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Reforma de los liceos militares

Por Emilio Luis Magnaghi*Especial para UNO

*Director del Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa Nacional “Santa Romana”

El 9 de setiembre del 2012, en un artículo en este mismo diario (“La buena política que nos interesa a todos”), reflexionaba a raíz de la lectura del último libro de Jorge Castro La visión estratégica de Juan Domingo Perón (Ed. Distal), sobre la evolución que ha tenido a lo largo de la historia el pensamiento político y estratégico en nuestro país.

Dice Castro en su libro:

“Lo más importante del pensamiento de Perón no es ideológico sino estratégico”. Es en la acción –como fue el abrazo de Perón y Balbín–, donde el estadista deja de lado la ideología, para ponerse al servicio del interés general de la Nación. Y me viene a colación, porque en toda resolución política debemos saber diferenciar entre lo ideológico y lo estratégico, a fin de distinguir entre un verdadero estadista y un político del montón.

Recuerdo que en 2006, cuando hubo un intento de cambiar la estructura y los contenidos educativos de los liceos militares, el ingeniero Julio Cobos, conocedor del tema, expresó a las más altas autoridades nacionales los argumentos por los cuales debían mantenerse los contenidos curriculares de los mismos y para alegría de tantos ex liceístas y de toda la sociedad que manifestaba su preocupación, el presidente Néstor Kirchner hizo dar marcha atrás a esa reforma haciendo primar la racionalidad y lo verdaderamente estratégico, sobre las causas ideológicas que seguramente habían inspirado la medida.

“Un liceísta volverá a conducir Mendoza”, titulaba el diario Los Andes, casi cinco años después –el 11 de setiembre del 2011–, antes de las elecciones. Uno, ingeniero y radical, Roberto Iglesias; el otro, abogado y peronista, Francisco (Paco) Pérez y el tercero, licenciado en administración de empresas y demócrata, Luis Rosales.

El primero había cursado en la Universidad Tecnológica y los otros dos en la Universidad Nacional de Cuyo. Pero más allá de sus diferencias políticas y vocacionales, sus historias personales tenían un punto en común: los tres habían pasado cinco años de sus vidas en el Liceo Militar General Espejo.

No está de más recordar que otro ex liceísta e ingeniero, Julio Cleto Cobos, fue también gobernador de nuestra provincia y vicepresidente de la Nación.

Sorprende la amplitud y diversidad de criterios, que son sin duda producto de una formación que les ha enseñado, desde muy temprano, el ejercicio de la libertad intelectual, el respeto a la dignidad humana y a reconocer al otro como persona, con todo lo que ello significa. Valores estos, tan escasos en nuestro país y por cuya ausencia tanto sufrimos.

Mendoza no es una excepción en esto. Los liceos militares han dado a la Argentina hombres de prestigio que se han destacado en todos los ámbitos del quehacer nacional público y privado. En sus aulas se han educado y formado presidentes constitucionales, senadores, diputados, gobernadores de provincias, intendentes, empresarios, investigadores, científicos, jueces y fiscales. Los hay de todos los partidos y las visiones políticos. Esta es una evidencia irrefutable de la amplitud de pensamiento que transmite esta institución.

Los liceos militares, como institutos de enseñanza secundaria de excelencia han tenido un exitoso desempeño desde la creación, en 1938, del liceo militar General San Martín en la provincia de Buenos Aires. A este, le siguió en 1944 el General Paz en Córdoba y luego en 1947 el General Espejo en Mendoza, el mismo año en que fue creado el Liceo Naval Almirante Guillermo Brown. Así fueron sumándose los liceos militares en diferentes provincias argentinas: Santa Fe, Tucumán, Salta, Chubut, Misiones. La Fuerza Aérea también tiene su propio liceo militar.

Países hermanos de la región tienen liceos militares. Brasil, Paraguay y Uruguay, por nombrar sólo aquellos que acompañaron a nuestro país desde el principio en el esfuerzo de integración regional, los tienen y gozan de un enorme prestigio.

En el Brasil hay doce liceos militares que, como los nuestros, poseen una calidad excelente, baste decir que están a la cabeza en formación académica de la educación pública, muy por delante del 99% de las escuelas públicas, según informes del IDEB 2011 (Índice de Desenvolvimiento da Educação Básica), el principal indicador de calidad de la educación del Brasil.

La nueva resolución que ha emitido el Ministerio de Defensa de nuestro país pretende eliminar de los liceos militares la formación con orientación en Defensa Nacional, que les permite a los mismos la preparación de oficiales de reserva de nuestras Fuerzas Armadas. De la lectura de esa resolución se desprenden, en unos casos, sólo argumentos ideológicos y en otros, un desconocimiento absoluto de la realidad educativa y formativa de estas instituciones.

Cabe destacar que los liceos militares no tienen como premisa principal la de transformarse en centros de reclutamiento de los institutos militares, sino que su función última y trascendente, como ampliamente lo demuestran los hechos, es la de formar hombres y mujeres libres, con una capacitación académica de excelencia y con un profundo conocimiento de los valores nacionales, despertando en ellos la conciencia sobre la necesidad de la defensa nacional, para que luego, se integren a la sociedad desde la vocación profesional o técnica que libremente elijan.

Nos preguntamos, a la luz de tantas evidencias en contra, por qué esa resolución ministerial describe a los liceos militares como “colegios elitistas”. Y nos preguntamos también, si es posible aludir en sus considerandos al Protocolo Facultativo de los Derechos del Niño (ONU) que establece, en su artículo 1º que: “los Estados partes adoptarán las medidas posibles para que ningún miembro de sus fuerzas armadas menor de 18 años participe directamente en hostilidades”.

¿Cuándo en nuestro país han intervenido en hostilidades, menores de 18 años provenientes de liceos militares? ¿Qué tiene que ver esto con nuestros liceos militares?

Como egresado del liceo militar General Espejo, de Mendoza, puedo asegurar que los liceos militares no obligan, adoctrinan o inculcan al alumno una determinada orientación o personalidad, lo que se denomina “ethos”, hábito o costumbre adquirida –y que maliciosamente relacionan algunos con el ámbito militar–. Por el contrario, lo que se observa en la formación que imparten es el respeto a la democracia, la ley, el orden y la disciplina. Es por esta razón –por la apertura intelectual y el respeto a las decisiones personales que a lo largo de la historia han transmitido a sus alumnos– que han sido siempre muy pocos los egresados de los liceos militares que siguen la carrera militar.

Sólo el acotado pensamiento ideológico de cualquier signo, que tanto daño nos ha hecho, intentando terminar con cualquier vestigio de educación para la defensa, de amor a la patria y la formación de reservas que tanto necesitamos y, con ello, romper el último vínculo de unión de las fuerzas armadas con la comunidad, puede ser capaz de esgrimir argumentos absurdos, que ofenden la inteligencia no sólo de cuantos sentimos el orgullo de haber cursado nuestros estudios en uno de estos institutos, sino también a la de los padres que confiaron, confían y seguirán confiando en ellos.