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“Si la ley minera no tardaba 5 años, hoy los trabajos estarían en el 90%”

Por José Luis Verdericoverderico.joseluis@diariouno.net.ar

Durante una hora y media pude conversar con tres Víctor Fayad en el piso más alto de un coqueto edificio de Ciudad. El primero, de voz serena aunque esforzada, y rostro relajado, asomó mientras miraba la cordillera a través de un amplio ventanal. Habló de cómo se recupera de la operación de pulmón a la que fue sometido en febrero, cuatro días después de cumplir 58 años, y que le hizo perder más de diez kilos, lo que salta a la vista; de su fe en Dios y de su convivencia con Virginia Kugener, su madre, quien a los 92 años lo espera para almorzar, mira los noticieros, opina de política y lee “hasta las necrológicas” de los diarios.

La segunda versión del Viti elogió a Paco Pérez, dijo que le gusta su estilo “tan movedizo y trabajador”, pero su gesto se volvió un rictus cuando manifestó su temor de que “no se atreva a hacer todas las transformaciones que tiene pensadas”.

El del final fue el Fayad que conocemos todos: el apasionado de la política que habla fuerte y alza el índice cada dos por tres y se sienta en el borde del sillón, el crítico de los que “demoraron cinco años la minería en Mendoza”, el de las frases que siempre dan para títulos de los diarios, el de la daga siempre lista para Cornejo y el que se abuenó con su discípulo Roberto Iglesias para encarar un nuevo proyecto político.

De cómo están su salud, la política y la minería

–¿Cómo está después de la cirugía?

–Estoy bien, pero ves qué delgado estoy, me cuesta recuperar peso, perdí más de diez kilos y como dice (el médico Claudio) Burgos: el posoperatorio de pulmón es el más prolongado y el más doloroso. Pero bueno, voy saliendo, me cuesta un poco recuperar el aire, pero camino, estoy bien... Respirar cuesta. Ahora tengo que engordar.

–¿Qué lo mandó al quirófano?–Me encontraron una burbuja en un pulmón. Fue producto del cigarrillo. Llevaba 44 años fumando y no fue gratis. Yo no me sentía bien, tenía decaimiento, inapetencia, bueno, el organismo avisa. Esto fue al regresar de Estados Unidos, donde estuve en las elecciones. En diciembre ya supe lo que tenía. No quise operarme ahí por las fiestas y porque mis hijos ya tenían las vacaciones programadas, y como era algo de lo que no me iba a morir al otro día esperé hasta después de mi cumpleaños. Pude haberme operado en Buenos Aires o en Houston, pero confío mucho en los médicos de Mendoza. Le agradezco al equipo de Burgos y a todos los que rezaron por mí. Volveré a la actividad en la comuna durante los próximos días, a razón de dos o tres horas diarias, que es lo que aconsejó Burgos, que sabe que soy un obsesivo del trabajo. Estoy ansioso por volver.

Le agradecí a la Presidenta, que se preocupó por mi salud y al propio gobernador, que fue a visitarme una noche al hospital al final de una jornada de trabajo, tan movedizo y trabajador que es (el gobernador).

–¿Le gusta el estilo de Paco? –Creo que es buena persona. Está en todas, es obsesivo y está en todos los detalles, somos bastante parecidos. Las cosas le podrán salir bien o mal, pero nadie podrá decir que es un flojo, que no trabaja ni se preocupa. Le tocan tiempos difíciles. Hoy, gobernar para nada es ganarse simpatías, sino todo lo contrario. Tengo esperanzas de que produzca un montón de cambios, pero también el temor de que no se atreva a hacer todo lo que él pensaba hacer.

–¿Le preocupa que no pueda hacer o que no lo dejen?–Las dos cosas. Él conversaba mucho conmigo acerca de los planes que tenía, de transformación en serio y yo creo que él tiene todavía la buena intención de ejecutarlos. Me decepcionaría si no lo hiciera porque un gobernador no puede ser uno más, no puede estar nada más que para pagar sueldos, todos los años en conflicto con la sanidad, por ejemplo, más allá de la legitimidad.

Gobernar es mucho más que pagar sueldos y él no se puede resignar a eso. Para eso, que cualquiera sea gobernador. Hay una gran voracidad sectorial y un gobernador no debe conformarse con pelearse con Raquel Blas y con AMPROS. Cuando el Pilo Bordón dejó (la gobernación, en 1991) había un déficit de $500 millones, no era nada; creo que (Felipe) Llaver lo había dejado en $200 millones, pero hoy el déficit es una cosa que no se puede creer. ¿Qué pasó? Entonces uno repasa y se da cuenta de que no tenemos nada: ni la energía, ni los bancos provinciales, no tenemos nada, no tenemos la plata que nos pagaron, ni un solo centavo. A veces se ha reprochado, como ejemplo lo digo, que Santa Cruz sacara del país dinero de sus regalías, ojalá los mendocinos hubiéramos hecho eso: ¡tendríamos 800 o 900 millones de dólares! ¿Qué pasó con esa Mendoza? ¿Qué pasó con la minería? ¿Sabe cuántos años estuvo la Legislatura para aprobar ese proyecto? Cinco años. ¿Sabe cuánto costaba entonces la tonelada de potasio? 900 dólares ¿Sabe cuánto cuesta ahora? 390 dólares. Si hubieran impulsado la ley el ritmo de obra habría sido distinto: hoy los trabajos estarían terminados en el 90% y vas a ver vos si se iban (por la minera Vale). Pero hacemos todas las cosas mal, demoramos todas las cosas, debatimos todo eternamente, somos la provincia del no se puede hacer, del no te animés.

