Diario Uno País
Este viernes se cumplieron 50 años de la publicación de la obra que revolucionó la literatura en habla hispana. 

Rayuela y ese medio siglo jugando con Julio Cortázar

“A su manera este libro es muchos libros, pero sobre todo es dos libros”. Así empieza el Tablero de Dirección que abre Rayuela, la obra que revolucionó la literatura en habla hispana con su publicación en nuestro país hace hoy medio siglo.

Conferencias, debates y lecturas del texto conmemoraron esta semana en Buenos Aires el aniversario de la obra más emblemática de Julio Cortázar, que inicialmente pensó en titularla Mandala.

“Será una especie de bomba atómica en el escenario de la literatura latinoamericana”, escribía, a punto de terminar la novela, Cortázar a su representante y traductor, Paul Blackburn.

El 28 de junio de 1963 esta “bomba atómica” llegó a los lectores de la mano del editor Francisco Porrúa (Sudamericana) y sacudió la literatura hispana como prólogo del “boom latinoamericano”, que marcó el fenómeno editorial del continente entre 1960 y 1970.

Julio Cortázar (Bruselas 1914-París 1984) es entonces un escritor vanguardista, traductor de la Unesco, con dominio del inglés y el francés, instalado en París desde 1951 y admirador de la revolución de Fidel

Castro como años más lo será del sandinismo en Nicaragua.

“Tuvo muy clara su misión desde temprano. Construyó un lenguaje que hoy hablamos y escribimos los argentinos”, señala Josefina Delgado, escritora y directora de la Colección de Protagonistas de la Cultura Argentina. Cortázar empieza a gestar su “antinovela” mucho antes de su publicación. Ya en 1949, en una reseña de Adán Buenosayres, de Leopoldo Marechal, advierte: “Estamos haciendo un idioma

(...). Es un idioma turbio y caliente, torpe y sutil”.

“Me propongo empezar por el final y mandar al lector a que busque en diferentes partes del libro, como en la guía del teléfono”, escribe en 1960 a su amigo Jean Bernabé.

Rayuela es una “novela de vanguardia” y Cortázar “está convencido de que constituye un giro en la tradición occidental, como refleja su correspondencia con Porrúa, y goza de que pueda oponerse a Sobre héroes y tumbas porque detesta al escritor triste que ve en Ernesto Sabato”, explica la escritora Matilde Sánchez.

Consciente del impacto de su “antinovela”, Cortázar no oculta su inquietud por el destino del texto en su correspondencia personal, hasta el punto de que duda de que Sudamericana llegue a editarla y baraja enviarla a México.

Su publicación se convierte en un acontecimiento para la elite cultural argentina y, pese unas primeras críticas decepcionantes, pronto alcanza un éxito de ventas hasta lograr 14 ediciones en 10 años en Buenos Aires.

“Las chicas se vestían todas con poleras negras como la Maga. Todo el mundo leía Rayuela, todos iban con Rayuela bajo el brazo”, recuerda Matilde Sánchez. “Jóvenes y no tanto de diferentes generaciones quisieron, quieren y querrán ser la Maga, Oliveira...”, apunta Delgado, para quien el escritor “nos ayudó a pensar, a entendernos un poquito más, a querernos un poquito más”. “Su gran triunfo fue revolucionar la literatura” con una “dimensión casi mágica”, agrega.

En 1970, Cortázar escribía en la revista Nuevos Aires: “Estamos necesitando más que nunca los Che Guevara del lenguaje, los revolucionarios de la literatura más que los literatos de la revolución”.

Quizá entonces ya sabía que el Che había declinado leer el ejemplar de Rayuela que le dejó en uno de sus viajes a Cuba argumentando que “no tenía tiempo para la ficción”, relata Sánchez.

Medio siglo después de la publicación de Rayuela, “el legado de Cortázar se ha desconsagrado injustamente por las decenas de horribles escritores cortazarianos que proliferaron a la sombra del autor de Los premios”, lamenta Matilde Sánchez.

No obstante –reconoce– “Rayuela es hoy lectura obligada en muchas escuelas argentinas, vende unos 30.000 ejemplares al año en América Latina y Oliveira y la Maga conservan su carácter iniciático para los jóvenes que quieren seguir siendo escritores”.

Julio Cortázar “está presente. No importa el género ni la edad. En cualquier bandera contra el prejuicio que hoy queramos levantar. Está con nosotros”, concluye Josefina Delgado.

El homenaje en Mendoza

En el marco del 50º aniversario de Rayuela, obra literaria del escritor argentino Julio Cortazár, “lectores cómplices” –como solía llamar Julio a quienes leían su libro– se reunieron, a las 13, en la puerta de

la biblioteca General San Martín (paseo Alameda 1843, Ciudad). Fue con motivo de celebrar el aniversario y homenajear al escritor.

Este reconocimiento se debe, según los organizadores, a que “Cortázar es parte de la historia académica mendocina, siendo profesor de la Facultad de Letras de la Universidad Nacional de Cuyo entre

1944 y 1945”.

“Nos parece importante este pequeño reconocimiento de los amantes de su obra literaria que se están convocando a través de las redes sociales”, informaron en un comunicado.

“El espíritu de esta reunión es, como el de su obra, inesperable. Surgieron varias ideas, entre ellas dibujar una rayuela gigante, leer fragmentos de la obra o llenar la Alameda con 50 rayuelas. Buscamos

la participación activa de los concurrentes”, se entusiasmaron.

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Autor. Julio Cortázar comenzó a gestar su “antinovela” en 1949, 13 años antes de su publicación.
Autor. Julio Cortázar comenzó a gestar su “antinovela” en 1949, 13 años antes de su publicación.