóricas por la tarde; al término de la jornada escolar, practica junto con su grupo de amigos salto en bicicleta y fútbol; los sábados aprende inglés en una academia privada y ya prepara la previa de Historia que le quedó del ciclo lectivo 2012.

“Comer en la escuela es caro y no es rico, pero si no puedo salir, me compro una ensalada de frutas que a mí me gusta, si no vamos al centro a comer un pancho”, relata mientras empieza a subir las escaleras para entrar al colegio Pablo Nogués.

Se ríen sus compañeros al ver que es entrevistado y alguno de ellos cuenta, en general, su misma experiencia, pero ni él ni ninguno de los 33 compañeros del 2º 8º pueden decir que llevan viandas con comida casera de casa.

“Y a veces, el año pasado cuando iba a primero, pero casi siempre me las olvidaba”, agrega Matías. Este es un solo caso de los cientos de chicos que a diario almuerzan fuera de sus casas a causa de las actividades escolares, “picoteando” lo que pueden hasta la hora de la cena.

Sólo los matriculados en este tipo de colegios suman 30 mil alumnos, según cifras oficiales de la DGE, pero son muchos más los adolescentes que no vuelven a sus casas a comer porque tienen contraturno o algunas materias, como gimnasia, muy cerca del mediodía si van por la tarde.

A sus obligaciones diarias, también debe sumarse que los chicos empiezan a ser más independientes y son ellos los que eligen qué comer. Por eso, la formación de hábitos desde temprana edad es clave para que ejerzan ellos mismos el cuidado de su alimentación, para una vida saludable.

Desde el Servicio de Nutrición del Hospital Notti, la licenciada Susana Ruiz hace hincapié en la importancia de no saltearse ninguna comida, en particular, el desayuno porque de lo contrario, se llega al almuerzo con un hambre feroz, puerta de entrada a los atracones.

“Los adolescentes tienen mayor independencia a la hora de decidir qué comer, muchas veces saltean comidas o son muy selectivos, otras comen fuera de casa y esto lleva a tener una alimentación deficiente en nutrientes fundamentales para su desempeño físico e intelectual.

Una situación que se presenta con frecuencia es que no desayunen y esto implica que comiencen el día sin la energía necesaria para rendir a nivel académico o a nivel físico si realizan ejercicio y para cubrir los requerimientos que un cuerpo en desarrollo necesita. Desayunar permite llegar al almuerzo con el apetito justo, lo que beneficia el buen funcionamiento del cuerpo”.

Si bien la alimentación saludable es necesaria en cualquier etapa de la vida, en la adolescencia adquiere mucha relevancia, ya que en esta etapa el chico crece rápidamente, se terminan de formar sus huesos, tomando la altura que tendrá para el resto de la vida. En este sentido, uno de los problemas es la poca ingesta de lácteos en Argentina: en diciembre pasado el Centro de Estudios de Nutrición Infantil (CESNI) presentó un informe sobre el tema que reflejó que 9 de cada 10 adolescentes no alcanza la recomendación de tres porciones diarias de lácteos, y el 72% de los niños de entre 5 y 12 años.

“El calcio es un mineral que se necesita en mayor cantidad en este período debido al crecimiento y es que en esta etapa, el cuerpo absorbe y deposita calcio en los huesos para el resto de la vida. Los alimentos donde lo encontramos son la leche, el queso, el yogur y en preparaciones que los contengan. Si no forma parte de la alimentación diaria del adolescente, es muy probable que padezca osteoporosis en la adultez”  explicó Ruiz.

Cabe preguntarse qué pasa en el tiempo si la mala alimentación continúa, cómo afectará el desempeño en el colegio.

En este punto, Alejandra Moor, jefa de la Dirección de Higiene de los Alimentos y una de las responsables de promover las meriendas saludables en los quioscos de las escuelas, incluso para niños celíacos, apunta en su explicación: “Si la mala alimentación de un adolescente se prolonga, seguramente tendrá menos rendimiento académico y físico porque no está recibiendo alimentos de alto valor biológico. Ojo, no estamos diciendo que por  comer hamburguesas un chico se vuelve tonto o que con tanta cantidad de comida chatarra, se es menos inteligente, pero, sin dudas, que si no come todo lo necesario rendirá menos en el colegio, tendrá menos concentración”.