–Y por qué ocurre eso?–Porque hay una mediocridad absoluta, no me refiero sólo a la dirigencia política: hay empresarios que tienen ideas más claras, la dirigencia gremial toma cada vez más lo que pueda para su sector. Entonces estamos llorando, antes por la promoción industrial que ya no está más ¿y por qué vamos a llorar? ¿A quién le vamos a echar la culpa de nuestras ineptitudes? Ahí está lo de la minera Vale, con mano de obra y empresas locales, y acá pidiéndole que hiciera siete escuelas, un tren y una estación en cada ciudad, y centros de salud, ahí está: los bolsiquearon. Más allá del afán de lucro de la empresa, que primero quiso diferimiento de IVA, bueno, eso en la Argentina no lo tiene ningún sector, después quisieron pagar los impuestos con bonos a valor nominal –esos que valen $3,50 que se los tomaran a $100–. Bueno, no, tampoco caprichos. Discutimos todo el tiempo por todo: la minería, la Constitución, con el tránsito... El mendocino primero dice que no, después a lo mejor piensa y si se da cuenta de que estaba errado no lo reconoce porque le da vergüenza revisar una posición. Hay que cambiar actitudes culturales porque esto desalienta a la dirigencia política y empresarial.

Stop. Fayad se reclina en el sillón y bebe hasta la última gota de agua fresca del vaso. Mientras cambia el aire, mira de reojo cómo finalmente Adela saca de la sala a Poker, un bulldog francés que no paró de olfatear el bolso del fotógrafo. A sus espaldas, el anochecer cubre la montaña. “Sacáme bonito”, le dice al reportero gráfico que se va. “¿Eso lo grabaste también?”, me sonríe. Dos picardías marca Viti.

–Yo no digo minería sí, digo sí minería cuidando el ambiente, por supuesto. Yo no he visto a nadie con una remera que diga “Quiero minería contaminante”, por Dios, a quién se le ocurre. Lo que sé es que los mendocinos cerraron un debate sin haberlo abierto por una elección: había una audiencia pública, iba uno que no sabe nada de minería con una guitarra y le cantaba a la Pachamama, pero después todos quieren más seguridad, más hospitales, más planes, más inclusión, más educación... ¿Y de dónde quieren que salga todo eso? ¿De la Pachamama? Vayan a pedirle todo eso a la Pachamama entonces.

–¿Que un gobernador tenga más tiempo para gestionar, previa reelección, puede ser clave? –Eso lo he pensado un montón: si un gobernador es bueno cuatro años son pocos, pero si es malo son una eternidad. Siempre he pensado lo mismo. Todos los cargos electivos de Mendoza tienen reelección menos el de gobernador y eso me parece tremendamente injusto. No crean que es darle cuatro años más a un gobierno, sino la posibilidad de competir, porque el pueblo tiene que votar. Se debe habilitar el mecanismo de la reelección una vez.

–¿En qué coincide con Iglesias?–Tenemos una visión idéntica de la situación de la UCR. Creemos que es un esquema agotado, que el cornejismo expresa el bastaradeo de la militancia, del esfuerzo y las condiciones para llegar a los cargos. Ha llenado las listas de punteros de dudosa capacidad o de capacidad no tan dudosa, sino de incapacidad absoluta. Hay una seguidilla de figuras políticas agotadas, no porque sean malos en su permanencia, sino que son malos en lo que hacen. Otra vez sopa van a decir, otra vez (Juan Carlos) Jaliff que no tiene un mérito, ni antecedente ni base electoral en el primer distrito al que pretende representar. Jaliff no representa al radicalismo de la Capital, que gobierna , sacó el 57% de los votos y no pudo postular a un legislador que defienda el Presupuesto provincial. Estamos convencidos de que hay que inducir un cambio cultural fuerte y defender a Mendoza de nosotros mismos que frustramos una pretensión detrás de otra.

Sueldos públicos y el caos vialFayad enciende una lámpara de pie para ganarle al anochecer. Me mira y le pregunto qué opina de los reclamos estatales por los salarios.

–Más de lo mismo. Esto es: no me gusta lo que gano, pero nunca pienso en irme del trabajo ni en buscarme otro, sino en que me paguen más porque soy genial, adentro del Estado porque afuera no sé.

–¿Cómo se termina con el caos del tránsito en el ingreso al centro?–Todos los accesos son a la Capital, así que no entiendo a los intendentes del Gran Mendoza porque ellos también tienen que ver. ¿Viste lo cargados que vienen los accesos Este y Sur? ¿Y el Corredor del Oeste? Cuando los autos entran a Capital, es como si se mudaran a tu casa a 70 personas cada día.

–¿Archivó la idea de limitar el ingreso de autos por número de chapa?–No, pero si me convocan a una mesa de trabajo desde la Provincia, podremos ver esa posibilidad... Si no hay sintonía y no se arreglan los problemas estructurales, no habrá solución. Y encima, los mendocinos, que queremos entrar con el auto hasta cuando vamos a la galería Piazza...