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Un cura quedó involucrado en 8 casos de acoso sexual en un colegio

La revelación realizada ayer por La Capital de los casos de acoso sexual y abuso de autoridad en laparroquia "Nuestra Señora de Pompeya" tuvieron rápida confirmación. Previo al inicio de la misa de

la mañana, un sacerdote se paró en el altar de la iglesia de Mendoza 5160 y, ante varias decenas de

fieles, pidió "perdón a Dios, a las víctimas, a las familias de las víctimas y a la comunidad", y

confirmó los detalles del caso publicados por este diario en la edición del domingo. También confió

que "Dios nos dé la suficiente lucidez para perdonar".

Fue una mañana agitada en la parroquia. Las puertas se abrieron poco antes de las 10 y cuando

la sala donde se iba a impartir la misa del domingo estaba con la mitad de los asistentes, el padre

Félix, ayudante del párroco, se dirigió a los presentes: "No podemos comenzar la misa sin hablar de

lo que salió publicado hoy en el diario La Capital: Las denuncias contra el hermano Reynaldo.

Después de haber tomado conocimiento en aquel momento de los hechos (por los) que responsabilizaban

al hermano Reynaldo, puntualmente acoso, acoso sexual y abuso de autoridad, se tomaron las medidas

correspondientes, y mientras tanto el Arbozispado de Rosario le levantó las licencias

eclesiásticas".

Proceso abierto

El padre Félix también confirmó que la orden a la que pertenece el sacerdote abusador le pagó

un resarcimiento moral de $ 200 mil a un docente que figura entre sus víctimas, tal cual lo había

detallado ayer La Capital. "Es verdad, la congregación consideró que era necesario ese

resarcimiento económico a una de las víctimas. Eso es una situación que así lo consideró y se hizo.

Bueno, queremos ciertamente pedir perdón a las víctimas, a las familias de las víctimas y, en

especial, queremos pedir perdón a la comunidad, esta comunidad de la familia que a raíz de los

actos, de las conductas indeseables y no queridas de este hermano sacerdote, ha causado daño

(sic)".

"Vamos a hacer esta eucaristía pidiendo perdón a Dios, porque los sacerdotes estamos llamados

a ser modelos de conducta, modelos de vida y a veces tenemos que enfrentar situaciones como estas.

Dios nos va a dar la fortaleza, nos va a dar la suficiente lucidez y de un modo especial un corazón

misericordioso para perdonar, para que se perdone también. Bueno, en ese contexto queremos ofrecer

esta eucaristía", sintetizó el padre Félix.

A renglón seguido, y ante un auditorio en el que reinó el silencio, destacó que desde ese

momento "no pudo celebrar eucaristía, confesar ni administrar los sacramentos". También detalló que

el Arzobispado le pidió a la Congregación, por ser sacerdote, iniciar un proceso canónico, que

todavía está abierto. "Y directamente dispuso que el padre Reynaldo tuviera un año sabático, con

acompañamiento psicológico y espiritual".

Sanar las heridas

Una vez iniciada la ceremonia religiosa continuaron entrando feligreses, aunque la

sala no llegó a llenarse. Mientras el monaguillo decía su discurso, los fieles no se inmutaron,

salvo una señora que movía insistentemente su cabeza hacia los costados en señal de negación o

rechazo. No quedó claro si a la publicación de La Capital o a los casos de abuso del padre

Reynaldo.

Durante la ceremonia, el cura párroco Zanier en ningún momento hizo mención explícita al

escándalo. Justo ayer se celebró el segundo domingo de Cuaresma, un tiempo de "conversión", en el

que el hombre pasa de la "oscuridad a la luz".

En un pasaje, el cura se refirió a que "hay momentos en que el hombre atraviesa por la

oscuridad, las dudas, los pecados, y necesita la ayuda de Cristo para ver la luz". Entonces pidió

que Cristo ayude a conducir la congregación y "sane sus heridas", frase que repitió varias veces

durante la misa.

En el sermón también se hizo tiempo para criticar a los gobernantes argentinos, porque cada

vez "producen más pobreza y marginación" y no se olvidó de orar por otros hermanos, "los del vecino

país de Chile".

El discurso, de unos pocos minutos, fue pronunciado mientras el sacerdote principal, Fernando

Zanier, aguardaba parado en la otra punta de la iglesia, de espaldas a la puerta, preparado para

entrar y comenzar la misa.