Por eso la especialista insiste: “El hábito alimentario se forma desde el momento en que se le da el pecho al bebé y desde entonces, ofreciéndole proteínas de la leche, la carne, buena cantidad de frutas y verduras, a la hora de elegir qué comprarse, seguro buscará algo más sano”.

Insisten en la merienda

Alejandra Moor adelantó que retomarán la iniciativa de los quioscos saludables en las escuelas, ya que tras el primer impulso, la medida quedó desactivada.

Según la funcionaria,“el trabajo estará centrado no en prohibir la venta de golosinas o gaseosas, pero sí solicitar que el quiosco tenga un predominio de alimentos saludables. Además, introdujimos la necesidad de que tengan alimentos libres de gluten para los celíacos”.

Agregó que la merienda saludable no debe ser una imposición, “sino actuar con criterio: si un chico come una vez por semana un snack, no es grave. Intentemos que de los cinco días de la semana, al menos tres, coma algo sano”, cerró.

Persiste la obesidad en niños pequeños

Cada medición de peso y talla en chicos de escuelas primarias repite la historia todos los años: hay más niños pequeños y muy probablemente, ellos sufran el mismo problema al llegar a la adolescencia.

El Programa de Sanidad Escolar examinó en el 2012 a 9.740 alumnos de 165 escuelas en 12 departamentos de la provincia. Del análisis de la información nutricional, se observa la clara tendencia que tiene el aumento del sobrepeso y la obesidad en niños en edad escolar, 17% de sobrepeso, 14% de obesidad; mientras que el bajo peso es del 2%, riesgo de bajo peso 11% y normal del 57%.

Por los datos arrojados, Ana Houdek, titular del Prosane, explicó que armarán un proyecto de capacitación nutricional destinado a padres.

“Nos apoyamos en las experiencias de talleres para padres, en los que se ve como una necesidad sentida el saber qué comer,cómo cocinar si la dieta es cara, si tienen que hacer una comida especial al niño obeso, etc.

La especialista indicó que produce desorientación tanta información publicitaria totalmente contradictoria, movida sólo por intereses económicos: “Por un lado, se ofrece comida con alto contenido en calorías, grasa, azúcares y sal (comida chatarra). Y por otro, dietas con productos light, dietas mágicas, otras con alimentos caros y desconocidos por la gente, pastillas, aparatos para bajar de peso sin hacer esfuerzo físico”.

A la par, cada vez son más evidente las consecuencias de la obesidad a través de estudios epidemiológicos de las enfermedades degenerativas de los adultos, en los países desarrollados y en vías de desarrollo  (enfermedades cardiovasculares, cáncer, obesidad, diabetes, hipertensión y otras), por lo cual surgieron muchas medidas preventivas en edades tempranas de la vida.

Es así como año tras año, se dan a conocer comunicaciones científicas sobre la importancia de la alimentación del niño, en prevención del desarrollo de enfermedades para una mejor calidad y años de vida.

Según opina Haudek, “la alimentación incide en el crecimiento y desarrollo físico, haciéndolo más armonioso; en la actividad del individuo, posibilitándola o limitándola e, incluso, en el rendimiento escolar y laboral”.

Pero otro elemento insoslayable en este análisis, para los especialistas en nutrición, es que la alimentación de las personas está muy influenciada por la accesibilidad a determinados nutrientes, la situación económica de las familias y también la presión de la publicidad para el consumo de determinados productos alimenticios.

Por este motivo, la titular del Prosane asegura: “Todo esto trae como consecuencia la adopción de estilos de vida no saludables por la población, como una alimentación cuyo aporte calórico excede las necesidades y el aumento del sedentarismo (horas sentados frente al televisor, computadoras, videojuegos) trayendo como efectos adversos a largo plazo en el adulto, enfermedades crónicas no transmisibles”.

La alimentación, por ser una actividad voluntaria y consciente, es susceptible de ser modificada a través de la educación. Está limitada por diversos factores socioeconómicos, culturales y políticos.

Las situaciones alimentarias críticas son susceptibles de mejorarse a través de acciones de educación bien planificadas y desarrolladas, ya que en todos los grupos y en todos los niveles socioeconómicos, existen creencias y hábitos alimentarios erróneos susceptibles de cambiarse.